EMPATIA

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Enviado a las 29/09/2009 15:00:12
Para mi gran amigo Cami....
Querido Cami, Me has empujado a escribir, de nuevo, en LD. Y lo hago solo por ti,  (se que a ti no te molesta que lo haga) porque quiero decirte que entiendo lo mal que lo estas pasando en estos últimos meses. Se bien lo mala que es la ansiedad y como nos quita, sin nosotros buscarlo, las ganas de seguir adelante. Nos acogota y duele tanto, que se nos pasan por la cabeza cosas inconcebibles para los demás. No te voy a decir que “queriendo se puede todo” porque tu y yo sabemos que no siempre es así, pero también sabemos que cuando alguien nos da una mano, y nos comprende, la vida va cambiando de color y hacemos ese esfuerzo, grande o pequeño, para intentar salir adelante. Tú has sido esa mano, para mí, en muchos momentos. Siempre he recibido esa palabra de comprensión y cariño que he sentido muy cercana.. ¡Que Dios te lo pague, siempre! Y que en estos momentos duros para ti, no se olvide de consolarte como solo Él, sabe hacerlo: Con la dulzura de su amor. Un abrazo muy fuerte Ahinoa  

 

 

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Enviado a las 18/05/2009 13:11:43
Cuento- TRISTEZA-

 

Tristeza

  Cuando niño escuché a mi abuela comentar a mi madre que María, la vecina, había muerto de tristeza. La frase hizo nido en mi mente. No podía entender que alguien dejase este mundo por estar triste, por una pena.   A pesar de mi corta edad, mi curiosidad era enorme y así me enteré que María no había soportado la muerte repentina de su esposo Juan. Reconozco que la muerte de Juan también me había conmovido. Un tipo simpático, joven, lleno de vida, siempre en su bicicleta, de saludo fácil y mano generosa. Un día llegó en su bici sudando, mucha fiebre, el médico dijo neumonía. En poco tiempo, Juan murió.   El alma de María se fue con él. No salió de la casa, se negó a comer, no se levantó más de la cama y a los veinte días falleció de tristeza según el médico, la chusma del barrio y el contundente diagnóstico de mi abuela.   Transcurrido el tiempo aprendí que la tristeza es la causa de la depresión y que la depresión algunas veces te mata cuando es intensa, cuando el asunto es irremediable y no se puede reparar ni suplir, cuando te encuentra vulnerable, cuando se hace trizas el corazón, cuando la injusticia, cuando la opresión, cuando el desinterés, cuando nadie te piensa. Empieza silenciosamente, casi no te das cuenta.   Un día decides no hacer la caminata diaria, al otro faltas con cualquier excusa al trabajo, el día siguiente postergas ese escrito impostergable, decides no cenar, te vas a dormir apenas llegas del trabajo, no te reúnes con los amigos, no llamas, te dejan de llamar, un par de zumos son suficiente, te encierras, no miras la televisión, el sol deja de brillar, el cielo siempre gris, las nubes, nada tiene sentido, no encuentras ni un por qué ni un para qué. Así, lenta pero inexorablemente, te vas dejando, abandonas cosas y personas y un día sin más te pierdes. La vida no es fácil sin duda, pero para algunos se torna terrible, insoportable, intolerable, un tormento. El vacío invade todas las cosas, la soledad, el silencio. Así me sucedió a mí, Oscar. No te lo puedo contar porque ya no hablo. Lo pienso mientras mis ojos seguramente tristes te miran y mis oídos escuchan tu voz que pregunta, las palabras de aliento que agradezco profundamente pero que ya no sirven; llegaron demasiado tarde, son como decimos los abogados extemporáneas.   Te llama la atención mi extrema delgadez, Oscar. Nada del otro mundo. No puedo comer. Al principio me llenaba enseguida y dejaba la mitad de lo que me habían servido. La omisión fue en aumento hasta que rechacé el más pequeño bocado. Ahí comenzaron con el suero, vitaminas inyectables, etc.   Ya no me levanté de la cama. ¿Que me pasó?, preguntas. Perdí interés, se fue la voluntad, no encontré motivos, se extraviaron los incentivos, pensé que ya había hecho todo, para qué seguir con la rutina, con el esfuerzo, si ya lo hecho era más que suficiente.¿Si sufro? No, Oscar, para nada. Estoy bien. Quizás este asunto de vivir nunca fue para mi. ¿Te acuerdas de lo que dijo Woody Allen, que vivir no es para cualquiera? Bueno, tiene razón, vivir no es para mí.   ¿Si duermo bien? Espectacularmente, Oscar. Mis sueños son fantásticos, maravillosos, ellos sí valen la pena. ¿Qué es lo que deseo? Morirme, Oscar. Quiero morirme con la esperanza que esos formidables sueños vayan conmigo.          

 

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Enviado a las 14/05/2009 17:59:42
Déjame dormir, mamá

Hijo mío, por favor,

de tu blando lecho, salta.

Déjame dormir, mamá

que no hace ninguna falta

 

Hijo mío, por favor,

levántate y desayuna.

Déjame dormir, mamá

que no hace falta ninguna

 

Hijo mío, por favor,

que traigo el café con leche,

Mamá, deja que en las sábanas

un rato mas, aproveche.

 

Hijo mío, por favor,

Que España entera se afana.

¡Que no! ¡Que no me levanto

porque no me da la gana!

 

Hijo mío, por favor,

que el sol esta ya en lo alto.

Déjame dormir, mamá

no pasa nada si falto.

 

Hijo mío, por favor,

que es la hora del almuerzo.

Déjame que levantarme,

me supone mucho esfuerzo.

 

Hijo mío, por favor,

van a llamarte haragán.

Déjame, mamá, que nunca

me ha importado el que dirán.

 

Hijo mío, por favor,

¿y si tu jefe se enfada?.

Que no, mamá, déjame

que no va a pasar nada.

 

Hijo mío, por favor,

que ya has dormido en exceso.

Déjame, mama, que soy

diputado del Congreso

Y si falto a las sesiones

ni se advierte ni se nota.

Solamente necesito

acudir cuando se vota

que los diputados somos

ovejitas de un rebaño

para votar lo que digan

y dormir en el escaño.

En serio, mamita mía

Yo no se por qué te inquietas

si por ser culiparlante

cobro mi sueldo y mis dietas.

Lo único que preciso,

de verdad, mamá, no insistas,

es conseguir, otra vez,

que me pongan en las listas.

Hacer la pelota al líder,

ser sumiso, ser amable

Y aplaudirle, por supuesto

cuando en la tribuna hable.

Y es que ser parlamentario

fatiga mucho y amuerma.

Por eso estoy tan molido

¡Déjame, mamá, que duerma!

 

Bueno, te dejo, hijo mío.

Perdóname, lo lamento.

¡Yo no sabía el estrés

que produce el Parlamento!

 

Fray Junípero (1713-1784) Religioso Franciscano, español.

 

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Enviado a las 24/04/2009 14:27:40
No se lo digas a mama

DIARIO DE SEVILLA, 21/03/09 

Por: Mariló Montero     

-Me gustaría saber la identidad de los nueve expertos en los que la ministra, Bibiana Aído, se escuda para defender que una niña de dieciséis años puede abortar sin consultar con sus padres.

-Me gustaría saber de que son expertos, y si son padres y madres.

  -Me gustaría saber en qué se fundamentan para decir, que dejar tan dramática decisión en manos de una adolescente aterrada, es lo mejor para ella.   -Me gustaría saber si se han parado a pensar que esa criatura, tras mantener una relación sexual precipitada, va a empezar a sufrir lo que la literatura científica ya ha diagnosticado ante un aborto.   -El síndrome de aborto reúne quince síntomas psicológicos que van desde la angustia, al sentimiento de culpabilidad, la ansiedad, los terrores nocturnos, la depresión, los trastornos de alimentación o de la vida sexual. Síntomas que pueden llegar a aparecer, dicen los psicólogos de la Asociación de Víctimas del Aborto, incluso años después de haber abortado.   -Me gustaría saber con qué valor lanza la joven ministra Aído, con una sonrisa, como quien anuncia un anticonceptivo novedoso, que una niña de dieciséis años está tan capacitada para abortar, como para casarse. Una niña de dieciséis años no está capacitada para abortar ni para casarse, por mucho que se esté normalizando lo que son parches en la vida. Una cosa es que lo haga y otra bien distinta la sacudida que la vida le da a una adolescente casada, quien sale adelante gracias a los apoyos de la familia.   -Me gustaría saber quién le va a informar a una adolescente de dieciséis años, que si se queda preñada puede abortar sin decírselo a los padres y también en quién se va a apoyar ante semejante circunstancia.   -¿En la mamá-administración, o en su mejor amiga, con la que intercambia los vaqueros e inventa en su habitación coreografías de Beyoncé?   -Me gustaría saber si esos expertos conocen lo que es ser padres y las complicaciones a las que nos enfrentamos para conquistar la confianza de nuestros hijos en la difícil adolescencia.   -Me gustaría saber el protocolo de actuación que se llevará a cabo, cuando una niña de dieciséis años acuda al centro, para abortar y cómo será tratada. Me gustaría saber qué pretenden con esta propuesta de ley, que autoriza a que se rompa la confianza, entre hijos y padres.   -Y me gustaría saber qué se pretende de los padres el día que nuestra hija decidiera abortar en soledad.   -¿La recibimos con un aplauso?   -¿Le damos sopa caliente?    -¿Le preguntamos si llegó a ponerle nombre? ¿O quién habría sido el padre?   -¿Debemos obviar el tema, o celebrarlo con una barbacoa?   ,¿Trae esas instrucciones la nueva reforma de la ley del aborto?     -Una cuestión más: ¿Meterán en la cárcel a una madre que le discuta esa decisión, a su hija adolescente?   -O es la ley del "no se lo digas a mamá porque no la necesitas". Señorita Aído, me gustaría saber si mi hija ha abortado sola.   Porque soy su madre.   Mariló Montero es periodista, esposa de Carlos Herrera, también periodista y madre de una adolescente.
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Enviado a las 19/04/2009 11:32:44
Pensamientos
 

Si consigo evitar que un corazón se rompa, no habré vivido en vano.

Si consigo aliviar el dolor de una vida, calmar una pena, o tan solo que vuelva el zorzal desvalido a su nido, no habré vivido en vano.

Quien hace algo para ayudar sincera y gratuitamente a los demás, no habrá vivido en vano.

Vive en vano solamente aquel que se cierra, estéril, en su egoísmo.

Aquel que pasa distraído a la vera de quien sufre.

Vive en vano el que solo piensa en acaparar y nunca en compartir.

Nada de lo que hayas hecho en favor de los demás será inútil.

Al final de tu vida lo que de verdad tendrá importancia, será la ayuda que habrás prestado a los otros.

En el momento de la verdad, solamente los otros constituirán tu recompensa
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Enviado a las 12/04/2009 16:01:45
Secuencia del Domingo de Gloria

Ofrezcan los cristianos, ofrendas de alabanza a gloria de la Victima, propicia de la Pascua.

    Cordero sin pecado, que a las ovejas salva, Dios y a los culpables, unió con nueva alianza.     Lucharon vida y muerte, en singular batalla, y, muerto el que es la Vida, triunfante se levanta.     «¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?» «A mi Señor glorioso, la tumba abandonada, los ángeles testigos, sudarios y mortaja. ¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza! Venid a Galilea, allí el Señor aguarda; allí veréis los suyos la gloria de la Pascua. »     Primicia de los muertos, Sabemos por tu gracia que estás resucitado; la muerte en ti no manda Rey vencedor, apiádate de la miseria humana y da a tus fieles parte en tu victoria santa.      

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Enviado a las 11/04/2009 15:46:05
Sabado Santo
Hoy, la Iglesia no se separa del sepulcro del Señor, meditando su Pasión y su Muerte. No se celebra la Eucaristía hasta que haya terminado el día, hasta mañana, que comenzará con la Solemne Vigilia de la resurrección. Hoy es día de silencio, de dolor, de tristeza, de reflexión y de espera. Hoy no encontramos la Reserva Eucarística en el sagrario. Hay sólo el recuerdo y el signo de su “amor hasta el extremo”, la Santa Cruz que adoramos devotamente.   Hoy es el día para acompañar a María, la madre. La tenemos que acompañar para poder entender un poco el significado de este sepulcro que velamos. Ella, que con ternura y amor guardaba en su corazón de madre los misterios que no acababa de entender de aquel Hijo que era el Salvador de los hombres, está triste y dolida: «Vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron» (Jn 1,11). Es también la tristeza de la otra madre, la Santa Iglesia, que se duele por el rechazo de tantos hombres y mujeres que no han acogido a Aquel que para ellos era la Luz y la Vida.   Hoy, rezando con estas dos madres, el seguidor de Cristo reflexiona y va repitiendo la antífona de la plegaria de Laudes: «Cristo se hizo por nosotros obediente hasta la muerte y una muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre» (cf. Flp 2,8-9).   Hoy, el fiel cristiano escucha la Homilía Antigua sobre el Sábado Santo que la Iglesia lee en la liturgia del Oficio de Lectura: «Hoy hay un gran silencio en la tierra. Un gran silencio y soledad. Un gran silencio porque el Rey duerme. La tierra se ha estremecido y se ha quedado inmóvil porque Dios se ha dormido en la carne y ha resucitado a los que dormían desde hace siglos. Dios ha muerto en la carne y ha despertado a los del abismo». Preparémonos con María de la Soledad para vivir el estallido de la Resurrección y para celebrar y proclamar —cuando se acabe este día triste— con la otra madre, la Santa Iglesia: ¡Jesús ha resucitado tal como lo había anunciado! (cf. Mt 28,6).
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Enviado a las 07/04/2009 10:15:03
Martes Santo

                                                 «Era de noche»

Hoy, Martes Santo, la liturgia pone el acento sobre el drama que está a punto de desencadenarse y que concluirá con la crucifixión del Viernes Santo. «En cuanto tomó Judas el bocado, salió. Era de noche» (Jn 13,30). Siempre es de noche cuando uno se aleja del que es «Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero» (Símbolo de Nicea-Constantinopla).

 

El pecador es el que vuelve la espalda al Señor para gravitar alrededor de las cosas creadas, sin referirlas a su Creador. San Agustín describe el pecado como «un amor a sí mismo hasta el desprecio de Dios». Una traición, en suma. Una prevaricación fruto de «la arrogancia con la que queremos emanciparnos de Dios y no ser nada más que nosotros mismos; la arrogancia por la que creemos no tener necesidad del amor eterno, sino que deseamos dominar nuestra vida por nosotros mismos» (Benedicto XVI). Se puede entender que Jesús, aquella noche, se haya sentido «turbado en su interior» (Jn 13,21).

 

Afortunadamente, el pecado no es la última palabra. Ésta es la misericordia de Dios. Pero ella supone un “cambio” por nuestra parte. Una inversión de la situación que consiste en despegarse de las criaturas para vincularse a Dios y reencontrar así la auténtica libertad. Sin embargo, no esperemos a estar asqueados de las falsas libertades que hemos tomado, para cambiar a Dios. Según denunció el padre jesuita Bourdaloue, «querríamos convertirnos cuando estuviésemos cansados del mundo o, mejor dicho, cuando el mundo se hubiera cansado de nosotros». Seamos más listos. Decidámonos ahora. La Semana Santa es la ocasión propicia. En la Cruz, Cristo tiende sus brazos a todos. Nadie está excluido. Todo ladrón arrepentido tiene su lugar en el paraíso. Eso sí, a condición de cambiar de vida y de reparar, como el del Evangelio: «Nosotros, en verdad, recibimos lo debido por lo que hemos hecho; pero éste no hizo mal alguno» (Lc 23,41).

 

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Enviado a las 05/04/2009 16:44:14
Domingo de Ramos

                      «Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios»

Hoy, en la Liturgia de la palabra leemos la pasión del Señor según san Marcos y escuchamos un testimonio que nos deja sobrecogidos: «Verdaderamente, este hombre era Hijo de Dios» (Mc 15,39). El evangelista tiene mucho cuidado en poner estas palabras en labios de un centurión romano, que atónito, había asistido a una más de entre tantas ejecuciones que le debería tocar presenciar en función de su estancia en un país extranjero y sometido.

 

No debe ser fácil preguntarse qué debió ver en Aquel rostro -a duras penas humano- como para emitir semejante expresión. De una manera u otra debió descubrir un rostro inocente, alguien abandonado y quizá traicionado, a merced de intereses particulares; o quizá alguien que era objeto de una injusticia en medio de una sociedad no muy justa; alguien que calla, soporta e, incluso, misteriosamente acepta todo lo que se le está viniendo encima. Quizá, incluso, podría llegar a sentirse colaborando en una injusticia ante la cual él no mueve ni un dedo por impedirla, como tantos otros se lavan las manos ante los problemas de los demás.

 

La imagen de aquel centurión romano es la imagen de la Humanidad que contempla. Es, al mismo tiempo, la profesión de fe de un pagano. Jesús muere solo, inocente, golpeado, abandonado y confiado a la vez, con un sentido profundo de su misión, con los "restos de amor" que los golpes le han dejado en su cuerpo.

 

Pero antes -en su entrada en Jerusalén- le han aclamado como Aquel que viene en nombre del Señor (cf. Mc 11,9). Nuestra aclamación este año no es de expectación, ilusionada y sin conocimiento, como la de aquellos habitantes de Jerusalén. Nuestra aclamación se dirige a Aquel que ya ha pasado por el trago de la donación total y del que ha salido victorioso. En fin, «nosotros deberíamos prosternarnos a los pies de Cristo, no poniendo bajo sus pies nuestras túnicas o unas ramas inertes, que muy pronto perderían su verdor, su fruto y su aspecto agradable, sino revistiéndonos de su gracia» (San Andrés de Creta).

D.Fidel Catalan

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Enviado a las 28/03/2009 11:27:05
La Mejor Parte (J.L.M. Descalzo)

Si yo empezara estas notas citando ese proverbio ruso que dice que "el dolor embellece al cangrejo", seguro que faltaría algún lector que me escribiera asegurándome que él se siente muy a gusto de no ser cangrejo. Y tendría toda la razón. Porque se ha hecho demasiada retórica sobre la bondad del dolor. ¿Quién no ha oído descender de algunos púlpitos melifluas melopeas explicando que Dios envía el dolor a sus preferidos o cantando la dulzura de la enfermedad? Mira por dónde, la mayoría de los que hablan así están muy sanos y hablarían con tonos muy distintos bajo el latigazo del llanto. Resulta que todos sabemos muy bien cómo deben llevarse los dolores del prójimo y que luego nos encontramos desarmados cuando nos sangra el dedo meñique.

A mí me parece que en este tema se suelen confundir tres cosas: lo que es el dolor, aquello en lo que el dolor puede convertirse y aquello que se puede sacar del dolor. Lo primero es horrible. Lo segundo y tercero pueden ser maravillosos.

Me gusta por eso ver que un Teilhard llama abiertamente "oscuro y repugnante" al sufrimiento pero que inmediatamente habla de un "dolor transformable" que puede convertirse en una palanca para levantar al hombre y al mundo.

Cristo mismo nunca cantó al dolor, nunca entonó florilegios gloriosos sobre la angustia. Los asumió con miedo, entró en ellos temblando. Y los convirtió en redención.

Mejor es, por todo ello, no echarle almíbar al dolor. Pero decir sin ningún rodeo que en la mano del hombre está el conseguir que su dolor sea de agonía o de parto. El hombre no puede impedir el dolor. Pero sí puede lograr que no le aniquile. E incluso que le levante en vilo.

En este sentido sí estoy yo de acuerdo con cuantos presentan al dolor como uno de los grandes motores del hombre. Con Alfredo de Musset, que asegura que "nada nos hace tan grandes como un gran dolor". Con Fenelón, que escribe que "el que no ha sufrido no sabe nada". Con Schubert, que piensa que "el dolor aguza la inteligencia y fortifica el alma". O con Rivadeneira, para quien "el dolor es la trilla que aparta la paja del grano; la lima que quita el orín y limpia el hierro; el crisol que afina y purifica el oro; la librea de los hijos de Dios". O con el bellísimo verso de Rosales: "Las almas que no conocen el dolor son como iglesias sin bendecir".

Yo nunca imaginaré a Dios "mandando" dolores a sus hijos por el gusto de chincharles, ni incluso por el de probarles. El dolor es parte de nuestra condición de creaturas; deuda de nuestra raza de seres atados al tiempo y a la fugacidad; fruto de nuestra naturaleza. Por eso no hay hombre sin dolor. Y no es que Dios tolere los dolores del hombre. Es que respeta esa condición temporal del hombre, lo mismo que respeta el que un círculo no pueda ser cuadrado.

Lo que sí nos da Dios es la posibilidad de que ese dolor sea fructífero. Empezó haciéndolo él personalmente en la cruz, creando esa misteriosa fraternidad que sostiene el universo.

Por eso es más importante conocer el "para qué" del dolor que su "por qué". Es duro, desde luego, no saber por qué se sufre. Pero lo verdaderamente doloroso es temer que el sufrimiento sea inútil.

Por fortuna no lo es. Pero el hombre tiene en sus manos ese don terrible de conseguir que su dolor (y el de sus prójimos) se convierta en vinagre o en vino generoso. Y hay que reconocer con tristeza que son muchos más los seres destruidos pulverizados por la amargura, que aquellos otros que han sabido convertirlo en fuerza y alegría.

El verdadero problema del dolor es, pues, el del "sentido" del dolor y, más en concreto, el de la "manera" de sufrir. Ahí es donde realmente se retrata un ser humano. Amiel decía que "la manera de sufrir es el testimonio que un alma da de sí misma". Es muy cierto: hay "grandes" de este mundo que se hunden ante las tormentas. Y hay pequeñas gentes que son maravillosas cuando llega la angustia. Un hospital es a veces una especie de juicio final anticipado.

Recuerdo ahora aquella hermosa carta que el padre Teilhard escribió a su hermana Margarita. El jesuita de los grandes descubrimientos científicos sentía casi envidia de su hermana, siempre encadenada a una silla de ruedas. Y le decía:

"Margarita, hermana mía: Mientras que yo, entregado a las fuerzas positivas del universo, recorría los continentes y los mares, tú, inmóvil, yacente, transformabas silenciosamente la luz, en lo más hondo de ti misma, las peores sombras del mundo. A los ojos del Creador, dime: ¿cuál de los dos habrá obtenido la mejor parte?

 

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