Mucho ha llovido desde que el Instituto Pasteur de París, con el profesor Luc Montaner a la cabeza, daba a conocer al mundo, a través de la revista científica “Science”, la aparición de un nuevo tipo de virus, causante del Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida. Había aparecido el SIDA.Siguieron otros estudios científicos y las disputas consiguientes al pretender otro equipo de EE UU, dirigido por Robert Gallo adjudicarse el mérito del descubrimiento. Los Tribunales dieron la razón al primero.
De la euforia del descubrimiento se pasó a la de la propuesta de pautas para su tratamiento. El paso de estos 25 años ha demostrado que no era cosa fácil: que su propagación se convertido en muchas lugares, en pandemia y que ha sido causa de muerte para más de 25 millones de vidas. En este tiempo, a pesar de los millones de dólares empleados en estudios e investigaciones, sin cuento y sin descanso, los resultados no han sido los esperados y, mucho menos, los deseados.
Desde la ONU, con el apoyo de gobiernos de todo el mundo se han llevado a cabo campañas, con inversiones millonarias, pero no han dado resultado.Es verdad que el número de casos parece que esté remitiendo, pero datos publicados por el CIAS, al acabar 2007, daban cuenta de que eran más de 33 millones las personas infectadas y que, de ellas, más de 2 millones eran niños. La pregunta que los ciudadanos de a pie nos hacemos es, si no se podría, sin dejar la investigación, intentar otras estrategias que evitasen el contagio que, en 2007, según la misma fuente, afectó a más de 2,5 millones de personas.
Esta cruda y dolorosa realidad ha impulsado a expertos en salud internacional a hacer distintos estudios. Uno de ellos, dirigido por Robert Halperin, tras pacientes investigaciones, ha llegado a conclusiones clarificadoras. Dice, por ejemplo, que recomendar el condón,- protagonista de tantas campañas mundiales anti SIDA y acaparador de millonarias inversiones -, es desacertado, según está comprobado, como medio para erradicar esta enfermedad. y que la propagación del SIDA, además, de entre los grupos de alto riesgo, se ha generalizado entre personas que tienen múltiples parejas sexuales, por lo que recomienda la reducción de estos emparejamientos a la pareja estable.
También con afán de reducir el avance de esta enfermedad nació, hace poco, en Estados Unidos el Programa “ABC” muy en consonancia con la dignidad de la persona. Implantado en algunos países de África está logrando detener su avance con reducciones espectaculares. Con el mismo propósito y con éxitos constatados especialmente en niños y mujeres embarazadas, surgió en 2002, dentro de la Comunidad de San Egidio el Proyecto “DREAM”. Animados por la posibilidad del éxito, sin duda les seguirán otros.
Bienvenidos sean , si entre todos los empeños se consigue que, al pasar otros 25 años, se hable del SIDA como una pesadilla de finales del siglo XX y del comienzo del XXI, que pasó, aunque permanezca imborrable en el recuerdo por el caudal de vidas que se llevó por delante
Esta fue la pregunta que hizo un integrante del grupo de amigos, como cierre de la conversación mantenida entre ellos. Conversación a horcajadas de una serie de interrogantes que habían surgido con facilidad: ¿Qué está pasando… para que tantas personas se muestren con gesto huraño?. ¿Qué está pasando para que sonriamos tan poco?.¿Qué, para que seamos tan desagradecidos ante los servicios que nos prestan como si fueran obligación?. ¿Qué está pasando para que seamos tan impacientes?.
¿Qué está pasando para que en estos momentos los matrimonios tengan tan poco aguante? ¿Qué, para que en vez de intentar solucionar sus problemas opten por la ruptura?.¿Qué, para que a tantos padres: a ellos y a ellas, les resulte cargante, agobiante y aburrido estar en casa con sus hijos?. ¿Qué, para que tengan que hacer tantas concesiones a sus hijos, que eso son, en vez de amiguetes?. ¿Qué, para que no duden en recurrir a cualquier cosa, para ganarse el aprecio de esos hijos, aunque sea… al desprestigio del profesor, en su presencia?.
¿Qué , para que tanto ellos como los mayores queden prendidos de las pequeñas pantallas de sus maquinitas, de sus “Plays”, de sus móviles y de sus ordenadores?.¿Qué está pasando para que los niños prefieran el sofá a los juegos de movimiento que tanto bien les hace? . ¿Qué, para que niños, adolescentes y jóvenes le tengan tan poca afición al trabajo del estudio?.
¿Qué está pasando para que a nadie interese que los jóvenes españoles ocupen, año tras año, los puestos finales en el ranking de rendimiento intelectual confeccionado con los resultados conseguidos por los escolares europeos?. ¿Qué, para que no cambiar el rumbo?: ¿Qué, para insistir en recorrer veredas que no llevan a ningún sitio?.
¿Qué está pasando para seamos tan superficiales?. ¿Qué, para que las únicas noticias que interesen a una gran mayoría de la sociedad sean las del “famoseo”?.¿Qué está pasando para que nos hayamos vuelto tan egoístas, tan preocupados, sólo por lo nuestro? ¿Qué, para que tanta gente joven tenga que recurrir a los servicios profesionales de Psicólogos y Psiquiatras?.
¿Qué está pasando para que todos tengamos tanto miedo a la responsabilidad y al compromiso?. ¿Qué, para que se tenga tanto miedo a perder la juventud y se hagan tantos esfuerzos por prolongarla?. ¿ Qué para tener tanto miedo a que llegue la vejez?.¿Qué está pasando para que nos desentendamos de las dificultades por las que pasan los padres, argumentando que es “su” problema?…. Sin duda demasiados interrogantes y demasiados campos, en los que es pertinente la pregunta reiterada. La respuesta no es fácil. Cada situación es sujeto paciente de numerosas y complejas causas. Pero no podemos permanecer paralizados y dejar de hacer las pequeñas cosas a nuestro alcance: siempre son eficaces. Hacer como los relojeros: la brizna de polvo que quitan, facilita que la maquinaria del reloj recobre su ritmo.
Acabamos el mes de Mayo que comenzó con la fiesta dedicada al trabajo y conviene hacer sobre la actividad laboral unas cuantas reflexiones.
Que trabajar cuesta, no es novedad. Quizás por ello, muchos le consideran castigo. Nada más lejano de la realidad. El trabajo bien hecho, reporta a quien lo ejercita, beneficios interesantes. Su simple enumeración, basta para darse cuenta de ello.
Cualquier persona que trabaja, no sólo consigue recursos para sostener a la propia familia. El trabajo es fuente de beneficios personales y sociales. A través de él: establece vínculos de unión con otras personas, colabora en la mejora de la sociedad en la que vive y contribuye a su progreso.
Pero sobre todo, el trabajo, cualquier trabajo, es manifestación de la dignidad del hombre y contribución al desarrollo de su personalidad. Sin embargo en estos momentos el trabajo no se percibe así.
El fijar la atención exclusivamente, en el beneficio económico; la pretensión de olvidar la dignidad de la persona; el fomento del individualismo; el permanente elogio de lo cómodo y lo fácil; el afán por desterrar del devenir diario cualquier tipo de esfuerzo sustituyéndolo por la ley del mínimo esfuerzo o el desinterés por su trascendencia, son causas de desafectos por el trabajo, por parte de un amplio sector de población activa. Y no parece que sea lo mejor: ni individual ni socialmente.
¿Convendría hacer alguna cosa para reconducir esta situación?. Tal vez ¡una lista!… en la que no faltasen el estimulo por recuperar el afán por hacer bien las cosas y el interés para prepararse para adquirir la competencia necesaria.
El calendario tiene muchos días marcados como de “especial significación”. En esta mes hubo uno: el jueves, 15, se celebró el “Día de la familia”.
Si se preguntase a personas diferentes qué es para ellas la familia, seguro que las respuestas serías diferentes. Sin embargo dentro de esa diversidad, en ellas habría algo común: cada una habría manifestado su concepto, extraído de su vivencia en la suya.
Esto es lo bueno de la familia: es propia, pertenece a cada uno de sus miembros. Y es esa propiedad y pertenencia lo que las hace diferentes, como la hacen diferente las distintas formas de concebirla y de vivirla.
No es lo mismo la familia compuesta por los padres y un único hijo, que la compuesta por el matrimonio y una prole numerosa; la que vive con escasez de medios, que la anda sobrada de ellos; la que concede lugar preferente a la cultura o el arte , que la que se mueve, sólo, por intereses económicos.
Lo son, además, porque a los valores considerados importantes en cada una, es preciso añadir las circunstancias, - distintas en cada caso -, que determinan la peculiar forma de vivirlos de cada una. Si a todo eso añadimos el interés por adecuar, cada comportamiento individual al de los demás, no es de extrañar la enorme variedad de modelos de familias o de estilos familiares que existen. Tantos, que se podría decir de ellas lo mismo que decimos de las personas: no hay dos iguales.
Sin embargo esta variedad, es una característica en la que no se suele reparar. Y tiene su importancia siempre, pero más en determinados momentos. Con ese frecuente: “todos mis amigos/ as van” o “ a todos mis amigos/ as, sus padres les dejan volver a sus casas a las…”, manifiesta quien habla, que en “su” familia falta ese “algo” que, como a las personas, la haría diferente.
Aunque otro tanto podría decirse de las respuestas que reciben. Es lástima, porque, en ese esfuerzo por diferenciar a la propia familia, porque lo es, - que no quiere decir que sea ni mejor ni peor, simplemente que es distinta, - , podrían encontrar todos los miembros razón y argumento para comportarse, con mayor libertad y responsabilidad, en muchas ocasiones. Y mayor lástima aún, si en algún caso, esa despreocupación por el “ovinismo” familiar fuera intencionado, para evitar la lucha y el coraje necesarios para defender lo que es propio.
Es verdad que la tarea de hacer una familia así no es fácil, pero también lo es, que merece la pena. Como también, que nunca hubo tantos medios de los que echar mano, ni tantos recursos a los que poder acudir en busca de orientación y ayuda. Antes, eso sí, es preciso reconocer que dedicamos tantos años para prepararnos profesionalmente que nos faltaron para preparar el proyecto vital. Y este es el que, en definitiva, nos hace felices y nos realiza.
No hace mucho ha concluido el viaje de Benedicto XVI a EEUU. Durante él, además de cumplir con todos los compromisos contraídos, con naturalidad, sencillez y fortaleza, dio al traste con muchos prejuicios. Sus movimientos ágiles y ligeros, llamativos a sus 81 años y su claridad de pensamiento, acabaron con el de la edad, considerado por algunos, en el momento de su proclamación, como impedimento para cumplir las obligaciones de Pastor de la Iglesia.
Con valentía, no exenta de dolor y ternura, abordó el problema que años atrás empañó el rostro de la Iglesia, ganándose el corazón y la voluntad de muchos. Con facilidad pedagógica, trasladó a todos su mensaje, tan profundo como su saber, en la homilía de la Misa celebrada en la catedral de S. Patricio.
Con fortaleza, claridad y firmeza, habló ante la Asamblea de la ONU, de muchos asuntos importantes: de derechos humanos; de la obligación de los presentes de trabajar por el bien común; de la libertad religiosa, de la que el hombre no puede prescindir, pues sería renunciar a una parte de sí mismo, para ser ciudadano. En su reunión con gente joven, fue escuchado atentamente: por el convencimiento de que era el Vicario de Cristo y por su encanto paternal.
En la “Zona Cero”, rezó y atendió a las personas y familiares de víctimas que acudieron a saludarlo, y lo hizo atentamente. Tanto, que en algún momento, ante algo escuchado, enarcó las cejas con gesto expresivo.
Esto que no parece normal, lo es. Olvidamos que, al morir un Papa, junto a los cardenales reunidos en Cónclave para elegir sucesor, está siempre el Espíritu Santo, que velando por su Iglesia hace surgir, en cada momento, el Pastor adecuado.
Actualmente, el sedentarismo, según los informes de la Organización Mundial para la salud (OMS), es una de las diez causas principales de mortalidad en el mundo, hasta el punto de provocar alrededor de dos millones de muertes al año.
Hace tan solo sólo treinta años la mayoría de las actividades cotidianas se efectuaban mediante el esfuerzo físico humano. Si requeríamos trasladarnos para comprar, ir al colegio o simplemente conversar con un amigo íbamos caminando.
La mayoría de las labores domésticas como limpiar pisos, lavar ropa, etc. se realizaban manualmente, y era mucho mayor la cantidad de trabajos manuales que en la actualidad. La vida moderna ha traído muchos beneficios con máquinas que nos facilitan el trabajo, se suele usar el ascensor para subir -o incluso bajar- unos pocos pisos y el coche para recorrer unos cientos de metros.
Sin embargo, el cuerpo humano está diseñado para estar en movimiento, por lo que la inactividad atrofia los tejidos musculares y tendones y es un factor de riesgo para múltiples enfermedades como las cardiovasculares, hipertensión, diabetes, sensación de fatiga, dolores de espalda, depresión ansiedad, obesidad y algunos tipos de cáncer como el de colon y de mama.
Como remedio al sedentarismo, los consejos médicos atienden recomendaciones sencillas: una dieta equilibrada y ajustada a los requerimientos de cada organismo y actividad física moderada, entendiendo ésta no como arduos entrenamientos deportivos, sino actividades como bailar, paseos diarios de media hora, pilates, carreras de quince minutos, o rutas en bicicleta.
Y es que la mayoría de los beneficios que aporta el deporte se pueden conseguir con actividades moderadas como las citadas.
El incremento del recurso a la cirugía estética entre los jóvenes ha disparado las alarmas de los profesionales del sector, que han solicitado una regulación que cubra el vacío legal y frene estas operaciones estéticas en menores de edad.
Y es que cada vez más jóvenes españoles confían en que la cirugía estética les dé lo que la naturaleza les niega. Decuatrocientas mil personas que se operan cada año en España, el 10% son menores de 18 años. Estos jóvenes “pacientes” suelen demandar rinoplastias, implantaciones y liposucciones.
En general, los médicos son contrarios a la cirugía en la población joven, con excepción de la corrección de defectos que no suponen un riesgo para su organismo en formación y en cambio contribuyen a superar complejos serios o problemas de salud, como es el caso de las orejas de soplillo o la hipertrofia mamaria.
Los cánones de belleza actuales exigen ofrecer una imagen perfecta, vinculando en muchas ocasiones el aspecto exterior con el bienestar interior. Esta creencia, nada cercana a la realidad, genera inseguridades en muchas personas, pero en el caso de los adolescentes el perjuicio puede ser peor.
Los mensajes publicitarios, así como los cuerpos esculturales de los famosos, contribuyen a formar una idea equivocada de lo que es una intervención estética en mentes aún inmaduras.
Los medios de comunicación y los mensajes publicitarios cumplen un papel esencial en la difusión de los modelos de la juventud. Es necesario un cambio en su orientación, menos discriminatorio y más acorde con la dignidad de la persona.
Hace poco, la sociedad española se ha sentido conmovida por ciertas prácticas abortivas y la crueldad de los medios utilizados para ocultarlas. Esta realidad ha suscitado de nuevo el debate sobre el aborto en nuestra sociedad.La vida es una realidad maravillosa que no deja de sorprendernos. Cuantos más datos nos proporciona la ciencia, mejor podemos comprender que la vida del hombre es un misterio que desborda el ámbito de lo puramente bioquímico.En su constante progreso, la ciencia afirma cada vez con más fuerza que desde la fecundación tenemos una nueva vida humana, original e irrepetible, con una historia y un destino únicos, una vida que tiene que ser acogida y respetada.Ante esta realidad, todos deberíamos comprometernos a vencer la «cultura de la muerte» y a proclamar el valor sagrado de toda vida humana desde su comienzo en la fecundación hasta su fin natural. La acción genuinamente moral y humana sería la abolición de la «ley del aborto», que es una ley injusta porque nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minaría el mismo fundamento de la sociedad. Que el Dios de la vida ilumine la conciencia de nuestros conciudadanos, especialmente la de los políticos, para comprender y remediar el enorme drama humano que el aborto supone para el niño en el seno de su madre, para la propia madre, y para la sociedad entera. Una alternativa importante es la adopción. Miles de esposos tienen que acudir a largos y gravosos procesos de adopción mientras en España más de cien mil niños murieron por el aborto durante el último año.
Celebramos hoy el tercer aniversario de la muerte de SS Juan Pablo II, que en su día, conmocionó al mundo.Durante una semana todos los medios de comunicación la tuvieron como noticia principal y todos hicieron de ella un seguimiento en directo, minuto a minuto.
Estos mismos medios fueron los que nos transmitieronel ambiente que en torno al Vaticano se respiraba en aquellos días y, admirados, dejaban constancia de mil maneras, del ambiente de cariño, paciente espera y dolor sereno de la multitud que todo lo llenaba, venida desde todos los rincones del mundo sin más convocatoria que la respuesta del corazón a una siembra de amor realizada por el Papa desde el primero al último día de su pontificado.
Pasados los años, noticias ordinarias han venido ocupar su sitio en los medios devolviéndonos a la cruda realidad. Por citar algunas recordemos lo que ocurrió durante años en el servicio de urgencias del Hospital “Severo Ochoa” de Leganés, en el que se produjeron sedaciones letales a numerosos pacientes a pesar de lo cual el jefe de dicho Servicio se ha prodigado, casi como un héroe, en la pasada campaña electoral; o las desafortunadas declaraciones del todavía ministro de justicia en las que ha manifestado que nuestro país ya estaba maduro para la eutanasia.
Su contenido contrasta con lo que se vivió en Roma, transmitido almundo entero: el Papa, consciente de su gravedad, quiso volver a su casa para morir en ella, y considerando su gravedad como cuestión secundaria, si así se puede hablar, no desertó de la responsabilidad de su misión, - “no se bajó de su cruz”-, y la ejerció hasta que las fuerzas le abandonaron.
En su entorno hubo médicos y personas que lo atendían en todo momento que, sin duda, con dolor, respetaron siempre la voluntad del paciente, al ser testigos de su sufrimiento. Es verdad que pocas personas son capaces de hacerlo así, porque el heroísmo es la grandeza de los santos, pero hay cosas que llaman la atención en especial cuando se contraponen con los las noticias enumeradas anteriormente, y que aconsejan unas precisiones importantes.
En primer no se debe vulnerar el respeto hacia la persona enferma y su dignidad. Es a ella, si está consciente a quien se le debe explicar su situación y sus posibilidades, y ella, la que, si lo sigue estando, debe decidir su participación o no en la propuesta del médico, que nunca puede ser sedación rayana con laeutanasia.
En segundo lugar, es fundamental el respeto por los familiaresa los que se debe consultarcuando el enfermo no pueda atender. Sin duda que, consultados y movidos por su buena voluntad y su confianza ciega en el médico -más vale que los acontecimientos no nos la arrebaten- confiarán en su criterio, al suponer que lo que les proponen es lo mejor para su enfermo.
Por último en ocasiones no hay amor y sí falsas compasiones hacia unos y otros tomándose como propio y en su nombre el derecho aadelantarun final que no debe estar en nuestras manos. Aliviar el dolor, sí; suavizar la agonía, sí;empecinarse en prolongar artificialmentevida y la agonía, no;pero acortarla por una falsa piedad, tampoco.
El ciclista Alberto Contador vuelve a la actualidad repitiendo victoria en la general de la Vuelta Ciclista a Castilla y León. Aunque el francés Patrice Clerc, ratificó ante periodistas españoles en Madrid que la decisión de rechazar al equipo Astana en sus carreras no tendrá marcha atrás, con la dolorosa consecuencia de dejar fuera a Alberto Contador, nadie puede dudar ya de su indiscutible valía personal y profesional.
Pocas personas, fuera de las del mundo del pedal, conocían el nombre del ciclista que, dos días antes de concluir la Vuelta ciclista a Francia de 2007, acaparó la atención de cuantos seguían su desarrolloa través de los medios.El que saliese a correrla penúltima etapa vestido de amarillo, hizo que muchos españoles estuviésemos pendientes dela contrarrelojque ese día se disputaba.
Es sabido que los ciclistas no poseen las cualidades precisas para defenderse con igual soltura en todos los aspectos de este duro deporte. Por ello, aunque deseásemos el éxito de Alberto Contador, sabíamos que no era fácil que conservase la ventaja que llevaba al que le sucedía en la clasificación. Pero lo logró y pudo proclamarse vencedor de la Vuelta ciclista más importante del mundo.
Dicen que con él, han vuelto cosas nuevas la ciclismo: fortalezasin “aditivos”,fuerza interior y cabeza clara para plantear la lucha y darla en el momento oportuno.Para describirla han retornado vocablos expresivos como“demarraje” o “hachazo”
Con ser esto verdad, no es lo más importante de Contador. Lo importante de este muchacho de 25 años, es su calidad humana: su voluntad, decisión y fortaleza. En 2004 le diagnosticaron una enfermedad vascular en cuya convalecencia tuvo que aprender, de nuevo, a andar. ¿Quién pensaba entonces en que pudiera volver a subir a una bici? Con voluntad y tesón lo logró y ¡de qué manera!
Si a él le sirvió comoreferente para superarla, el comportamiento deAmstrom, -ganador de siete Tours de Francia, tras superar con valentía su cáncer -deseamosa Contador, que él lo sea para muchos chicos españoles,y se convierta en referente para su vida estudiantil y profesional.