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A las 8.51 hora local, en la estacin de Moorgate,
se hizo anunciar con toda solemnidad. Moorgate, puerta de la muerte, qu cosas.
Los vagones que se dirigan desde all hacia Liverpool Street se astillaron en
mil esquirlas como una nuez bajo el mortero. Con la pirotecnia acostumbrada, por
all se present Nuestra Seora la Muerte con sus aires de emperatriz, empolvada
de blanco y en toda su negrura: labios negros, negras sienes, aliento negro.
Impvida y muerta de sed.
El viejo y abnegado Caronte no ha dado abasto en
toda la jornada con tantas idas y venidas por la laguna Estigia. Ha sido sin
duda un gran banquete, un convite fastuoso. La vieja dama parece que ha cogido
aficin al tren. Eso s, siempre viaja en billete de gran clase y a hora
temprana. Al alba, de nuevo, se present esta vez. Tampoco nadie la haba
invitado para la ocasin. pero brutales fueron tus dentelladas, tu tarjeta de
visita mortal. Est Su Excelencia en racha y otra vez te has empleado a fondo,
Seora. Contigo y en tu cintura llevas a un ejrcito de muertos. Un ejrcito,
como en tus mejores tiempos. Algunos, con el alma acuchillada, se te han
escapado por poco. Malheridos van. Pero la cosecha, Excelencia, hay que darla
como esplndida: sesenta de una rebanada y la talega llena. Has trabajado de
buena gana, se ve. Qu faena tan aseada.
Y sin embargo -y permtame que se lo diga, Seora-
ha olvidado Vd. algo importante, algo que, a estas alturas, debera haber
comprendido ya. Y es que ocurre que, mal que le pese, no puede Vuestra
Excelencia robarnos nada -pero absolutamente nada- de lo que nuestra alma ha
ganado porque tus ganancias forman parte de ti misma. S, princesa, tu gozo en
un pozo. Apunta: tu trabajo est muy mal, pero que muy mal remunerado y,
como de costumbre, llegaste tarde.Eh, t, muerte!,dnde tu
victoria?
Pues fue el Inocente, colgado como un guiapo o
como una res mismamente, entre dos maderos en cruz, quien di testimonio de que
poda escribirse la historia de otro modo, una historia que no estuviera
desposada definitivamente con la violencia y el crimen sino con la Esperanza de
la vida despus de la muerte. Y fue entonces cuando a nuestra seora, la Muerte,
la perdieron el respeto y se le acab el negocio. Mismamente Francisco de Ass
que la despoja de todo su aparato, de sus humos de gran dama, de su seoro y de
sus smbolos -clepsidra y guadaa- y la llama "hermana", convirtindola en algo
as como una portera encargada de dar paso a la vida verdadera: de hada a
criada, imagnense. Y cuando al poverello le llega la hora final, como
si estuviese en una soire o en un after-hours, pide un dulce
de almendra y leche, como los que haba probado en su viaje a Roma, tal como a
Juan de la Cruz se le antojaran unos esprragos llegado el momento, o al Padre
Claret una rebanada de pan caliente. De modo que menos lobos, seora, y pase,
sintese y espere: puede tomarse una tila para abrir boca, si tiene la
bondad.
Y es que ese Juez Implacable del ltimo Da que tan
prodigiosamente narra Carl Dreyer en su pelcula Dies Irae (Vredens
Dag, 1943) ha cedido el asiento, a golpe de misericordias, al Ecce Homo
o varn de dolores que, en su sacrificio como Agnus Dei, confirma que
no todo es farsa en la farsa, que hay algo que es verdad y es eterno y que no
puede acabar cuando la farsa acaba. Porque ese Inocente que fue deshecho y
reventado hizo nuevas todas las cosas y el mundo qued como mudo con lo
que pas despus. Ser que el hombre, entonces, ha sido creado para la vida y
la ms pura alegra? Nadie lo dira por estos pagos, desde luego, y menos
todava tras la razzia de Londres, aunque alguno como Georg Friedrich
Hegel, al escuchar el taido de las campanas de Pascua que llegaban de una
iglesia vecina una maana de primavera, ya considerase que se trataba del Hecho
ms importante de la historia del Espritu, despus de la muerte del Viernes
santo, porque es la afirmacin de que la historia tiene un sentido, y puede
esperarse en ella.
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