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Enviado a las 24/07/2008 13:26:14
Esas viejas casas encaladas

En un principio os harían las manos de los hombres, pero a partir de cierto momento sólo el viento y la lluvia modelaron vuestros perfiles. Vuestras líneas quebradas, vuestras fachadas cansadas y amarillas. Un día el olvido prendió en los balcones, en los barrotes antaño orgullosos, y desde entonces adoptasteis el silencio como única palabra.

 

Son las casas viejas, los viejos caserones manchegos con que me encuentro en algún pueblo cuando viajo a Madrid. Algunas parecen haber desistido del combate y se diría que esperan resignadas la zarpa de la excavadora. Otras, en cambio, aún muestran cierto antiguo orgullo en su porte a pesar del abandono, como retando a las nuevas construcciones a igualar su grandeza. De vez en cuando algún hueco, algún espacio irremediable en donde el tiempo despliega sus banderas de vacío, su victoria definitiva.

 

Cómo escasea cada vez más el blanco, esos brochazos descuidados de la luz, y es sustituido por construcciones anodinas, coquetas acaso, en donde el sol jamás encontrará blancas sábanas para la siesta ni la luna, mantel para la cena. Hoy ya nadie se dedica a enjalbegar las casas, a limpiar su rostro para las fiestas patronales, el tiempo en que lucían su vestido más puro.

 

Cada vez que paso a su lado, desde el autobús, me quedo observando sus ojos vacíos, sus labios enmudecidos bajo el sello gris del abandono. Y me dedico a imaginar el misterio de sus paredes, qué vida, qué palabras latían en quién sabe qué tiempo; qué alientos, sueños o alegrías colmarían sus habitaciones hasta prender en los segundos; y qué tristeza, qué viento oscuro detendría aquellos pasos para clavarlos por siempre en el olvido.

 

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Enviado a las 18/07/2008 13:28:32
Él nunca lo haría

Hace ya diez años pasé por uno de los momentos más desagradables de mi vida. Era sábado santo y me vi obligado –en el autobús y en compañía de una tía mía- a viajar a Madrid muy temprano porque operaban a mi padre de la vesícula. Pero no fue por mi padre por lo que lo pasé mal, ya que, gracias a Dios, todo transcurrió con normalidad en la operación.

 

A esas horas de la mañana, y más tratándose de un día como ése, la carretera estaba casi desierta. Sin embargo, a uno y a otro lado, enfrente a lo lejos y más cerca, el trayecto estaba sembrado de egoísmo, de desagradecimiento, porque cada dos por tres se veía –cuando lo atisbaba, hacía lo posible por no verlo- el nada agradable espectáculo de animales atropellados por automóviles.

 

Eran sin duda los cachorrillos que llegaron con los Reyes, aquellos que pidieron los niños, pero que habían cometido el pecado de crecer y ahora, con las vacaciones de Semana Santa de por medio, se convertían en una carga de la que había que desembarazarse como fuera.

 

No importaba que el abandono fuese el castigo más cruel posible, quizá en su interior los dueños pensasen que tenían alguna posibilidad de sobrevivir así, el caso era desprenderse a toda costa de ellos. Tal vez a la salida de la ciudad, en una parada, o en alguna gasolinera donde quizá algún alma piadosa los acogiera... (En alguna de nuestras gasolineras, todavía unos ojos fieles esperan la llegada del amo). Pero ni por un instante el cariño, el agradecimiento a tanta fidelidad, a esa espera de la que los animales son sin duda licenciados.

 

Jamás entenderé cómo se puede hacer una cosa así, cómo, por las buenas, se puede abandonar al más fiel de los escuderos. Quién se haya asomado alguna vez a ese universo de tristeza que son los ojos de un perro seguro que me comprende. Todo el mundo de un animal es su dueño y las personas que conviven con él, ellos son el principio y el fin de su existencia; por esa lealtad, por esa eterna espera, tan sólo piden a cambio una caricia.

 

¿Qué castigo se le podría imponer a alguien que abandone a un animal, aparte de los que señale la ley? Se me ocurre que lo peor que le podría suceder a estas personas es que, a la vuelta de las vacaciones, se encuentren con el resultado de su acción; que en algunos de esos restos que pueblan el asfalto reconozcan a su Cuqui, a su Toby o a su Chispi. Quizá entonces algún brote de humanidad comenzase a sangrar en su interior.

 

Ahora, con la llegada de las vacaciones de verano, me temo que el espectáculo va a volver a repetirse. Por favor, que no lo hagan. Que se los den a una protectora de animales, a un amigo o alguien que quiera hacerse cargo de ellos, pero que nunca los abandonen. Hace algún tiempo, salió una campaña en televisión contra el abandono de los animales cuyo lema era “Él nunca lo haría”. Y es verdad. En un cerebro, en unos ojos en los que está escrita la palabra ‘lealtad’, nunca hay lugar para la traición.

 

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Enviado a las 14/07/2008 19:40:47
Un alto

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las instantáneas de lo eterno,

sus guiños a los pies calzados

de la rutina. Allí los dos,

cada uno en un tren distinto,

ojos cruzados sin pudor

a los jueces de la distancia,

presto bocado a la manzana

de cualquier dios olvidadizo.

Allí donde no sirve el nombre,

en donde sólo la retina

da consciencia a la antigua estrella;

no pudimos sentirnos solos.

Acaso un soplo de tristeza

por la corriente inevitable,

afán inútil por quedarnos

en un alto de la escritura.

 

Metro de Madrid, 11-1-06

 

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Enviado a las 10/07/2008 21:43:00
Dos fotos censuradas y un testimonio

Ahora que he aprendido a poner alguna foto en el blog, voy a aprovechar para mostrar dos que he visto hoy en el “Alfa y Omega” y que al parecer nos han sido escamoteadas por la mayoría de medios de comunicación. Viéndolas, se comprende el porqué: no son políticamente correctas, hacen referencia a una religión cuyos símbolos deben ser proscritos en nuestro país en beneficio de la nueva creencia, el laicismo de estado del cual es sumo pontífice Zapatero y su discurso engolado y rencoroso.

 

En la primera foto podemos ver a Ingrid Betancourt junto al resto de liberados por el Ejército colombiano, en compañía de algunos familiares, a su llegada al aeropuerto militar de Bogotá. Y en la segunda –ésta sí la conocía-, las manos de Ingrid Betancourt con el rosario que ella misma se hizo, con botones, durante su cautiverio.

 

Porque, ¿qué hizo Ingrid Betancourt durante buena parte de su secuestro? Efectivamente, rezar. Si en mi anterior post hablaba del dolor como lugar de encuentro, en una persona cercana a mí, en este testimonio vuelvo a encontrar de nuevo el valor de la oración en los momentos de sufrimiento. Cuando nadie responde, cuando la noche es siempre oscura y no se vislumbra el amanecer, ahí está en nuestro interior la voz que nunca nos abandona, el callado fulgor que no quema y que da a las cosas su auténtico sentido.

 

No era Ingrid Betancourt antes de su secuestro una persona especialmente religiosa, pero todo cambió a raíz de su experiencia en la selva. “Antes tenía fe, pero era una fe ritual. Creía, sí, pero sin mucha preocupación”. Y es que en un secuestro “uno deja muchas plumas, como la soberbia, la terquedad... Llegué (a la selva) con una cantidad de necedades..., pero termina uno zafándose de eso, liberándose. La mano de la Virgen en este proceso es clara para mí”.

 

La llama de la fe que tenía cobró fuerza durante su largo cautiverio, solamente tenía que soplarla, avivar su calor en esa noche interminable para que se entregara totalmente a su luz. “La fe ha sido mi fuerza, una presencia absoluta. La veo y puedo tocarla... Todo se lo debo a Dios... Pertenezco a Jesús. Soy de su Sagrado Corazón y no he desfallecido ni un momento en la oración...”.

 

Buen refugio el de ese Corazón. Un refugio que, sin embargo, tuvo que elegir. Porque, en medio de sus cadenas, también se sintió libre, tuvo que hacer uso de la auténtica, la sagrada libertad que Dios nos concede para elegir el camino. “Simplemente, uno tiene dos opciones: odiar, o entregarse a Dios y buscar en una espiritualidad mayor la paz del corazón. No los odio... Que Dios bendiga a mis captores. Espero que esta experiencia les permita cambiar su corazón. Es la hora de que rectifiquen... Todos podemos ser ángeles o demonios para los demás. Cada uno de nosotros en su interior puede ser extraordinariamente bueno y extraordinariamente malo. Y todos podemos caer en ese error de ser lobos para otros”.

 

Afortunadamente para ella, Ingrid escogió el camino del ángel, el de la bondad. Enhorabuena por su liberación, la de manos de sus secuestradores y la de esa “cantidad de necedades” que todos llevamos dentro.

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Enviado a las 05/07/2008 23:56:22
El dolor, un lugar de encuentro

En el corazón del hombre hay muchas cavidades que desconocemos

hasta que viene el dolor a descubrírnoslas.

Léon Bloy

 

Hace poco dejaba un comentario a Mamita sobre el porqué del dolor, del sufrimiento; y le comentaba que al dolor sólo nos podemos acercar con una aproximación parcial, porque del dolor, y sobre todo de su porqué, apenas sabemos nada. Sí, el dolor es un misterio, cuando nos referimos a él hablamos del misterio del dolor. Por muchas preguntas que logremos resolver, siempre habrá alguna de la que no obtendremos respuesta.

 

Pero, de igual manera que el dolor es un misterio, no es menos cierto que en ocasiones ese mismo sufrimiento puede servirnos como galvanizador de nuestras vidas, algo que puede llevar al alma a encontrar sus verdaderos aposentos. Si nunca hallaremos una respuesta última a su porqué, de nosotros depende convertirlo en vinagre o en el más generoso de los vinos. El dolor curte el alma y purifica la mirada, el dolor puede servirnos de encuentro con Aquel que lo sufrió hasta el extremo, hasta morir en una cruz por nosotros. En el dolor podemos sentirnos hermanos con Cristo e hijos de un mismo Padre.

 

Ha muerto un hombre joven. Así, de repente. Nadie lo esperaba. Desde hace unos años padecía una enfermedad que le sobrevino también de repente, pero que en ningún caso hacía presagiar un final así. O eso creo; de todas formas no es el motivo de estas líneas hablar de una dolencia de la que yo mismo desconozco el nombre. Sí del efecto que la enfermedad causó en esta persona.

 

Algo más joven que yo, en algunos momentos de nuestra vida habíamos compartido fiesta y risas al juntarse su pandilla con la nuestra. Era de esas personas que en cualquier momento te sorprenden con un golpe de humor que te hace retorcerte de risa por el suelo. Sin embargo, nunca se había caracterizado por una fe profunda, nunca le habías visto frecuentar el templo ni participar en actos litúrgicos (esto era sólo lo externo, respeto profundamente ese interior al que nadie salvo Dios tiene acceso).

 

Un domingo, en cambio,  me sorprendió verlo sentado en los últimos bancos de la iglesia; y otro domingo, igual. Poco a poco, su presencia en el templo fue haciéndose cada vez más frecuente hasta hacerse su rostro tan familiar como el más piadoso de los parroquianos. Me enteré de su enfermedad. Y comprendí.

 

Comprendí que algo lo había transformado, que, en su dolor, había encontrado a Aquel que ofreció el suyo por nosotros, que un nuevo compañero de fiestas acompañaba ahora sus horas colmadas de preguntas; el amigo que nunca falla, el que siempre escucha, el que jamás te dejará tirado por muy bajo que caigas. Ya no sólo eran los domingos, su presencia en la iglesia se extendía a todos los días –esto me lo dijeron; para mi desgracia, no soy tan devoto-; a veces, incluso, lo veías de pie frente a la imagen del Sagrado Corazón con los ojos fijos en tan grande Amor, con el alma toda suya.

 

Quique, te echaré de menos. Tu presencia en la iglesia y tus saludos sinceros por la calle. Desde que enfermó tu madre, y desde que murió, siempre te veía para arriba y para abajo con alguna bolsa. Ahora estarás con ella, con tu madre, mirando sin duda cara a cara a quien se alegró de que un día volvieras a su casa. Descansa en paz.

 

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Enviado a las 02/07/2008 18:13:33
¡Que viva España!

La celebración en España

 

“Entre flores, fandanguillos y alegrías/ nació mi España, la tierra del amor./ Sólo Dios pudiera hacer tanta belleza,/ y es imposible que puedan haber dos...”. Hermosa letra de esta preciosa canción tan políticamente incorrecta pero vuelta a poner en el aire gracias al triunfo de la selección y a la voz de Manolo Escobar el lunes en la celebración de la plaza de Colón de Madrid, todavía con este nombre, y con ese pedazo de bandera, por mucho que algunos se empeñen en cambiárselo por otro de infausto recuerdo y felizmente amarillo en los papeles de la Historia.

 

Todo ha estado muy bien. El triunfo de España en la Eurocopa, las banderas, las celebraciones y la alegría de todo el mundo (a pesar de algunos excesos) en cualquier rincón de esta querida tierra. Pero no es del triunfo futbolístico de  lo que quería hablarles hoy, ampliamente comentado en todas partes, sino de la letra de esta canción que anteayer volvió a sonar por las ondas televisivas.

 

Toda la letra es emotiva y verdadera, al menos para el alma de quienes han nacido en esta tierra y se sienten españoles; pero, no sé por qué, o quizá lo sepa demasiado bien, me he quedado con unas palabras suyas que parecen habérseme clavado como espinas en lo más íntimo de mi ser, esas de “y es imposible que puedan haber dos”. Y no precisamente por su significado positivo, que es el que tienen en la canción, sino porque me han transportado a otra realidad, a la crónica amarga de cada día.

 

Leídas en su vertiente negativa, son también auténticas, reales como la subida de la luz o la huelga de transportistas. Porque, vamos a ver, ¿en qué otro país del mundo se les impide a los niños aprender en la lengua común?, ¿en qué otra nación se multa a los comerciantes por rotular en el idioma de todos?, ¿en qué otro lugar existe un presidente que dice que el concepto de nación es “discutible”?, ¿en qué parte del planeta encontramos un partido que, cuando se produce el mayor atentado de su historia, en lo único que piensa es en lanzarse al cuello del vecino en vez de luchar contra el enemigo común?, ¿dónde podemos encontrar otro lugar con una “memoria histórica” que lo único que pretende es reabrir viejas heridas?, ¿hay algún otro país donde el haraquiri sea el deporte nacional?; y así podríamos seguir hasta darnos las tres. Desde luego, “es imposible que puedan haber dos”, como dice la letra. Para nuestra desgracia y nuestro sonrojo, para nuestra vergüenza y nuestra humillación. Cualquier extranjero que se hubiera asomado el lunes a nuestro país a través de la pantalla, habría pensado qué país más hermoso, cómo celebran sus triunfos, qué unidos deben de estar. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Cuánto rencor, cuánta zancadilla, cuánta puñalada trapera se esconde detrás de cada esquina o politicastro de tres al cuarto.

 

Pero quiero acabar con una llamada al optimismo. Porque si todo lo anterior es verdad, no es menos cierto que es obra de una clase dirigente, una determinada clase dirigente, que no sé qué habremos hecho para merecerla, que es todo un invento con el que justificar su cargo y su sueldo, algo artificial que confío en que no acabe por envenenarnos a todos. Porque en cada rincón de España se vibró con el triunfo de la selección, en cada rincón de España ondeó en el aire la bandera roja y gualda. ¿Qué pensaría el señor Rovira y el resto de trogloditas cuando oyeron gritar a Xavi “¡Viva España!”? (Hasta algún futbolista hubo que exclamó un “¡Arriba España!”). Una vez más se demuestra que todo eso de los estatutos y los derechos históricos a la gente sencilla le importa un pimiento y que lo único que le preocupa es vivir bien y llevarse en paz con el vecino. Por favor, no nos envenenen más, no nos dividan más de lo que estamos; queremos vivir en paz y sentir cada rincón de este país como si fuera nuestro. Por todas las banderas que flamearon, por toda esa gente que se alegró con el triunfo de nuestra selección, termino con las palabras más repetidas de la canción: “Que viva España”. Y que viva la buena gente que quiere a nuestro país. Ojalá el sentimiento patrio se extendiera a otras cuestiones.

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Enviado a las 24/06/2008 22:05:43
No te vistas de negro

No te vistas de negro,

que se te encoge el alma,

que el color de las sombras

se te sube a la cara.

No te vistas de negro

ni escondas la mirada,

que las aves no pueden

descorrer la mañana.

Para ti no es el negro,

los pliegues de la nada,

que el agua que en ti nace

precisa de luz clara.

Solamente la luna

viste en negro su calma,

mas ya sabes que es viuda

al poco de casada.

Tú elige los colores

que alegran ya tu aura,

que al salir a la calle

el aire te da palmas.

No te vistas de negro

y sí paloma blanca:

que tus ojos componen

la textura del alba.

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Enviado a las 17/06/2008 00:31:56
Noticias de junio

Sopla el viento esta tarde de junio y agita árboles y arbustos, colmados ya con los nuevos verdes del año. Fiel a su cita, el tiempo parece descansar de la orgía de la primavera y se dedica tan sólo a estirar la luz en estas vísperas del verano. Cómo crecen los días hasta San Juan; se diría que un arquero tensa el alma y la luz hasta lanzarlas al borde mismo de los sueños.

Hace un rato que he hecho una visita a Duna, la nueva gata que nos han traído. Todavía está el animal agazapado en un rincón y no se atreve a moverse. La oigo quejarse por la noche con un maullido débil y lastimero y siento que me araña el alma; pero es lógico, todavía no nos conoce y tiempo habrá de que levante el lomo al acariciarla y de que esos ojazos, tan templados como junio, se cierren en ese pequeño infinito que comparte con los hombres.

Mientras, los pájaros gorjean en el aire ligero, ocultos en quién sabe qué lugar de los verdes corazones; diríase que improvisan en el pentagrama gris del viento. Algunas nubes amenazan con silenciar los cantos, mas pronto el sol aparece como un zurcido.

Leo en el periódico que Yanu, un perro de nueve años con el pelo negro, ha vuelto a su casa después de tres meses desaparecido. Nadie sabe dónde ha estado metido este tiempo ni cómo ha encontrado el camino de regreso. En verdad hay caminos que la razón ignora. Lo veo en la foto tan feliz junto a su dueña y me recuerda al Chusco, mi perrito ciego que murió va a hacer ya tres años. Quien ha tenido un perro, quien aún lo tiene, sabe que también habla, que hay momentos, miradas, silencios, que permanecerán para siempre en lo más hondo del corazón.

Sí, también hay otras noticias. Las tristes, las oscuras, las de todos los días. Pero hoy he querido recortar esta tarde calmada de junio, este sosiego y estas pequeñas cosas que nos rescatan del ajetreo cotidiano y nos conectan unos instantes con lo infinito.

 

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Enviado a las 13/06/2008 13:51:17
Jaime Campmany: tercer aniversario

A estas alturas del año, estarías ya seguramente en tu querido lago Maggiore –“España, mi natura; Italia, mi ventura”, solías decir-, quejándote con toda probabilidad de este tiempo tan loco y este junio tan revuelto que no parece junio sino un adelanto de octubre, una especie de pesadilla en la que se nos hubiera birlado el verano, consultando sin duda a tu admirado profesor Occhipinti, experto en nigromancia y otras artes adivinatorias, para descubrir al gafe causante de este desarreglo estacional.

 

Si hace dos días recordaba a Martín Descalzo con motivo del aniversario de su fallecimiento, hoy voy a hacer lo mismo con mi admirado Jaime Campmany. Tres años ya, tres, de su desaparición y aún le sigo echando de menos. El ABC de los últimos años se sustentaba en dos columnas y un frontón: las columnas –dóricas, jónicas y corintias- de Alfonso Ussía y Jaime Campmany y el frontón siempre genial de Antonio Mingote. Huido Alfonso Ussía por el “okupa" de Zarzalejos –un auténtico “tsunami” para el periódico-, y fallecido el maestro Campmany, ya sólo queda un Antonio Mingote al que no saben muy bien dónde colocar en los últimos tiempos. Ahora otros escriben, y lo hacen bien, en el espacio que ocupaba la imponente columna del maestro, pero no han logrado que nos olvidemos por completo del llamado por Antonio Burgos “Hermano Mayor de la Cofradía de la Columna”.

 

Y con justicia que se ganó tal nombramiento. Porque al altísimo surtidor de su prosa, florida a veces, punzante en otras, cuando no jocosa y fluida siempre, se unía su presencia diaria encadenado al lugar del tormento. Suplicio que no consideraba tal, porque, como tantas veces nos decía, amaba su trabajo, su vocación, y no consideraba trabajo algo con lo que de verdad disfrutaba. También fue Antonio Burgos el que dijo que podíamos pensar lo que se estaba perdiendo Jaime Campmany con los últimos acontecimientos en España, pero que en realidad éramos nosotros los que nos perdíamos el magisterio de su pluma. Y tiene razón. Cuántos artículos suyos nos estamos perdiendo con la que está cayendo ahora. Cuántos floreos, fintas, molinetes o estocadas no estaría repartiendo ahora con los desmanes de esa desgracia que tenemos por presidente. Pinchazos profundos y amargos porque quería a este país y sin duda a él también le traspasaría el alma contemplar la descomposición a la que estamos abocados.

 

Una amargura que probablemente intentaría aliviar con humor, ya que Jaime Campmany era también uno de los más grandes poetas satíricos de los últimos tiempos y nos regaba de vez en cuando sus artículos con una catarata de esta clase de versos. Como en mi anterior post sobre Martín Descalzo, quiero terminar también éste con unos versos suyos, unos versos de cabo roto que aparecían en su último artículo, publicado tal día como hoy hace tres años, el triste día que nos dejó.

 

Dará doña Carmen Cál-

la ministra de Incultú-,

el Archivo a Catalú-,

quiera o no quiera el alcál-.

Lo dará, además, de bál-,

pues así Carod-Roví-

podrá tener un Archí-

con recuerdos de la gué-

que hubo en un país pequé-

cuajado de españolí-.

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Enviado a las 11/06/2008 13:46:48
El Pájaro Solitario (Martín Descalzo)

“Poned sobre mi tumba mi nombre.

Y mi apellido: sacerdote.”

José Luis Martín Descalzo

“Testamento del Pájaro Solitario”

 

Estabas orgulloso de serlo, y más de una vez lo repetías en tus artículos. Por eso he puesto estos versos que resumen la principal vocación de tu vida: el sacerdocio. Por encima de la de escritor de novelas, teatro, poesía o ensayo. Sacerdote, la palabra por la que te gustaría ser recordado.

 

Se cumplen hoy diecisiete años de la muerte de mi querido José Luis Martín Descalzo. Su último libro, “Testamento del Pájaro Solitario”, se estaba convirtiendo en el más vendido de una Feria del Libro de Madrid que llegaba a su fin. Recuerdo la tristeza que me embargó cuando supe de su muerte. Silencio, quietud, y una oración silenciosa por el descanso de su alma; sin duda lo que hubiera querido.

 

Porque yo era uno de tantos lectores que devoraban sus artículos, que esperaban sobre todo, con ansia, su artículo en el “ABC Dominical” y luego en “Blanco y Negro”, un latido en la mañana y una especie de segunda eucaristía, de papel, en los domingos. Era lo primero que leía; lo demás, tiempo tendría para hacerlo. Años después me enteraría de que estos escritos habían ido apareciendo en distintos volúmenes, “Razones para la esperanza”, “Razones para la alegría” y otros de título similar. No los adquirí en su momento, pero sí tuve la suerte de encontrar, en la Feria del Libro y con motivo del décimo aniversario de su muerte, un grueso tomo, “Razones”, que reunía todos los libros anteriores en más de 1.300 páginas. Volví a leer sus artículos y los encontré tan frescos como siempre, con esa prosa límpida y contundente, directa al corazón, con esa robustez de palabra y pensamiento que sin embargo es un viento para el alma. De sus otros artículos, los de ABC, se puede encontrar una buena selección en “Buenas noticias” y en “Por un mundo mejor”.

 

Aún tengo entre manos su otro gran volumen, su monumental “Vida y misterio de Jesús de Nazaret”, que tuve la suerte de que me regalaran y a la que abro mis ojos y el alma de vez en cuando. El libro es sobre todo un testimonio sobre la vida de Jesús, con un enorme caudal científico detrás de cada página, pero escrito sobre todo desde la fe y el amor. Sorprende la cantidad de lecturas que se esconden tras la obra, con innumerables citas de los más diversos autores.

 

Más de cuarenta libros jalonan su trayectoria como escritor. Quién sabe los que nos podía haber dejado de no haber muerto tan joven –iba a cumplir 61-. Conozco sobre todo al Martín Descalzo articulista y al biógrafo de Jesús. Pero ahí están también sus obras de teatro y sus novelas –fue ganador del Premio Nadal con “La frontera de Dios”-, además de su obra poética, como “El joven Dios”, “Apócrifo de María” o “Diálogos de pasión”.

Voy a terminar como he comenzado, con su poesía. Qué mejor homenaje que transcribir unos versos suyos, los del último poema de su último libro de poesía, “Testamento del Pájaro Solitario”, esos donde nos habla de esa “Noche-luz” de la que estará ahora disfrutando.

 

“Y entonces vio la luz. La luz que entraba

por todas las ventanas de su vida.

Vio que el dolor precipitó la huida

y entendió que la muerte ya no estaba.

 

Morir sólo es morir. Morir se acaba.

Morir es una hoguera fugitiva.

Es cruzar una puerta a la deriva

y encontrar lo que tanto se buscaba.

 

Acabar de llorar y hacer preguntas;

ver al Amor sin enigmas ni espejos;

descansar de vivir en la ternura;

tener la paz, la luz, la casa juntas

y hallar, dejando los dolores lejos,

la Noche-luz tras tanta noche oscura.”

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