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A 15 años del nacimiento del mito Senna

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Parece que ha pasado mucho más tiempo pero este 1 de mayo se cumple 15 años de la muerte de Ayrton Senna. Hablar sobre este episodio, sobre todo para los que hemos disfrutado domingo a domingo del espectáculo que siempre nos daba, resulta complicado y a la vez apasionante. No quiero que este post se transforme en algo demasiado personal pero me temo que al final va a ser inevitable.

El paso de Senna a Williams era toda una esperanza para los que queríamos verle campeón del mundo otra vez sobre todo después de unos años en que la escudería había sido la mejor de la parrilla (sobre todo por la suspensión activa que en 1994 se eliminó) y tras las diferencias que había tenido con Ron Dennis en McLaren, el equipo que le dio sus tres campeonatos mundiales. Sin embargo, las dos primeras carreras de aquel año fueron un fracaso para el brasileño e Imola representaba la oportunidad para volver a engancharse al Mundial.

Pero ese fin de semana terminaría por estar maldito. Durante los entrenamientos libres del viernes, Rubens Barrichello, entonces una promesa de la F1 y protegido de Senna, sufrió una violenta salida de pista en la variante Bassa que le catapultó contra las barreras protectoras. El tricampeón se vio muy afectado por eso y estuvo mucho tiempo en el hospital al lado de su amigo. Al día siguiente, Roland Ratzenberger no tuvo tanta suerte y murió tras un brutal choque en la peligrosa curva Villeneuve, la misma donde el piloto canadiense también sufrió una de sus salidas de pista más graves. Senna insistió en acercarse al lugar del accidente pese la prohibición de la FIA y a la amenaza de sanción. Estuvo varios minutos en la curva, mirando, charlando con los comisarios y con el doctor Sid Watkins. Su obsesión en esa época era la seguridad de los pilotos. El propio Prost (¡vaya duelos nos regalaron los dos!) confesó meses después que su entonces rival y ahora amigo Ayrton le llamaba insistentemente para que integrara una comisión para mejorar la seguridad de los circuitos y coches, pero finalmente no se pudo concretar nada. Su accidente mortal del domingo pareció ser un mensaje de Senna hacia todo el mundo. Y esa vez, tuvo muchos resultados: mayor seguridad de los monoplazas, en los circuitos –con algunos cambios de trazados– y el convencimiento de todos de que había que realizar muchas mejoras.

Aquel 1 de mayo de 1994 no estaba en España. Vi la carrera a las 7 de la mañana junto a otro familiar apasionado de la F1. Todo fue muy extraño porque en la víspera recuerdo aún haber hecho para un canal de televisión un informe acerca de los dos accidentes previos del fin de semana. El domingo lo único que se esperaba era una victoria de Senna después de una nueva pole. Para agravar todo un poco, en la primera partida del gran premio Pedro Lamy embistió su Lotus contra el Benetton de J.J. Letho que se había quedado parado en la formación de salida. Algunos pedazos de los coches pasaron por encima de las vallas, lo que ocasionó heridas leves en nueve espectadores. Era obvio que no era un fin de semana normal. La partida se lanzó después de algunas vueltas detrás del safety-car... dos pasadas después por la maldita curva Tamburello –la misma donde Berger casi muere y Piquet sufrió una salida violenta–, falleció el gran campeón y nació el inigualable mito.

Ahora, tras conocer el desenlace de dicho fin de semana, muchos de los que rodeaban a Senna en los minutos previos a las carreras manifestaron que algo andaba mal con el piloto. Su usual meditación de dos minutos que realizaba antes de subirse al cockpit, posando sus manos sobre el alerón trasero y manteniendo los ojos cerrados, se prolongó extrañamente por más de cinco minutos. Permaneció dentro del coche antes de la partida con mirada perdida. Prost reveló que antes de la salida recibió un mensaje de Senna en el que le decía que "esto" ya no era lo mismo sin él. El brasileño se lo dijo por la radio minutos antes de morir.

Al recordar la Fórmula Uno de hace 15-20 años me da la impresión de haber presenciado un deporte casi diferente. Pero en realidad tampoco es que fuera tan diferente. Es verdad que los duelos en pista eran más frecuentes, pero los problemas con la FIA también era recurrentes (el mismo Senna tuvo grandes peleas con el entonces presidente Jean Marie Balestre) y los duelos internos también existían incluso con mayor fuerza (Senna-Prost, Lauda-Prost, Jones-Reutemann, entre otros). Pero de alguna manera, era una Fórmula Uno más real, menos artificial, con las manos en el cambio de marchas. Ojo, eso sin quitar el gran mérito de grandes pilotos de la última década.

Lo que sin duda es cierto es que Senna regaló a la Fórmula Uno una dimensión diferente. En Brasil, pese a los grandes campeones que ahí nacieron como Fittipaldi o Piquet, la aparición de Senna representó el nacimiento de un héroe que sus predecesores no habían logrado implantar. Ayrton tenía un carisma inigualable y conectaba increíblemente con el público. Como ejemplo, es inolvidable la reacción del público cuando ganó el GP de Brasil en 1993 (Aún me emociona la narración de Galvão Bueno en el canal brasileño O'Globo). Senna no sólo superó a los increíbles Williams de Prost y Hill –¡vaya adelantamiento!–, sino también a la lluvia que cayó aquella tarde sobre Interlagos. No por nada ha sido el más grande piloto sobre mojado (¿o acaso no recuerdan aquella primera vuelta en Donington 93?). Sus aficionados se entregaron completamente a él aquel día, y él también lo hizo. La conexión era completa. Tras su muerte, en los estadios los aficionados se unieron para honrar su nombre. El día de su funeral, cientos de miles de brasileños salieron a las calles para darle un último homenaje. Los pilotos le respetaban, Senna imponía respeto y superar sus récords era algo que provocaba reacciones inimaginables. Y claro, hablar de Ayrton, era hablar de Mónaco, donde era el verdadero rey. Ganó seis veces en el principado y se conocía el trazado de memoria.

Creo que no me equivoco si digo que Senna ha sido la encarnación perfecta de lo que es el prototipo de un piloto de Fórmula Uno. Vivía por su deporte y como dijo varias veces tenía las carreras "en su sangre". Se preocupaba por los demás, por los otros pilotos, amó su deporte, vivió por él y murió por él. Magic Senna era de verdad mágico y era capaz de emocionar a los que no eran grandes aficionados a la F1. No creo que me equivoque, Senna era diferente, era de otra dimensión. Han pasado 15 años de su muerte y aún nadie ha logrado cubrir el espacio que ha dejado. Finalmente, Senna murió después de lograr una pole y siendo líder de una carrera. Eso, al menos, se lo merecía. Y como diría un brasileño: "Valeu Senna".

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