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¡A la hora que despierta Barrichello!

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Hace unos días leí unas declaraciones de Rubens Barrichello acerca de su paso por Ferrari. Denuncia el brasileño las "advertencias" que recibió desde la scuderia para que dejara pasar a Michael Schumacher en aquel lamentable GP de Austria de 2002. Parece mentira que tres años después de dejar el equipo sólo ahora se le ocurra. Pero claro, resulta que está a punto de presentar su libro. Alguna razón tenía que tener.
 
El brasileño, que cuando apareció en la F1 se le veía como el auténtico sucesor de Senna (salvando las grandes distancias), relata que por la radio se le advirtió de que debía dejar pasar a su jefe de filas, amenazándole de "revisar" su contrato. No quiero defender a nadie y mucho menos a Ferrari –que demostró muy poco aquel triste día– pero ¿de verdad una charla tan larga puede realizarse en plena carrera? ¿Acaso Barrichello no firmó un contrato con Ferrari en el que una cláusula especificaba que debía facilitar las victorias de Schumacher? Por lo menos es lo que se contó en su día.
 
No voy a hablar acerca de las órdenes de equipo, hoy en día supuestamente prohibidas pro la FIA. Digo supuestamente porque a nadie puede entrarle en la cabeza que un piloto no quiera ayudar a su compañero si el mundial está realmente en juego. Lo que sucede es que lo ocurrido en el A1-Ring de aquel año, poco tiene que ver con esto. Era la sexta carrera del año y no tenía razón de ser (vale la pena oír al comentarista de la TV brasileña). Lo que se vivió ahí fue de una auténtica vergüenza para del deporte y fue la primera vez que oí abucheos y pitadas en plena premiación de un GP de F1.
 
Barrichello lo había hecho todo bien aquel fin de semana. Logró la pole por delante de Ralf Schumacher y su compañero de equipo y tuvo un gran premio muy tranquilo. Cuando quedaban tres vueltas, las diferencias con Michael era bastante grande. La victoria no podía escapársele. O al menos es lo que creíamos. Recuerdo perfectamente mi enorme sorpresa al ver que el brasileño literalmente levantaba el pie del acelerador para regalar el triunfo. Lo del podio fue patético. Schumacher, con una cara que lo decía todo, subiendo al primer lugar a su compañero. Montoya casi riendo. Y si mal no lo recuerdo, pitadas incluso en la rueda de prensa por parte de los periodista. Uno de los días más vergonzosos en la historia de la Fórmula Uno.
 
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