La banda de asesinos vascos que durante cuarenta aos ha estado asesinando a todo tipo de ciudadanos inocentes con la demagogia del separatismo nacionalista que le da cierto tinte poltico de reivindicacin patritica, no es otra cosa que una telaraa de intereses mafiosos con ramificaciones en todas los estadios sociales de la comunidad vasca, de la que se beneficia numerosos sectores: profesionales de diversas actividades, polticos, religiosos, etc. Los que "mueven el rbol" estn en primera lnea por su estructura y composicin de encuadramiento en organigrama fraudulento; pero los que "recogen las nueces" son una gran legin que se benefician ms y exponen menos.
A la sombra del terrorismo vasco, llevan viviendo muchsimos hampones camuflados que aparentemente se mueven en la impunidad de su desenvolvimiento social, con una actividad tan aparentemente normal que es difcil conceptuarlo en alguna tipificacin delictiva; pero cumpliendo su funcin de colaboracin, obediencia y jerarqua dentro de la organizacin terrorista y que acta en una sociedad que dej de ser democrtica hace ya mucho tiempo. Un pueblo que desde el gnesis del nacionalismo, apoy mucho ms a los terroristas en su concepcin romntica-nacionalista que a los defensores de la legalidad y el derecho y, slo cuando a la radicalidad de los pistoleros se le hizo difcil matar policas y militares, continuaron con las matanzas de otros ciudadanos por diversas razones tcticas, cuyas circunstancias ticas hizo que muchos se pusieran en contra de la nueva deriva.
Las propuestas de la extrema izquierda vasca, que es otra conceptualizacin del terrorismo vasco, exigiendo el derecho de autodeterminacin del territorio de las provincias vascongadas ms Navarra, es la espesa bruma y el perfecto camuflaje para seguir viviendo del chantaje y la extorsin al colectivo de empresarios y a todo el que se deje y, al mismo tiempo, el mecanismo del miedo a que es sometida la sociedad para que ellos puedan seguir chupando del Estado; en definitiva, "para ganarse la vida" a base de anular y soterrar la voluntad de un pueblo y por aadidura de la nacin espaola.
Las ideas utpicas del separatismo y autodeterminacin no se las creen ni ellos mismos, pero tienen que continuar con la labor terrorista y el entramado en la que estn instalado con grandes beneficios y de la que viven mucha ms gente que aquellos de los que slo "pegan tiros". Por consiguiente, al albur de este "cuento vasco" han vivido generaciones de terroristas de distintas capas y raleas, polticos, profesionales del derecho, industriales, comerciantes, acadmicos, universitarios y un largo etctera muy amplio de personas acomodadas en el fraude social. Todos ellos, poniendo la mano para recibir los beneficios proporcionales del tiro en la nuca o del coche bomba que se ha llevado al otro mundo seres tan indefensos como a nios de todas las edades.
Por tanto, a menos que un gobierno tenga mucha ms capacidad y decisin de la que hasta ahora se ha demostrado para terminar con la mafia vasca, promoviendo el endurecimiento de la legislacin antiterrorista y las leyes para cumplimiento total de las penas sin recovecos legales que conlleve la efectividad de la norma, as como una nueva reglamentacin reforzada en el principio de autoridad que d cumplimiento real a la Ley General Penitenciaria para el funcionamiento de los centros penitenciarios, basado ms en la eficacia que en la demagogia, en la disciplina, el trabajo y el esfuerzo para que ningn recluso se crea que va a cumplir condena a un hotel de cinco estrellas. Fortaleciendo a la vez la defensa y autoridad de los jueces, policas y funcionarios de prisiones; estos Lucky Luciano, Johnny Torrio y Al Capone de turno en las vascongadas, van a estar otros cuarenta aos asustndonos y chantajendonos con el "coco vasco".
Es necesario, por tanto, un gobierno que se plantee las reformas constitucionales oportunas para establecer de una vez por todas, la derogacin de los privilegios de los territorios autonmicos que tienen unos fueros histricos otorgados en otra poca, sobrepasando y recriminando a los dems, as como las denominaciones que conlleve singularidades y reivindicaciones de reconocimientos nacionalistas, que puedan dar a entender que hay autonomas de primera y de segunda. Mucho nos hubiramos ahorrado si la Constitucin que nos rige hubiera desestimado desigualdades jurdicas, administrativa, territoriales y reconocimientos histricos de este tipo. La equidad es la forma para no establecer desajustes polticos que ponga a unos por encima de otros. Y si hay que someter a una poblacin al imperio de la Ley, se hace sin titubeos y con todas las consecuencias, "enseando los dientes" a cualquier exaltado berzota nacionalista y aunque estos sean miles. Porque ya est bien de demagogos baratos, de nacionalismos mesinicos y de estafadores congnitos. Es la nica manera de evitar mayores consecuencias y derivas peligrosas.
Habremos de darnos cuenta de que a esta gentuza le pasa como a los perros diminutos, que sabiendo de su incapacidad ladran mucho para hacerse notar intentando dar miedo. Y ese es antropolgicamente el sndrome vasco.
En un pueblo libre es ms poderoso el imperio de la ley que el de los hombres (Tito Livio)