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Pintura de corte

Alaska
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¡¡¡Sí, sí, sí!!! Me vuelve loca ese retrato de Paquirri. Ya te imaginarás que el tema taurino me revuelve, pero reconozco que no me importaría poseer ese cuadro. También aprovecho para hacer un llamamiento a Sara Montiel, Thais y Zeus : si alguna vez queréis desprenderos del retrato que Leonora Carrington pintó a Sara, aquí estoy. Puestos a pedir, el retrato con el que inmortalizó Macarrón a Carmen Cervera sería muy bien recibido, aunque sé que es imposible y me conformo con disfrutarlo en el hall del Museo Thyssen cada vez que lo visito. Y lanzo otro llamamiento, que ya hice en su momento : corroboro nuestra pasión por los cuadros de tema floral y colores casi fluorescentes que pinta la baronesa. Me atreví a pedirle uno en la fiesta de Vogue, y ya sabes que estoy haciendo seguimiento del asunto.

Me fascina que haya personas a las que no les importa colgarse a sí mismas en las paredes y en los portarretratos de su casa. Ya sé que es lo más normal del mundo, pero a mí me resulta bizarro. Sólo me interesan los retratos y fotos de los demás. Pero si no fuera por ese afán egocéntrico de verse inmortalizado nunca hubiera existido el retrato de corte. Estoy de acuerdo contigo en alargar la sombra del término y llevarlo hasta el Siglo XXI. Y también hay que extender el significado del concepto que se refiere a corte, tan alejado ya del ambiente de intrigas palaciegas con el que se identifica. Retrato de corte hubo en la España de Felipe II (¡¡ese Sánchez Coello que recoge a la tuerta Éboli sería tan bien recibido en esta casa!!), pero también en Nueva York, con un Warhol que captó la esencia de unos cortesanos sin corte en un país sin monarquía en el que él se convirtió en rey. ¿Y qué te puedo decir de Costus en Madrid, que con premeditación y alevosía recrearon cada imagen, estatua y rincón del Valle de los Caídos incorporando a personajes de una corte heterodoxa e inclasificable?

Una de nuestras últimas obsesiones es el pintor Ralph Wolfe Cowan. Lo descubrimos hojeando un libro sobre Elvis y esa oda al buen gusto que es su mansión de Graceland. Allí cuelga a pie de escalera el retrato más ansiado por nosotros (te recuerdo que, a falta del original, tenemos guardada una edición en papel firmada por el autor, que habría que colgar ya en alguna pared, pero en esta casa anti-minimalista ya no hay espacio). Tenemos buen ojo, porque enseguida nos dimos cuenta que el retrato oficial de Grace Kelly salió del pincel de este artista. En Mónaco aprovechamos nuestra visita al Baile de la Rosa para comprar un tarjetón con la reproducción. Y ahora te comunico que he encontrado su página web, ralphcowan.com . Te vas a volver loco, fíjate en el cielo del retrato de Julio Iglesias (¡¡lo quiero!!), el la armadura medieval que le puso a Michael Jackson, en ese momento balaustrada con la familia Grimaldi al completo...por no hablar de los últimos trabajos como retratista de Estado para el sultán de Brunei. La página indica los pasos a seguir para encargarle un cuadro. ¿Nos animamos? Pero, si no nos gusta tenernos a nosotros mismos, ¿de quién encargamos el retrato? ¿De Pitita Ridruejo? Decididamente, en esta casa hecho en falta la presencia de una Pitita a tamaño natural. Aunque la realidad siempre supera a la ficción, y lo que tenemos que hacer es invitar a la Pitita de carne y hueso a merendar, que lo tenemos pendiente. Disfrutar de su sentido del humor y de sus emocionantes experiencias espirituales es mucho más enriquecedor que la contemplación de cualquier obra de arte. Warhol la adoró y dejó que lo entrevistara cuando visitó Madrid. Fue la única persona que consiguió sentar al artista para contestar unas preguntas. Warhol tenía buen gusto.

 

Vamos a usar este espacio para comunicarnos, dejarnos recados, enseñarnos las fotos y noticias que descubrimos... para contarnos todas esas cosas que no nos da tiempo a comentar en el día a día. Esto es, en definitiva, un blog cerrado al que sólo tenemos acceso nosotros dos, una extensión de nuestra vida

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