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Enviado a las 07/05/2010 00:22:33
El oráculo del Himalaya

Nunca he practicado el alpinismo a pesar de haber hollado algunas cumbres de manual. Sí conozco la montaña y amo el espíritu, el sacrificio y la disciplina que conlleva la práctica de cualquier deporte. Es por ello que sigo la estela de algunos cazadores de nubes. En estos días se habla de la desgraciada muerte de Tolo Calafat. Es triste, pero la montaña -tanto como el mar- es capaz de tragarse lo que le venga en gana. Y esta vez le ha tocado a él. Triste y duro, pero seguro que era consciente del peligro que encerraba su desafío.

Y ya basta. En realidad yo quería rebuznar. En las cumbres heladas de más de 8.000 metros no hay organismos oficiales, ni picoletos, ni policías, ni nada de nada. Sólo nieve, piedras y nubes. Por otra parte, los alpinistas han perdido la vena poética y ahora compiten entre ellos como putas por rastrojo. Y escalar montañas a ese nivel es una afición cara, así que no queda otra que recurrir a spónsores. Cadenas de televisión y multinacionales ponen medios materiales a disposición de los futuros héroes de las alturas para sufragar sus gestas. En estos días, parece ser que se han juntado en al Annapurna los escaladores, los sherpas, alguna cabra perdida, los cámaras, los ayudantes de cámara, el helicóptero y la madre que los parió a todos. La falda de la montaña convertida en una casa de putas, decenas de personas en cada campamento, los teléfonos satélite y los calderos echando humo todo el día para alimentar a esa cantidad de almas. Los héroes bajan destrozados, con los miembros congelados mientras que los sherpas se pasean por las cimas tan panchos cargados con los trastos, campamento arriba, campamento abajo. En fin, sé que es una valoración apresurada y frívola, pero entienda el profesional de las cuerdas que es la sensación que ha suscitado en el profano en la materia. Es lo malo que tiene venderse a cambio de unos buenas crampones. El muerto -después de hollar- al hollyo y ellos a sacarse lo ojos de las cuencas, o lo que es lo mismo: entre puta y puta, taconazo. Miss Oh, la alpinista coreana que se propuso ser la primera mujer en coronar los 14 ochomiles inició una carrera contrarreloj contra la española (sí, española he dicho) Edurne Pasabán. Las piernas las ponía ella; lo demás la televisión que la subvenciona. En dos años se ha hecho la mitad de su carrera, pero …¡ay¡ su hazaña ha sido puesta en tela de juicio. Dos de sus cumbres son “disputed”, es decir, dudosas. No entraré en detalles, teorías, ni en términos en sánscrito porque no es el lugar al que quería llegar. Quiero llegar a otra parte. A ésta:

Miss Hawley

Esta ancianita con cara de abuela malafollá, de las que no cuenta cuentos a sus nietos sino que los enjabona y frota con un estropajo de esparto…, esta ancianita en realidad es un oráculo, un comité, una autoridad: la notaria de las cumbres del Himalaya. Ella y sólo ella tiene el poder de legitimar la coronación de un ochomil. El procedimiento es rigurosamente científico: el alpinista sube su cumbre, pincha la bandera de rigor en la roca nevada (inciso: Edurne no quiso pinchar la rojiualda, así que la fotografiaron de manera oficial con el logo de TV1. Qué gran deportista pero qué petarda…) ; sus sherpas, cámaras, ayudantes o la cabra perdida por el monte le hacen la foto con las nubes de fondo; el alpinista baja con sus sherpas, cámaras y ayudantes. La cabra igual se queda allí arriba. Deshacen el camino, se descongelan, descansan y cuando pasan unos días, semanas o meses, el héroe o la heroína tiene que pasar por la piedra de las ochenta y siete primaveras de Miss Hawley. Esto es, entrevistarse con ella, que a pesar de no haber hollado nunca ninguna cima le hará una batería de preguntas, y en función de lo que responda, ella y sólo ella legitimará la escalada. ¿Qué por qué? Bueno, pues en primer lugar la ancianita dispone del mayor archivo de datos relacionado con el asunto que nos ocupa y en segundo, porque a pesar de todo el alpinismo es una epopeya y la presencia de Miss Hawley lo corrobora.
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Enviado a las 26/04/2010 00:10:52
Todavía no toca, maestro

A España se le ha congelado el bostezo esta mañana. Hemos desayunado café con salpicaduras de sangre del maestro de Galapagar porque un toro le ha partido las venas. El trapío del quinto de la tarde se convirtió en traición al tercer aviso. Uno, dos y se lo llevó por delante. A chorros le salía la sangre por la ingle izquierda y en volandas se lo llevaron. Tarde o temprano la borrachera de arte y coraje a la que nos tiene acostumbrados tenía que desembocar en una resaca feroz con forma de hemorragia virulenta. El hombre mutado en leyenda ha resucitado la fiesta con sus locuras cargadas de insolente belleza, pero parece decidido a obsequiarnos con una muerte épica de ésas que recitan los juglares en negrita y cursiva, de ésas que presiden las cabeceras de los rotativos con grandes titulares y abren los informativos en las radios y las televisiones.

Pero no era su hora.

Los mejicanos se arremangaron los puños de sus camisas para reponer el caudal de vida de las venas cada vez más secas del diestro. Decenas de aficionados corrieron a la enfermería donde lo operaban en carne viva, a pelo y sin anestesia. No daba tiempo, se le vaciaba el cuerpo a borbotones y su vida pendía del temple de los que le cerraban las carnes y de los brazos de sus incondicionales. No era su hora, no, pero todavía nos tiene que dar muchos disgustos aunque siempre nos haya recompensado con la intensidad de su entrega.

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Enviado a las 21/04/2010 21:45:59
Grade Samaranch

Leo con asco el obituario dedicado a Samaranch, ‘cortesía’ de la pluma resentida de Salvador Sostres, un seudointelectual de profesión provocador y catalanotalibán, malo de cojones, retorcido, cutre y rencoroso al estilo de Garzón pero en versión marrullera. En fin, qué se le va hacer. Esto es lo que tenemos: proliferación de rojos y progres de pandereta empeñados en que las nuevas generaciones hereden el rencor histórico que les caracteriza. Putas de la comunicación, mercaderes de la palabra… Culé tenía que ser. Que les den por culo a todos.

Coincidí con don Juan Antonio Samaranch en un conocido restaurante barcelonés. El dueño tuvo la deferencia de acomodarlo en la mesa contigua a la nuestra. Tuve que controlarme y ser educada. Me hubiera gustado levantarme y darle un abrazo, pero me conformé con esconder el teléfono móvil bajo el mantel para hacer spam a todos mis contactos: ¡Estoy comiendo al lado de Samaranch!. Ya estaba mayor, pero derrochaba señorío, glamour, saber estar, seny y todo lo bueno que se le pueda suponer a un señor de una dimensión estratosférica. Afortunadamente lo recordaremos por sus hechos, no por las palabras de un descerebrado oportunista que carece de escrúpulos. Pero yo no quería rebuznar hoy, sino rendirle un homenaje pequeño, ridículo y modesto a Samaranch. Y no se me ha ocurrido mejor forma que renegar de mis dolencias, pasármelas por el forro y pegarme una sesión quasi mortal de ejercicio. Sudada, medio muerta pero feliz, sin apenas dolor (¡milagro, milagro, que beatifiquen a Samaranch!) estoy en condiciones de apostar un mollete de Antequera relleno de jamón -con aceite y tomate- y una caña a que he perdido tres kilos de sebo durante la excepcional gesta.

…Porque yo amo el deporte y gran parte de ese amor se lo debo a la excepcional labor que hizo Samaranch. Y gracias a ese amor, entre otros muchos beneficios y grandes momentos de gozo, mi culo soberano levanta pasiones. Descanse en paz junto a Bibis, la gran dama que fue su primera esposa.

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Enviado a las 12/04/2010 01:46:48
Catetos pero no tontos

Hay mil formas de disfrutar. Tradicionalmente, se suelen asociar el folgar o el buen yantar al placer pero yo soy una esteta y a las mencionadas he de añadir otras fuentes de gozo: el oído y la vista, que pueden ir asociadas o no a las anteriores. Válgame el conato de disquisición como introducción para dar pie a la narración de la experiencia extrasensorial que experimenté hace unos días. Me fui de compras a Puerto Banús, como los buenos catetos de antaño. En el manual apócrifo del provinciano imperan algunas normas elementales a la hora de visitar este destino. A saber:

-Hay que ir en festivo y a ser posible acompañados por la familia. -Hay que arreglarse como si de un domingo de Ramos se tratara.

-Hay paradas obligatorias frente a los escaparates de Vuitton, Armani, Versace y CIA.

-Hay que mirar con respeto acomplejado al gorila de la puerta de los establecimientos anteriormente mencionados. El ciudadano medio no tiene cojones de entrar a ninguno de los establecimientos citados porque el vendedor o la vendedora que se adivina tras las lunas de cristal tiene aspecto de recién salido del Hola, ergo para qué profanar cualquier prenda con nuestras manos sudadas y plebeyas, sepa dios lo que pone en las etiquetas.

-Hay que mirar en las terrazas por si está (Julio Iglesias) Julián Muñoz echándose una cañita.

-Hay que mirar y admirar los cochazos.

-Y hay que hacerse fotos junto a ellos con cara de soy un pringao y encima lo inmortalizo. Pero no queremos parecer catetos ¿verdad que no? Así que pedí a mis acompañantes que hicieran el favor de fingir indiferencia ante los Bentleys, los Ferraris y los Porsches que se pavoneaban por el muelle:

” En verdad os digo que eso es de pobres. Fingid normalidad como si vuestro culo plebeyo estuviera acostumbrado a ser cobijado por esos habitáculos. So porrinos, que eso es lo que sois. Disimulad, que a los pobres y a los catetos no los quiere nadie. Sólo tienen utilidad en la práctica para los políticos: un porrino, un voto. Hale, ya podemos seguir buscando el todo a 1€ que debe de haber uno por aquí escondido y seguro que venden camisetas a cincuenta céntimos con la cara del difunto (Alfonso de Hohenlohe) Espartaco Santoni serigrafiada…”

Dicho y hecho. Nos aplicamos a ello con devoción mariana. Caminamos por allí erguidos, muy dignos, hasta llegar a la altura de Casa Antonio. Nos debatíamos entre tirarnos el farol de comer en la terraza (¿y los tupper, coño, es que nadie ha traído tupper?) o bien largarnos con viento fresco a una pizzería de Torremolinos. Y entonces un rugido celestial se apoderó de mi estómago. Giré la cabeza instintivamente buscando el origen de aquel bramido delicioso. Dios bendiga a Horacio Pagani. Se deslizaba lenta, suavemente al compás de sus doce cilindros en V. Un rayo de sol me devolvió el reflejo de su majestuosa carrocería. ¡Milagro, milagro! Creí que nunca conseguiría ver uno. Paralizada ante aquel espejismo me mantuve inmóvil, cuadrada como un legionario ante el Cristo de la Buena Muerte para disfrutar de la visión de algo más de un millón y medio de euros en movimiento. Pero no era yo la única. El silencio invadió el muelle Ribera. Un sentimiento colectivo de envidia y admiración se apoderó del ambiente. Salvo el conductor y la copiloto, los demás éramos penitentes en aquella procesión pagana. Además estábamos en semana santa. Ya me disponía a cantarle una saeta a aquella excelencia de la imaginería italiana cuando uno de mis acompañantes me susurró al oído:

-Roberta, ¿no decías que no nos quedáramos mirando con la boca abierta como los porrinos?

-Calla, porrino. Y haz al favor de llamar a Pepe que ha ido al baño y se lo está perdiendo.

A mi lado estaba Antonio, dueño del conocido restaurante que lleva su nombre, un hombre curtido sin lugar a dudas en las estampas costumbristas de Puerto Banús. También él disfrutaba del acontecimiento. Él, sus empleados y todos los comensales de su establecimiento. Y los niños que paseaban con sus padres. Y los ’securatas’ y los gorilas. Y los vendedores de las tiendas. Y las rubias oxigenadas. Hasta al fantasma de (José Banús) Jesús Gil se apareció por allí. Y el Pagani Zonda se alejó dejándonos grabada en la memoria la imagen de su culo imponente Antonio nos dedicó una sonrisa compasiva así que decidimos quedarnos allí a hartarnos de gambas. Paramos el mundo un instante porque nos podíamos permitir soñar. Qué coño. Qué buenas estaban las gambas.

pd.: Hay que verlo

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Enviado a las 20/12/2009 12:22:02
Más Aminatu

Y bien, Aminatu ya ha regresado a su(s) patria(s) a pasar la navidad, fiesta pagana, supongo, para una musulmana como ella. Pero como hablamos de una activista reputada y galardonada en occidente, no dudo que sucumbirá a los encantos paganos y estoy segura de que complacerá a sus hijos con alguna milonga; con más razón después del sofocón que les ha dado a los pobreticos. Queda temporalmente cerrado, pues, el capítulo que ha reportado tanta publicidad a escala internacional al pueblo saharaui. Pero con lo que no contaba Aminatu es con el devastador efecto grano en el culo derivado de su chantaje, legítimo o no: la noble causa ha quedado relegada a un segundo plano. Demos las gracias a Aminatu por dejar a España una vez más en ridículo. ¡Y van…!

El otro día tuve el honor de ser invitada a un perol de (presuntos) artistas. El acto incluía la visita a una exposición de un autor de algo (¡un artista!); un autor progre, calvo, de estos que se visten con chupa de cuero raída, jeans, camiseta con alguna leyenda solidaria, bufanda de punto (de rayas), botas chúpame la punta, boina (se han puesto de moda entre ellos) y gafas de pasta. Los fastos los organizaba un ente público (lo llamaremos ente porque ‘organismo’ queda rimbombante, ‘estamento’ es un tanto abstracto y no sabría explicar muy bien de quién dependía, pero el caso es que aquello también lo pagaba yo). Me dirigía junto a un grupúsculo de (presuntos) artistas hacia el sarao pero justo antes de partir se me ocurrió bichear el cartel que lo promocionaba. En la parte inferior, en letra pequeña leo: Mercadillo solidario, beneficios a favor de la asociación de refugiados saharauis. O algo similar. Así que me di media vuelta y me fui al bar de la esquina, qué coño. Y no es por falta de solidaridad, no, es que estoy hasta las narices del cinismo de los (presuntos) solidarios, especialmente cuando ese cinismo va asociado a causas políticas disfrazadas de tragedias. Que lo son a veces, no lo pongo en duda. Que es necesario alzar la voz, tampoco, pero ya está bien. Para solidaria yo, y tengo pruebas: el dueño del bar, que suma cinco churumbeles repartidos entre varias legítimas me hace reverencias cada vez que franqueo el umbral de su puerta.

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Enviado a las 10/12/2009 21:51:04
Aminatu y la madre que la parió
Y digo yo, todos estos que berrean por la causa de la Aminatu de los cojones ¿no podrían berrear por esto otro? Porque tengo prisa, que si no…
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Enviado a las 24/11/2009 19:50:38
El prestidigitador

El insípido, el gafe, el mameluco, el vende-patrias, el estafador, embaucador, impresentable, incompetente, flojo, falso, cínico, capullo… en fin, el presidente del gobierno español ha sentenciado que la crisis se ha acabado porque sí, porque lo dice él. Aclara Pepe Luis, eso sí, que la crisis se ha acabado, pero que él no sabe ni el cómo, ni el cuándo, ni el dónde, ni el por qué, como reza la copla. Copio y pego para que no haya dudas:Zapatero ha asegurado que la recuperación “se ha iniciado” y “todo apunta” a que el ritmo “se va a acelerar”, pero ha admitido que no sabe “con qué fuerza” ni “con qué progresión” ha comenzado, ni cuándo la economía tendrá “el vigor suficiente para crear empleo”. Es decir, lo mismito que negó en su momento pero en versión ‘viceversa’. Repite su proceder chusquero sin ningún rastro de veregüenza. Manipuló y tergiversó con desfachatez para evitar el resbalón en las anteriores elecciones. La mayoría de la peña, ilusa, se lo tragó: alegríiiiia, alegríiia. Ele, arsa, toma que toma. Con un par. ¿Quién dijo crisis? Todavía recuerdo aquel debate televisado entre el pájaro de Solbes y Pizarro, ese señor con cara de antipático, poco fotogénico y aspirante a la cartera de Hacienda. La boca le dolió al hombre de repetir que mientras no se generara empleo íbamos de culo. Las hordas progres quedaron encantadas con la farsa que interpretó don Pedro mientras que los demás asistíamos impotentes al debut y efímero ocaso de un tío competente que no daba bien en pantalla. Españoles: Zapatero vuelve a la carga. ¡Y van…! El patio está revuelto y al mesías progre no se la ha ocurrido otra cosa que volver a intentar tomar el pelo a sus votantes. Habrá que ver si se dejan esta vez. Yo no tengo claro, la verdad. Que reaccionen, quiero decir.

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Enviado a las 02/11/2009 11:43:28
Dolor

dolorEl dolor es una reacción de las terminaciones nerviosas que a la larga se traduce en sufrimiento. Lo que empieza como un síntoma o un aviso de que algo no anda bien, si se hace crónico, acaba transformándose en un sentimiento. Fastidia, joroba, jode, molesta y amarga el día a día de quien lo padece. Ésta desgraciada amante y voraz practicante de la prodigiosa disciplina del deporte, ninguneó un día un dolorcillo. Lo relegó a la categoría de achaque transitorio. Demasiados abdominales. Cosas de la edad. Preguntando al extenso elenco de dolientes crónicos que pulula por mi ecosistema, pude constatar que a todo hijo de vecino le duele algo, lo que sea. Unos se resignan, otros se hacen abanderados de la causa del dolor: lo pregonan a los cuatro vientos y lo utilizan como arma arrojadiza (véase apartado familiares directos y/o indirectos). Los demás se medican para seguir en el tajo. En común tienen todos ellos el goce y disfrute de la tertulia sobre sus padecimientos. Por último estamos los otros, los que ignoramos el martirio y no mentamos a la bicha, a ver si así se aburre y se espanta. Pero no. Se queda, crece y se hace poderoso. Da un golpe de estado en la conciencia y de pronto uno deja de hacer las cosas que antes hacía. A saber: las rebajas, la pelu o incluso ir al estanco. Te das cuenta de que empiezas a tocar fondo cuando la indiferencia manifiesta su presencia ante el planteamiento de un fin de semana en el Byblos, por poner un ejemplo sencillo. Con el tiempo hay que tragar. Se llega a la conclusión de que hay que pasar por el taller de chapa y pintura. Descubres que el asunto es serio y empieza una letanía interminable de sermones, consejos y peregrinaciones varias.

Uno de mis usureros, perdón he querido decir curandero, me hace levantar la pierna hasta que consigo chuparme la rodilla y me la coloco tras la oreja; me doblo sobre mí misma como una alcayata perfecta, hacia delante, hacia atrás. ¡No, hacia atrás no, que duele mucho! Bato el récord de salto a la pata coja alrededor del perímetro de su consulta sobre la pierna izquierda; después pulverizo mi propio récord con la derecha. -¿Y el dolor? -Pues oiga, ahí, ahí, pero eso no impide que… Por fin alguien le muestra la prueba del delito. Para mi desdicha, la puta resonancia canta por peteneras. ¿Pero cómo puede usted…? Y le cuenta al residente -para no quedar mal- que los amantes del deporte somos difíciles de diagnosticar porque despistamos. Me recomienda ingerir porquerías para paliar mi sufrimiento. -Oiga, que no quiero acabar como Michael Jackson, no le digo para que no me tome por el pito de un sereno. No quiero medicarme, resuelvo comentar en voz alta. Pues debería, me contesta. Pues no me da la gana, vuelvo a no decirle. Prefiero evitarlo, es lo que oye el galeno. Me gustaría decirle, pero me limito a pensar, que bastante jodida estoy ya como para chutarme un rosario de pirulas diarias, porque las pirulas son incompatibles con las cañas, que dicho sea de paso, es la mejor medicina que conozco; ésa, y la buena compañía. Que las rubias y las pirulas no se llevan bien y que a mí, mejorar, lo que se dice mejorar, lo que me mejora es un rato de jarana. Que se me quita el dolor por arte de magia, doctor. Pues usted verá, me suelta el tío. Me ha leído el pensamiento el muy jodido. …Y me lo encuentro el viernes en una taberna. Él: su señora, anchoas de Santoña y Cruzcampo. Yo: maromo de 1′93, Pura López de doce centímetros -muy recomendables para ‘lo mío’ por los cojones-  ventresca de atún y Alhambra. Lo miro, me mira (los pies). Nos reímos.

-¿Cómo está usted? -Jodida, pero divina de la muerte, ¿o es que no lo ve usted?… no le digo, obvio. -Roberta, los deportistas (¡¡gracias!! pero no es para tanto) estáis hechos de otra pasta. Vamos a intentar revertir su situación. Haga usted lo que crea conveniente siempre y cuando no le genere dolor. ¡Salud! ¡Pues salud!

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Enviado a las 22/10/2009 21:50:39
Antitaurinos

270920091536

Tuve la gran oportunidad de asistir a la última corrida de José Tomás en Barcelona (cortesía una guacamaya de lujo). Junto al maestro compartió cartel Morante, que se lesionó la mano al matar el primero, y un resacoso Julito Aparicio envuelto, me temo, entre efluvios de Ballantines, por mentar una sustancia legal. Aprovecho para pedir encarecidamente la intervención del barbero de Morante. Todavía no he resuelto el enigma del exceso de sus patillas. También asistí a la del sábado. Corridón. El Juli, siempre correcto, no suele defraudar; Cayetano, un poco menos, pero se lo perdonamos casi todo por su apostura, y un sobradísimo Manzanares que se salió del parchís. El mejor de la terna sin ninguna duda. Sublime. Exquisito. Me hacía una ilusión tremenda desvirgar la Monumental de Barcelona. Llevaba casco y escudo antibalas en el equipaje pues me había hecho eco de la mala prensa que tiene la fiesta en Cataluña. Cuando llegué a la plaza me encontré con las fuerzas del orden desplegadas alrededor de todo el perímetro del coso. Grupúsculos de violentos exaltados antitaurinos, algunos de ellos empapados en sangre 'de los chinos', protestaban enérgicamente para defender la noble ‘causa’. Pero la peña torera, que era numerosísima, no estaba por la labor de dejarse amedrentar. Simplemente, los ignorábamos. El ambiente era precioso. Señores con sus puros (¡otro vicio tardofranquista!), señoras encopetadas -peor puestas que en el sur, pero ya se sabe: el espíritu pragmático catalán, hay que valorar la intención- los copazos previos, saludos, abrazos, sonrisas en los accesos… Y el domingo, lleno hasta la bandera. En la entrada tuve la suerte de encontrarme con el personal de mi restaurante favorito. Para mi regocijo, estaban casi todos. Nos deseamos una buena tarde y padentro a disfrutar. Los volví a saludar el lunes por la noche en circunstancias inmejorables. A la salida no tuvimos la precaución de evitar a los violentos. Evitarlos es una práctica normal entre los aborígenes catalanes, que parecen abocados a padecer su afición en silencio, como las almorranas. ¡Ay! pero qué pedazo de españolazos están hechos los catalanes. El españolito se caracteriza desde tiempos inmemoriales por avergonzarse de eso mismo, de ser españolito. Todo lo bueno, viene de ‘ahí fuera‘, que para eso están más adelantados y son más modernos. Para colmo el catalán comparte frontera con la refinada Francia. Comprendo que es una tentación enorme eso de refinarse pero esta pobre y provinciana escribidora, fumadora, pepera y taurina, opta por decantarse por nuestra atávica y particular nobleza baturra.

Vaya, se me fue el santo al cielo. Retomo el asunto.

No esquivamos a los antitaurinos. Íbamos demasiado contentos como para caer en la cuenta. Fue cuestión de centímetros -ocupados por los cuerpos de los mossos- que no recibiéramos una buena tunda. Se conformaron con gritarnos una retahíla impresionante de improperios de los que fui la principal destinataria. Entono el mea culpa, ya que me puse el uniforme de mujer coqueta arreglada para la ocasión: alguna lentejuela de más, tacones, flor en el pelo, exhibición descarada de morenío del rancio y melena quasi pantojil al viento. Mis homólogas antitaurinas parecen optar por la cosa del reciclaje y/o el ecologismo; prefieren ir disfrazadas de boy scouts globalizados, me pareció observar por el rabillo del ojo izquierdo mientras les dedicaba una peineta antológica… Tengo la impresión de que desconocen el arte de la aplicación de la máscara de pestañas. Naturalmente, estoy convencida de que no se depilan los sobacos, costumbres todas -ojo- que no censuro pero tampoco practico. Será ésa la razón para que mis congéneres tengan tiempo para dedicarse a rebuznar  e increpar de manera tan violenta a los aficionados al arte de Cuchares. Yo no tengo tiempo. Y si por casualidad me sobrara lo emplearía en cuestiones más profundas como el relleno de radicales libres -los míos, obvio- con ácido hialurónico… En definitiva, lo que quiero decir, es que gracias a la labor impagable -que diría Letizia- de José Tomás y a la vergonzosa y violenta campaña gestada por los antitaurinos extremos, la fiesta, los toros, la lidia goza de mejor salud que nunca. La afición no permanece ajena y reacciona. Algunos, como yo, han instaurado una nueva costumbre entre sus rutinas: peregrinar una vez al año a la Monumental para disfrutar de una buena tarde torera. Y para hacer una peineta si tercia…

No quiero terminar de redactar esta entrada sin dejar claras algunas cuestiones: -Soy catalanofílica. -Adoro Barcelona. -Prefiero la cocina catalana a la vasca (¡ahí es nada!). Sobra decir que una cocina no excluye a la otra y que el gazpacho está por encima de todo.

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Enviado a las 11/09/2009 13:49:09
Semenya, con un par

caster-semenyaFuentes anónimas de no sé dónde han filtrado que Semenya tiene cataplines. Internos, pero cataplines al fin y al cabo. Por fuera parece que la laureada atleta luce vagina normal, corriente y moliente. Es decir, que Semenya pertenece al quinto género, el hermafrodita. El tercero es el de los gays y el cuarto el de las lesbianas. ¿Y ahora qué? ¿Le quitamos la medalla? ¿En qué parte del estadio orinará Semenenya? ¿En qué habitáculo se deshará del tanga de leopardo para enfundarse sus mallas verdes divinas? Yo tengo la solución: ¡¡Olimpiadas para hermafroditas!!

 

Nota: las olimpiadas gays ya existen

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