Antes de hablar sobre el Derecho al Aborto debemos delimitar con precisión qué es el Aborto.
Hay quien al acto del aborto lo llama "Interrupción Voluntaria del Embarazo", pero no puede llamarse Interrupción, pues dicha palabra designa un proceso que se detiene pero más tarde puede ser reanudado, lo que no es el caso, por lo que el nombre preciso es Destrucción. Tampoco es Voluntaria, porque la mujer que aborta no lo hace por gusto, sino que se siente forzada a ello por una serie de circunstancias adversas. Item más, tampoco el feto da su aprobación a ser destruido, por consiguiente llamar voluntario a un aborto es una doble mentira.
El Aborto es la Destrucción de un Embrión o Feto que se encuentra en el útero de una mujer.
Si un acto de Destrucción se ejecutara sobre un objeto propiedad de la persona que realiza esa destrucción, cualquier persona tiene libertad para destruir su propiedad. Puede que sea una estupidez, o una insensatez, pero tiene esa libertad.
Si se ejecutara sobre la propiedad de OTRA persona, la cosa cambia. La libertad es lo que nos permite hacer cualquier cosa, pero el ejercicio de la libertad debe limitarse para no perjudicar a otras personas con las que convivimos. Para eso existe el Derecho. La Libertad nos permite hacer cualquier cosa. El Derecho impone los límites de la libertad para que podamos vivir en sociedad. Y la mejor forma, y la más sencilla y efectiva, de defender determinados derechos es prohibiendo determinadas libertades. El Derecho a la Vida se defiende prohibiendo matar. Es decir, aunque seguimos siendo libres de ir por la calle matando gente, al menos hasta que la gente se defienda y acabe con nuestra vida, no tenemos derecho a hacerlo. Hay una regla o mandamiento construido en forma de prohibición ("No Matarás") que intenta evitar que las personas se maten unas a otras. Cuando una persona, extralimitándose en el ejercicio de su libertad, acaba con la vida de otra persona, está atacando su Derecho a la Vida, colocándose así fuera de la ley. En tal caso la sociedad tiene plena legitimidad para defenderse de las personas que violen los derechos de los demás.
En tiempos primitivos eran los mismos individuos los que procedían a ejercer esa defensa acabando con la vida de las personas que se dedican a matar a otros, lo cual creaba una serie de reacciones de venganzas familiares y abusos de los más débiles que en muchas ocasiones provocaban un daño mayor que el que se quería evitar. Cuando se crearon las primeras instituciones sociales como jueces y policías, estas instituciones asumieron la tarea de castigar a aquellos que violaban los derechos de los demás.
Probablemente, el segundo mandamiento que se estableció fue "No Robarás", creándose con él un eficaz instrumento para defender el Derecho a la Propiedad. Una persona que arrebatara o destruyera la propiedad de otra persona sería perseguida y castigada por policías y jueces, o, de no existir estos, por cualquier persona que desee defender sus derechos de los ataques pasados o futuros de un criminal.
Volviendo al tema del aborto, si consideramos que este consiste en la destrucción de un feto, debemos distinguir ahora si un feto es una persona o una propiedad. Si es una propiedad ¿quién es el propietario? ¿Es la madre en cuyo cuerpo está alojado el feto? ¿Lo será también el padre que aportó la mitad de sus cromosomas? En cualquiera de ambos casos, tanto si es propiedad exclusiva de la madre o propiedad compartida por ambos progenitores, se establece que ellos tienen el Derecho de Propiedad sobre el feto y por tanto tienen libertad de disponer del feto como deseen.
Pero si es una persona, como tal, tiene Derecho a la Vida, y por consiguiente los jueces y policías deben defender ese derecho.
La cuestión clave es entonces decidir si un feto es una persona o una propiedad.
Cuando el Presidente del Gobierno, Zapatero, compareció en el programa Tengo una Pregunta para Usted, uno de los presentes le preguntó si consideraba si un feto era un Ser Humano. La pregunta la tuvo que repetir tres veces y se quedó sin responder, ya que Zapatero se puso a hablar de los derechos de la mujer, negándose a expresar su opinión sobre un tema tan simple como se le planteaba.
Un feto es un Ser Humano, y basta para demostrarlo constatar el hecho de que es un Ser Vivo con cromosomas Humanos diferentes a los de la madre y que, si se deja que la Naturaleza siga su curso, muy probablemente acabará convertido en una Persona Nueva, Independiente y Diferente de sus progenitores. Hay quien arguye que un feto es similar a una verruga, pero una verruga tiene los mismos cromosomas que la madre, así que es parte de ella, no es un Ser Vivo. Y por supuesto, una verruga no puede convertirse en un Ser Humano. Por estas dos razones, la comparación de un feto con una verruga es totalmente inconsistente.
Pero el hecho de que un feto sea un Ser Humano no resuelve nuestro dilema.
La Constitución establece que Todas las Personas tienen Derecho a la Vida.
El dilema es, en realidad, en qué momento un Ser Humano adquiere la condición de Persona.
Por seguir siendo precisos en el uso del lenguaje, el concepto de Ser Humano es un concepto natural, un Ser Humano lo es desde el momento que se forma una nueva combinación genética hasta el momento de su muerte.
Pero el concepto de Persona es un concepto jurídico. Las Personas tenemos unos derechos y encargamos a nuestros gobernantes que defiendan esos derechos. No deben ser nuestros gobernantes los que decidan por nosotros, sino nosotros los que les digamos a los gobernantes qué derechos queremos tener y que se defiendan.
Si nosotros, como individuos, tenemos una opinión sobre en qué momento un Ser Humano debe ser considerado Persona, tenemos que tener el derecho de manifestárselo así a nuestros gobernantes, y éstos deben tener la obligación de obedecer a la mayoría de la sociedad.
Evidentemente, no habrá consenso. Muchas personas piensan que se es Persona desde el mismo momento de la Concepción, mientras que otros piensan que sólo se es Persona desde el Nacimiento. También hay mucha gente que piensa que la conversión se realiza en algún momento indeterminado, a los tres, a los cinco meses, o cualquier otra cantidad arbitraria, pero no hay ningún motivo científico, biológico o natural que establezca una diferencia clara entre un Ser Humano un minuto antes o después de convertirse en Persona.
Porque ese momento no existe. No hay un momento, un paso, una transformación ni nada que convierta a un Ser Humano en Persona. Sencillamente es nuestra opinión. Decidimos que un feto es una Persona a partir de (la concepción, los tres, los cinco meses, el nacimiento) y a partir de ese momento el Estado tiene la obligación de defender su Derecho a la Vida.
En tiempos antiguos y en ciertas civilizaciones, cuando la vida era mucho más peligrosa, la condición de Persona no se adquiría hasta pasado el momento del nacimiento, y aún un poco más tarde. Los pueblos esquimales, por ejemplo, y hasta fechas muy recientes, tenían que luchar por la supervivencia con tal intensidad que las reglas de supervivencia eran muy duras. El primer hijo de cualquier matrimonio debía ser varón con el fin de que pudiera contribuir cuanto antes a la supervivencia de la familia. Si el primer hijo de una pareja era niña, el padre la debía matar e intentar tener otro hijo cuanto antes. De igual modo, si un hijo cualquiera nacía con graves taras físicas, corría la misma suerte ya que invertir recursos y energía en intentar mantener la vida de dicha criatura pondría en peligro la supervivencia de la familia. Esta es una práctica que los pueblos esquimales ya han abandonado desde hace décadas, desde el momento en que su lucha por la supervivencia ha dejado de ser tan ardua, pero en ciertos pueblos de África, donde la lucha contra el hambre y la sed es tan terrible, esas prácticas se siguen realizando.
Pero cuando una sociedad progresa lo suficiente y crea las condiciones necesarias para que la lucha por la supervivencia no sea tan cruel, esas prácticas son innecesarias y tienden a ser desechadas. En esas condiciones, cuando la supervivencia familiar no está amenazada, las decisiones sobre la vida de los hijos se hacen más humanas.
Hoy en día, destruir la vida de un feto no es necesario, casi nunca, para la supervivencia de la madre, y nunca de la familia.
Así pues, si la supervivencia ya no es un factor a tener en cuenta ¿qué motivos puede tener una mujer para abortar, o un hombre para desear que su mujer aborte? Si es una cuestión de salud, si la existencia del feto pone en peligro la vida de la madre, es evidente que hay una justificación ética y hasta legal. El feto, aunque de forma inconsciente, está agrediendo y poniendo en peligro la vida de la madre, y por tanto ésta tiene derecho a defender su vida. Si esa defensa implica la destrucción del feto será una tragedia, pero una tragedia menor que la muerte de la madre.
También puede haber casos en los que el feto no suponga un riesgo para la salud de la madre, pero tenga defectos genéticos por los cuales no tenga posibilidades de completar su desarrollo como una persona independiente, capaz de velar por su propia supervivencia. En tal caso entramos en un conflicto ético casi irresoluble. Algunas personas pueden pensar que la vida del feto, aunque defectuosa, es más valiosa que el tiempo, el esfuerzo, el sacrificio y el sufrimiento que los padres deberán realizar el resto de su vida para mantener encendida la llama de su vida. Otras personas piensan que tanto esfuerzo y sacrificio no valdrán la pena y que es mejor destruir esa vida incipiente y dedicar todo ese esfuerzo y amor a los siguientes hijos que la madre pueda traer al mundo y que podrán aprovecharlo mejor.
Problema irresoluble, pero problema real para las personas que deben realizar esa terrible elección y que por consiguiente son las únicas con autoridad moral y ética para tomar esa decisión.
En casi todas las demás circunstancias, las razones que pueda tener una mujer para abortar son de conveniencia.
Una mujer que tiene unos planes de futuro determinados ve cómo tiene que cambiar esos planes por un embarazo inesperado. En tal caso el feto se convierte en un inconveniente, y aunque algunas personas aceptarán ese cambio necesario en sus planes, otras no querrán aceptarlo y desearán eliminar el inconveniente.
Si esa decisión se toma con más o menos responsabilidad o con más o menos frivolidad, es algo imposible de saber. Nadie conoce plenamente las circunstancias en las que se puede encontrar otra persona, y aunque a nosotros pueda parecernos que un aborto está injustificado, las razones que pueda tener una mujer y su cónyuge para destruir un feto sólo ellos son capaces de juzgarlo.
Lo único que podemos hacer todas las personas es pedir, exigir al gobierno, que imponga límites y reglas para garantizar que las decisiones sobre la vida de un ser humano no se realicen de forma frívola e irresponsable, pero esas reglas tienen que tener en cuenta otro hecho fundamental.
El aborto es una tragedia, es un fracaso, pero también es un hecho.
El aborto es una práctica que se ha realizado por unos u otros medios desde la prehistoria hasta la actualidad. Hacer una ley que lo prohiba no impedirá que se sigan practicando abortos, como prohibir el alcohol no impidió que se siguiera produciendo y consumiendo ni el hecho de prohibir las drogas hace que estas desaparezcan.
Al contrario, la prohibición de una actividad determinada hace que esa actividad se convierta en muy lucrativa para las mafias que se dediquen a esa actividad.
La prohibición de las drogas no impide que estas existan, pero ha fomentado el cultivo ilegal, la existencia de drogas sumamente peligrosas para la salud y la creación de grandes cárteles de la droga.
La prohibición del Alcohol en USA en los años 20-30 no impidió que este existiera pero fomentó las destilerías ilegales donde se producía alcohol de muy mala calidad a precios abusivos y la formación de organizaciones gansteriles que se enriquecieron con el tráfico ilegal de alcohol.
La prohibición del aborto no impedirá que este se siga practicando, pero se hará en condiciones antihigiénicas muy peligrosas para la madre, a manos de carniceros incompetentes y a unos precios extraordinariamente abusivos.
Por eso, antes de prohibir el aborto y convertirlo en un negocio lucrativo para las mafias y una práctica peligrosa para la salud de las madres que se sometan a él, es preferible facilitar una salida más digna a las madres que se ven en el dilema de decidir sobre la vida de su hijo.
Hay que poner un límite, pero ese límite no debe provocar más sufrimiento que el que se pretende evitar, y aunque este debería ser el momento en que cada persona debe meditar sobre los pros y los contras del aborto y de una ley para regularlo, permitidme hacer mi propuesta.
Si la existencia del feto supone un riesgo para la vida de la madre, ella debe tener la libertad de decidir.
Si no hay riesgo para la vida de la madre pero el feto contiene enfermedades o taras genéticas que impidan su desarrollo pleno como una persona independiente, la madre es la única que puede decidir, según sus propios criterios, si desea tener ese hijo y dedicarle una vida de amor y sacrificio o prefiere terminar con esa vida y ofrecer esa oportunidad a los otros hijos que pueda tener en el futuro.
Si no hay riesgo para la salud, ni hay taras genéticas, pero la madre considera que no desea hacerse cargo de ese niño, hay que darle la opción de darlo en adopción a familias que no tienen la posibilidad de tener hijos. Y esa opción debe servir para que una mujer que se queda embarazada de forma no deseada, no tenga que cambiar sus planes para toda la vida, pero sí que se someta a una Interrupción Voluntaria de sus planes de futuro, Interrupción que realizará durante unos meses hasta que se recupere del parto para después continuar con su vida normal, la que ella ha deseado, y con la conciencia tranquila al saber que sus planes no han costado la vida de un Ser Humano, de una Persona.
Si, a pesar de tener esa oportunidad, una mujer decide que prefiere abortar antes de sufrir la incomodidad de un embarazo y un parto no deseado, podrá parecernos un crimen, y en tal caso, sólo en tal caso, el estado debe poner un límite. Y el límite que propongo es que los padres, ambos, puedan decidir la destrucción del feto ANTES de los tres meses de embarazo. Pero el aborto se realizará en una clínica privada y pagándolo los padres.
El estado debe declarar como PERSONA a todos los Seres Humanos a partir del tercer mes del embarazo, y como Personas debe defender su Derecho a la Vida por encima de las conveniencias o deseos de los padres.
El estado debe facilitar y simplificar los trámites de adopción, para que un embarazo no deseado no se convierta en una carga vitalicia para los padres, y para facilitar que familias que no pueden tener hijos puedan adoptarlos.
El estado debe financiar los gastos del embarazo y el parto de todas las personas, y los abortos que se realicen por razones médicas o por taras genéticas, pero no los que se realicen por conveniencia.
Esa es mi opinión, pero como todas las personas tienen derecho a expresar su opinión, y en tema tan polémico como el aborto será imposible que todas las personas se pongan de acuerdo, es por lo que considero que esa decisión no deben tomarla los gobernantes, sino los ciudadanos, teniendo en cuenta que los gobernantes están a nuestras órdenes, no nosotros a las de ellos, y por tanto es por lo que propongo un referendum en el que se decida a partir de qué momento un Ser Humano debe ser considerado PERSONA y tener Derecho a la Vida.