Los mortales que formamos parte del vulgo no podemos alunizar en cuerpo y alma, pero la NASA nos ofrece la posibilidad de que nuestro nombre figure en la luna. Menos da una piedra. Yo ya he inscrito a toda la familia, difuntos incluidos; a la asistenta, al perro y hasta un canario flauta que murió asfixiado en el cuarto de pila durante un tórrido verano. Cincuenta grados acabaron con su garganta privilegiada, una pena (Curro, cuánto te echo de menos) El plazo termina el veintisiete de junio y entregan certificado numerado para colgar enmarcado en el salón.
Sugerencias y observaciones: no se pueden poner eñes ni tildes. Se pueden mandar mensajitos a seres queridos en lugar de limitarse a escribir el nombre y los apellidos (click en la imagen para ver el ejemplo)
Leopoldo Calvo Sotelo era un noble ilustre -por algo era un monárquico acérrimo- reconvertido en burgués ilustrado por la gracia de la transición española; un señor al que le tocó la dudosa suerte de sentarse en el escaño negro durante un corto y convulso período de nuestra historia más reciente. Sus detractores lo definían como un tipo soso y antipático, un sinsustancia. Sus defensores, por el contrario, se referían a él como un señor educado, reflexivo, dotado de un sentido del humor muy gallego que sólo desplegaba en la intimidad: un caballero, esa especie en extinción. En cualquier caso, no hay duda de que se trataba de todo un señor al que Suárez cedió el testigo durante un marrón tremendo. A mí de Calvo Sotelo lo que me fascinaba era su dominio del lenguaje.Tenía Poldo el don del hablar pausado, limpio, correcto hasta el punto de que cada vez que abria el pico daba la impresión de estar leyendo a Cervantes. Su expresión austera pero impecable estaba exenta de altibajos, de giros con artificio o de palabras huecas. Y como estas cosas hay que revestirlas de importancia institucional, hoy toca venerar al excelso finado, que no se diga. Funerales de estado para don Leopoldo, recordatorios y sentidos homenajes por parte de todo quisqui, velatorio en el Congreso y esquelas enormes para recordar al hombre tranquilo y silencioso que en un año escaso tuvo tiempo de perfilar “lo” de la autonomías y dar luz verde a “lo” del divorcio. Claro que por aquel entonces España era inocente y el panorama político no era una casa de putas en la que brillan por su ausencia cualidades como la seriedad, que se ha convertido en un lastre. Luego llegó el de la chaqueta de pana, la bodeguilla y los bonsáis… pero eso ya es otra historia. Descanse en paz.
“Por favor ayúdenla, se está mordiendo la lengua y los labios. Ella nunca ha estado antes en un hospital. Le aterroriza la gente. Si tienen dudas, pregunten a mi padre, es la única persona a la que Kerstin conoce”
El señor Frtizl, afortunadamente, ya chochea. Elisabeth Fritzl deslizó una carta en el bolsillo del pantalón de su hija mayor. Había escrito otra más para justificar su ausencia a petición de su captor, pero el monstruo, viejo, cansado y tal vez nervioso, esta vez se descuidó. Así es como el personal del hospital de Amstetten sospechó que ocurría algo extraño. A pesar del horror de su encierro, sospecho que esta madre ha conseguido sobrevivir veinticuatro años bajo tierra sometida a los abusos y torturas procurados por su padre gracias a la existencia de sus hijos. La esperanza de sacarlos de allí ha sido un revulsivo, un sentimiento poderoso que la ha mantenido viva y lo suficientemente cuerda para reaccionar ante la única oportunidad que ha tenido para terminar con la macabra tortura que ha compartido con tres de sus hijos. El domingo es el día de la madre en España. Va por ella, por Elisabeth, que tiene la oportunidad de rehacer -en la medida de lo posible- su vida.
pd.:mami_ta, continúo teniendo problemas para publicar comentarios y te aseguro que cumplo escrupulusamente con los requisitos para hacerlo, relleno todos los campos y hago cllicK, pero el sistema me lleva a una página que me dice que la contraseña es errónea. sin embargo, puedo publicar con esa misma clave aquí. Misterios de la red. Gracias por interesarte en cualquier caso.
Natascha Kampusch y Elisabeth Fritzl crean un dúo musical y se van a hacer las américas. El resto de los parientes, hijos, hijos-nietos, vecinos, cuñados, concuñados, compadres, peluqueros etc. etc. de ambas familias, se dedica a escribir libros, dar conferencias e intervenir en programas de televisión de máxima audiencia previo pago. El pequeño ex-rehén de cinco años, crece alegre y feliz mientras disfruta de los rayos de sol y de las caricias del viento. Menos da una piedra.
pd.:Excelente artículo de Alberto Fernández Liria en el País. Es presidente de la Asociación Española de Neuropsiquiatría. Lo comparto íntegramente y es la verdadera razón de esta entrada surrealista.
Parece ser que el señor Fritzl era, además de un hijoputa soberano, un tirano con dos familias: la publica y la otra, la que tenía enterrada bajo tierra. La señora Fritzl es un ejemplo clásico de mujer anulada por un marido déspota, aunque llevada al límite en este espantoso ejemplo. En cualquier caso resulta extraño que toda una familia y una comunidad social no preste atención a situaciones irregulares: la familia por su incapacidad para sublevarse; la vecindad por mirar hacia otro lado. No creo que Fritzl sea un loco, sino más bien una persona egoísta, perversa y calculadora. La vida es así de triste: el loco, el déspota, el tirano, el sicópata cruel, mantenía a catorce hijos y no se muerde la mano de quien da de comer. Por otra parte creo que este elemento debe permanecer vivo para que sufra el escarnio, la ira y la indignación de todos sus descendientes.
Josef Fritzl ha tenido a su hija Elizabeth encerrada la friolera de veintitantos años en el sótano de su casa. El pasatiempo del (degenerado) abuelo Josef consistía en hacerle barrigas a su niña en la mazmorra-búnker que se había construido debajo de la vivienda. Durante estos años le ha hecho un total de seis barrigas, seis; siete hijos-nietos en total, uno de ellos muerto, quemado y enterrado en el jardín por su padre-abuelo. Parece ser que tres jamás han visto la luz. Los otros tres fueron “abandonados” en el jardín de la casa, acogidos y criados por la abuela, el tío y el propio padre-abuelo de los niños. No puedo creer que la señora Fritz no sospechara nada. Es imposible vivir con tanto jaleo bajo los pies sin inmutarse. -¿Ratas? No señora, no, eran sus nietos dándose cabezazos contra las paredes. Monstruoso. La ficción a veces es un ensayo melifluo de la realidad.
No queda más remedio que reconocer que Isabel Preysler es un prodigio de mujer. Cinco hijos y tres maridos no han devastado la belleza de esta filipina cincuentona adoptada por España para solaz del gremio de las peluqueras patrias. El tiempo no existe para ella, divina e inmortal, incombustible, siempre perfecta…
Pues no. Isabel se tunea que da gloria.
Pasen y vean: He aquí a nuestra clásica Preysler, la del Hola, tuneadísima: estática, perfecta, retratada para una campaña de lanzamiento de un maquillaje anti envejecimiento de Margaret Astor (muy mal, Isabel, esa es una marca de afeites destinada al vulgo y tú eres una diosa) Pero el contrato le exige que pasee su palmito durante el acto de presentación del ungüento y nuestra Preysler habla, camina, no es una efigie egipcia a pesar de que cada vez guarda más similitud con la efigie de Nefertiti (ojo, Isabelita, no te pases: conserva el iris del ojo izquierdo que eso ya sería una boutade incomprensible). Cada vez que nuestra dama esboza una sonrisa, además de mostrar las inmaculadas fundas de sus dientes, exhibe unos pliegues extraños a la altura de las sienes. Probablemente se trata de una consecuencia de la tensión que soporta su piel (¿no serán esos surcos los pliegues nasogenianos en realidad?).También podría tratarse de un efecto secundario de abuso de proteína botulínica; el caso es que su preciosa sonrisa queda empañada. Comprueben y vean el fenómeno extraño aquí: Y aquí: Y aquí, con más detalle:
Para finalizar la cruel tanda de capturas, ilustro con la imagen de la señora Boyer recogiéndose del sarao, ya cansada y sin pendientes. Destaco unas protuberancias nada favorecedoras junto a los labios y esa extrañíiiisima nariz, similar a la de Pocahontas.
Moralejas: -¡No compren el maquillaje de Margaret Astor que promociona Isabel Preysler! -Tras una intensa observación de las imágenes adjuntas a este ilustrado y malicioso rebuzno, he deducido que Isabel Preysler padece el síndrome de Michael Jackson aunque sus modelos a imitar -Nefertiti, Pocahontas e Imelda Marcos- difieren notablemente de los del cantante. Ella ha obtenido mejores resultados.
Divina Isabel en cualquier caso ¿dónde hay que firmar?
Resulta que el (presunto) embarazado, antes de convertirse en un simulacro de señor con perilla a lo Jhonny Depp, era una agraciada señorita hawaiana que incluso llegó a quedar como finalista en algún que otro concurso de belleza. Y me refiero a ella como un simulacro, ya que si el actual Thomas hubiera sido coherente, se hubiera comprado una buena p… digoooo un pene con sus correspondientes testiculillos entre las piernas. Pero no, lista y previsora ella -y utlilizo el género femenino porque un ser humano con un bombo es una mujer desde el punto de vista biológico diga lo que diga Zerolo- conservó sus órganos genitales originales a buen recaudo. Se quitó denmedio las siempre incómodas tetas, ésas sí, que los sostenes son cada vez más caros. Thomas y señora, que ya han paseado su palmito junto al cepillo de recaudar baberos y biberones por el programa esperpéntico de la esperpéntica Oprah (la redundancia no es casual) se lamentan incrédulos por la incomprensión del respetable ante sus circunstancias bizarras. Ellos, precisamente ellos, que disfrutan de las licencias de su amor gracias a los (presuntos) progresos sociales en el ámbito legal. Así que mis distintos yoes han convocado un juicio sobre el particular con el siguiente veredicto:
-Thomas Beatie tiene la cara como el cemento
Dejo unas fotitos de la difunta Tracy. Qué mona era.
Es broma, pero cómo me gustaría… Aunque todavía queda mucho sábado por delante e igual se rompe el cántaro en la fuente y los españolitos hacemos historia. Y el ridículo, coño, que esto no es serio ni yo soy precisamente machista.
Ángelo entró en la cocina, pidió dinero a su madre, ella se lo negó, discutieron con violencia como tantas otras veces y la cosa acabó malamente. Le asestó varias cuchilladas a la hacedora de sus días hasta matarla pero le debió parecer poco, así que la decapitó con el cuchillo jamonero. Tal vez al parricida le temblaba el pulso porque no acertó a rebanar la cabeza de su progenitora por la parte más lógica -es decir, por el pescuezo- sino que entró a rematar a la altura de las narices, asunto que deduzco que le ocuparía más o menos media hora. Después, envolvió la testuz de su madre en un trapo, la tomó entre sus brazos y se la llevó de paseo. Se dio varias vueltas por la plaza del pueblo hasta que decidió sentarse en un banco para conversar con la porción de cabeza de la desgraciada: “ahora estás callada…cuánto te quiero”. De esta guisa, semidesnudo, con una cinta atada al pelo cual macabro samurai, lo interceptó al fin la policía. Teresa llevaba años pregonando a quien quisiera escucharla la crónica de su anunciado final:
“Una vez que uno está muerto, ¿qué pasa?, lo cogen, lo detienen lo encierran en la cárcel y yo muerta, y ya no hay más soluciones”
En Santomera ha caído una maldición. Hace ocho años otra hija de puta (¡y van…!) estranguló a sus dos hijos con el cable del cargador del teléfono móvil después de esnifarse hasta el polvo de la bolsa de la aspiradora .La razón para cometer semejante crimen: su marido le era infiel. Al día siguiente la parricida caminaba destrozada tras los féretros de los chiquillos. A la zorra de Paquita la han condenado a cuarenta años en el talego. Cumplirá sólo veinticinco, que es lo máximo que se puede estar enchironado según el Código Penal vigente. No voy a calificar a Ángelo de hijo de puta porque su madre era una santa, hoy ya convertida en mártir. Es sólo un esquizo cabrón, uno de tantos, uno más de esos que nos cruzamos por la calle todos los días. Los vemos, los miramos y un escalofrío recorre nuestro cuerpo durante unos segundos. Tal vez comentamos alguna banalidad si alguien nos acompaña, un lacónico ‘¿has visto qué pinta tiene ése tío?’, y continuamos con nuestra vida tan campantes porque no es asunto nuestro. Hasta que decapitan a alguna desgraciada de ésas que berrean por la tele. O un capullo reincidente asesina a una niña. O una gorda amargada incendia un edificio. O… Ojo, que están ahí, aquí, allí… y avisan.