Hoy, 6 de
Diciembre, Espaa celebra el da de la Constitucin. Hace
31 aos que los espaoles se rigen por esta ley mxima que iguala a todos los
ciudadanos y garantiza sus deberes, derechos y libertades.
Tal
aseveracin, en los tiempos que vivimos, refleja hasta qu punto nuestra
sociedad, liderada por la clase poltica que la gobierna y dirige, prefiere
esconder la cabeza bajo tierra para no reconocer los serios problemas que
desgastan a diario a la nacin y a la convivencia social.
Espaa es
poco ms que un enfermo terminal engaado. Enfermo que cree que todo va
razonablemente bien, al margen de pequeos problemas cuya importancia exageran
los catastrofistas. No deja de ser una paradoja la celebracin del Da de la Constitucin mientras
las iniciativas de grupos independentistas, que se amparan a conveniencia bajo
la constitucin del 78 cuando les interesa, promueven al mismo tiempo el ataque
frontal contra la legalidad y la supuesta independencia del poder judicial.
Si bien es
cierto que jams he odo a nadie celebrar el Da de la Constitucin como
tal, en lugar de una fecha libre ms en el calendario laboral, prueba del
escaso inters del ciudadano por la poltica y lo social, tambin es cierto que
la clase poltica en general ha ofrecido durante estas dcadas de democracia el
peor ejemplo que pueda darse.
Los
polticos han transmitido a la sociedad la idea de que todo vale. Uno de los
aspectos ms caractersticos de la Constitucin, que ensea que todos los ciudadanos
son iguales ante la ley, es absolutamente falso en la prctica. Ni los
ciudadanos son iguales, ni las comunidades autnomas son tratadas por igual, ni
los diferentes partidos polticos trabajan para que el principio de igualdad
sea real y firme. En realidad, bajo mi punto de vista, es completamente
contraproducente que una carta magna como la espaola hable de dicho principio
en un pas cuyo jefe de estado reina, como as har su hijo por el hecho de ser
su hijo, y cuya familia y allegados son tratados con unos privilegios sobre los
que no tienen ningn mrito ni merecimiento y que les distingue del resto de
espaoles.
El Estatuto
de Catalua, pendiente de aprobacin por un Tribunal Constitucional que tampoco
necesita de mucha presin para demostrar hasta qu punto est dominado por
polticos, es como una cua que desestabiliza todava ms el precario
equilibrio del Estado Espaol. Los separatistas catalanes, con el apoyo tcito
de Rodrguez Zapatero y el Partido Socialista, buscan la creacin prctica del
estado cataln; y uno de los pasos previos es la aprobacin definitiva de este
estatuto, que podra llegar a ser el empujn definitivo hacia la desigualdad
entre comunidades autnomas. Desigualdad que se ha dado durante las pasadas tres
dcadas, en detrimento de aqullas que nunca supusieron un potencial vivero de
votos para ciertos partidos polticos, y que no tenan un fenmeno de
nacionalismo forzado e inventado al que agarrarse para justificar algn hecho
diferencial que les hiciera parecer diferentes y, por tanto, merecedores de
un trato de privilegio.
Jams he
celebrado el Da de la
Constitucin como tal. No ser yo quien defienda esta ley
porque la considero tarada desde su nacimiento e instrumento de quienes se han
servido de Espaa para sus propios intereses personales y de partido. No creo
en una constitucin a la que se mantiene en pi como un dolo de barro ante el
que dejar ofrendas sin valor, mientras sus valedores usan la ley a su antojo
para promover el asesinato de los no nacidos, el ataque frontal y sin disimulo
contra la institucin familiar, el menosprecio a las libertades individuales,
el amparo del terrorismo de estado y sus secuelas actuales de intervencionismo
en la sociedad civil.
No hace an
una semana que me vi envuelto en un improvisado debate sobre la monarqua. No
recuerdo el motivo de tal debate, ni quien comenz a hablar del asunto, pero la
charla pronto comenz sonar como un concatenado rosario de tpicos sobre la
casa real espaola.
Desgraciadamente
para m, el resto de contertulios eran promonrquicos. Y, aunque ninguno de
ellos supo contarme con exactitud de las necesarias bondades de ser gobernados
por un rey, ante el cual debemos comportarnos como sbditos, no falt quien
nombr aquello de que Espaa le debe al rey el haber salido con bien del golpe
de estado del 23F, que ha sido un excelente relaciones pblicas en las
relaciones internacionales espaolas y por supuesto, aquello tan repetido de
el rey reina, pero no gobierna.
Como suele
suceder, tuve que explicar a alguno que ser republicano no significa
necesariamente ser comunista o socialista, ni compartir la defensa de la 2
Republica, desastre definitivo que finaliz en guerra civil. Hubo quien me
record que la Unin Sovitica tambin se defini como repblica y que presuma de ser democrtica;
a lo que contest con una cita de Ronald Reagan: La diferencia que hay entre
una democracia y una democracia popular es la misma que existe entre una camisa
y una camisa de fuerza
Con el
ambiente ms relajado, decid atacar por la frase hecha sobre el rey, y
pregunt: si el rey reina, pero no gobierna, para qu le necesitamos?
La
respuesta tard un poco en llegar: hombre, es que es como un smbolo, como
una referencia que nos une a los espaoles
Y no
podramos tener un smbolo que nos costase menos dinero y recursos que la casa
real? No tenemos un ministerio de asuntos exteriores para que sea, entre otros
cometidos, un relaciones pblicas con el extranjero?
Estuvimos
debatiendo durante algo ms de media hora. Durante ese tiempo pude comprobar un
curioso fenmeno. Ante la lgica de mis razonamientos a favor de un gobierno
que debe existir para gobernar, sin la necesidad de una figura superior cuya
utilidad yo cuestiono, no podan hacer otra cosa que darme la razn, pero
seguan siendo partidarios del rey por mera simpata.
Yo no os
pido que quemis fotos del rey, ni comportamientos extremistas de ese estilo;
pero contestadme a esto: al margen de lo simptico que es para vosotros, est
pagando vuestras hipotecas, para que salgis a la calle a aclamarle cada vez
que se muestra en un acto pblico? Est asesorando o trabajando para reducir
el desempleo? Tiene responsabilidad en la poltica econmica? En la
educacin? Ha tomado partido por el esclarecimiento de los casos de terrorismo
de estado de algunos gobiernos de Espaa? Defiende a la clase trabajadora? A
los empresarios? Est a favor del aborto o est en contra? Qu opina sobre la
poltica exterior de Zapatero, a favor de dictadores?
Es que el
rey no puede significarse Contest alguien.
Entonces,
para que est? Respond. El rey jur defender la constitucin del 78.
continu - Qu est haciendo ahora para evitar que el estatuto de Catalua no
reviente la constitucin y el principio de igualdad entre los espaoles y las
distintas comunidades autnomas?
S, s,
claro Si es verdad Pero no me vas a negar que Juan Carlos es muy campechano,
y le cae bien a todo el mundo
Yo creo que no pasa una sola semana que no recuerde, como ya he citado alguna vez, lo que me pregunt un conocido un par de das despus de la llegada de Zapatero a Moncloa, all por 2004.
Lo primero que le pediras a Zapatero?
Que no volvamos a los 80s. Que no revivamos el felipismo
Ayer, domingo, sin venir realmente a cuento, El Presidente Rodrguez Zapatero y su pandilla de incapaces fracasados ofrecieron una gran fiesta meditica para convencernos de que no pasa nada. Que todo est razonablemente bien. Que zapatero tiene la solucin a todos estos problemas que nos incomodan, tales como el desempleo o la crisis empresarial y econmica. Problemas que nunca llegaran a nuestra economa, economa de la champions, y que pasaran sobrevolando nuestro panorama laboral sin hacer apenas sombra.
El ltimo timo del mayor mentiroso de la historia reciente de Espaa se llama Economa Sostenible. Es la nueva ocurrencia de esta lacra de presidente que, todo hay que reconocerlo, puede presumir de mantenerse en el poder a costa de cultivar mensajes vacos entre su electorado de un modo tan eficaz que, an con lo que est cayendo, uno an encuentra a gente absolutamente convencida de que el desastre que vivimos es culpa casi exclusiva de los gobiernos de Aznar.
Hasta el da de hoy, de lo nico que podemos estar seguros, en lo que se refiere a las promesas socialistas, es de su nulo cumplimiento. Como se ha insistido tantas veces desde algunos medios, los resultados de las iniciativas promovidas por los gobiernos de Zapatero han sido, invariablemente, el fracaso y la discordia. Si de algo ha servido esta recesin que nos agobie ha sido para constatar que el mensaje de Rodrguez Zapatero, magistralmente dirigido a las masas en aquella campaa electoral previa a los atentados de Madrid, no era ms que un globo lleno de aire, rodeado de imagen y marketing y presentado con una absurda idea de necesidad de cambio.
No falt la lite de la demagogia a la fiesta socialista, adems de las viejas glorias, a las que nadie reprocha que aparezcan una y otra vez en los medios porque esos reproches son solo para Aznar. Viejas glorias que, en su da, dejaron Espaa arruinada, lo que no fue inconveniente para que Zapatero acudiera a ellos nuevamente, dejando bien patente con ello que no confiaba tanto en aquellas nuevas generaciones que en 2004 esperaban su oportunidad.
Un equipo de gobierno vaco, sin mritos, sin nada que aportar, pero radiante y orgulloso, hablaba ayer con los periodistas, mientras su lder clamaba desde su plpito contra una oposicin a la que culpa del aire de descontento que se respira en la calle. Quizs muchos espaoles no se den cuenta, o no quieran admitir, que las promesas de Zapatero no se cumplen. Ni las previsiones de la Vice Presidenta De La Vega, ni las del resto de comparsas, ministros, secretarias de organizacin y dems personajes que han prometido reiteradamente, cada mes y desde hace ms de ao y medio que la crisis mejorara en pocos meses.
Nos esperan meses de Economa Sostenible. Por descontado, ni gobierno ni sindicatos quieren or hablar de una nueva estructuracin del mercado laboral, ni de bajadas de impuestos, ni de otras medidas que s han demostrado obtener resultados, pero que les son malditas por ser liberales. De aqu a unas semanas habr pasado el efecto de este ltimo show en las filas de militantes y votantes socialistas. Habr que buscar otra cosa. Algn escndalo de corrupcin, un nuevo debate sobre ampliacin de aborto. Lo que sea. A parte de que no funcionan en absoluto, las ideas de corto recorrido tienen ese inconveniente: hay que pensar muchas y deprisa. Es como mantener encendida una hoguera con papeles, en lugar de usar de quemar madera.
Mi esposa
trabaja en una residencia de ancianos. Casi cada da me cuenta algn sucedido
con alguno de los residentes. Sus ancdotas, sus tristezas, alegras,
recuerdos.
A veces se
indigna al ver el comportamiento de algunas familias, que aparcan al abuelo o a
la abuela en un sitio donde no molesta, callando sus propias conciencias
comentando a sus vecinos que estn pagando una buena residencia. A veces me
habla de otras familias que ingresan a sus ancianos porque no pueden cuidar de
ellos constantemente, pero que les visitan casi cada da, y se los llevan
habitualmente de vuelta a casa para los das sealados.
Me describe
la tristeza de algunos de los mayores, recordando sus tiempos de juventud con
una nostalgia que no parece descansar ni en las horas de sueo. O me relata
cmo otros se ilusionan por hacer cosas an. Cuidar plantas, querer a un gato,
leer o pasear con los amigos.
Pero, si
algo me sobrecoge, es escuchar como alguno de los ancianos que sufren alzheimer
se adentra poco a poco en el tnel del olvido lento, progresivo y sin retorno,
de la realidad que le rodea, de sus recuerdos y de sus afectos.
Hoy he
visto una pelcula que tena pendiente desde hace un par de aos.
Y t
quien eres? narra el prembulo al camino sin vuelta a trs del alzheimer de un
anciano al que ingresan en una residencia para unas vacaciones de verano, de
modo que el resto de la familia pueda disfrutar de unos das de hotel y playa.
Manuel Aleixandre, como protagonista, interpreta al personaje principal, con la
colaboracin imprescindible del recientemente fallecido Jos Lus Lpez Vzquez
en el papel de compaero de habitacin. Dos maravillosos actores sobre los que
descansa el argumento.
Y t quien
eres no se adentra en el profundo y terrible mundo de la enfermedad. Narra los
prolegmenos; los inicios. La recomiendo. Es fcil de ver, porque no se trata
de una pelcula que incide necesariamente en la amargura. Parte del mensaje que
transmite, tan necesario hoy en da, es la ternura y el amor que el abuelo
despierta en su nieta, dispuesta a sacrificarse por l y permanecer a su
cuidado.
Que sirva
para concienciarnos de la tragedia que puede llegar algn da a nuestra
familia, o a nosotros mismos.
Jared es un amigo de Idaho que visita El Republicano Digital a diario. Vivi durante casi dos aos en Espaa. Le gusta leer la prensa espaola, aunque poco a poco ha ido discriminando los diarios que prefiere consultar, dejando de un lado los que l llama manuales polticos. Esta maana, a eso de las 6.30, le un mail que l me envi unas pocas horas antes.
Me habla, casi con espanto, de tantos casos de corrupcin como ha conocido en los medios digitales espaoles. Lo que ms parece impactarle es el elevado caso de polticos que estn mezclados es asuntos turbios. Considera ms normal, por explicarlo de algn modo, que ciertos hombres de negocios entren en el mundo turbio del dinero sucio, an a riegos de ser descubiertos. Pero, en lo que se refiere a los polticos y sus partidos, confiesa que, visto desde fuera, este pas al que tanto le gusta presumir de lo bien que se hace todo aqu comparado con lo mal que lo hacen los dems, americanos y europeos incluidos, parece reproducir una pelcula de esas en las que los capos mafiosos dirigen una ciudad, por encima del alcalde y el resto de mximas autoridades.
Reconozco que la comparacin duele, sobre todo viniendo de un extranjero que conoce bien esta tierra y sus costumbres. Si fuera la opinin de un turista que viene por dos semanas a visitar playas y bares, para volver despus a su casa a contar a sus vecinos como de baratas son aqu las borracheras, y lo fcil que sale uno de comisara despus de haber provocado algn altercado, pues me dara completamente igual.
El caso es que un americano suficientemente objetivo y culto, a la vez que enamorado de lo bueno de Espaa, ms conocedor de su historia, costumbres y gastronoma que muchos espaoles, me plantea un anlisis que coincide punto por punto con lo que yo estuve hablando con otro amigo tan solo un par de semanas antes. l formula la siguiente pregunta: Cmo puede Espaa soportar todo esto?
La conclusin es muy interesante. Creo que muchos hemos llegado tambin a ella, pero no parece que seamos los suficientes como para mover las conciencias necesarias.
El espaol medio no tiene costumbre de ser, o no quiere ser, un ciudadano consciente de sus obligaciones, pero tampoco de su verdadero poder y derechos. El espaol medio no piensa como un ciudadano del que emana la soberana ni la facultad de elegir gobernantes a los que exigir dedicacin, honradez y diligencia. El espaol lleva siglos siendo vasallo de sus gobernantes, porque vive en un pas donde los primeros y principales derechos en tenerse en cuenta son los de el estado, el gobierno y los poderes que, dicho sea de paso, no mantienen la separacin e independencia deseadas.
El espaol paga sus impuestos porque pap estado, el omnipresente y omnipotente gran hermano que le tutela, le obliga a ello, ofrecindole despus la ilusin de que le regala los servicios necesarios por la intrnseca magnanimidad del sistema. El espaol medio no es consciente de que el bienestar del que pueda disfrutar en ocasiones proviene precisamente de su propio dinero, el que pap estado le resta de su nmina y dems impuestos que le cobra a diario, como tampoco termina de ser consciente de que un presidente, un rey, un alcalde o cualquier otro mandatario deberan estar obligados a servir al ciudadano antes que pasear en lujosos vehculos oficiales, vivir en mansiones, comer en restaurantes caros y veranear en lugares bien aislados del comn de la gente.
El espaol medio desprecia, pero solo de palabra, que sus dirigentes sean distantes como una casta superior a la que aclamar a su paso. Pero el espaol medio no se atreve a defender sus propios derechos, que deberan ser irrenunciables. Parece que le avergenza exigir atencin porque paga sus impuestos, que es cosa de extranjeros y queda muy bien en las pelculas americanas.. Soporta con enfado, pero soporta, que la clase poltica se vea salpicada a diario, casi literalmente a diario, por asuntos sucios. Para un espaol medio los sinnimos ms prximos a ayuntamiento, sea ste de un pueblo o de una gran ciudad, son trminos que definen delitos o conductas reprochables, como corrupcin, cohecho, prevaricacin, trfico de influencias, nepotismo, amiguismo, contrataciones irregulares, abuso de poder etc. El espaol medio asume todo esto como un mal con el que hay que convivir, y renuncia a movilizarse para exigir a sus dirigentes lo que ellos deberan ofrecer por s mismos. Todo esto se ha hecho bien patente en estos dos ltimos aos de tremenda crisis, durante los cuales los poderes que deberan haberse contrarrestado por el bien y la estabilidad de la sociedad no han hecho otra cosa que protegerse entre ellos para asegurar sus intereses y modo de vida. Gobierno, sindicatos, partidos nacionalistas, oposicin, la corona, gran parte de los medios de informacin todos procuran mantener el tipo con buenas palabras, iniciativas intiles que no llevan a ningn sitio ni solucionan los problemas ms urgentes. Y lo seguirn haciendo, porque saben bien que la sociedad, el conjunto de ciudadanos que les sostiene, no ve ms all de sus propias quejas y lamentos, sin atreverse a ponerse en pi para exigir a los que viven su costa que tomen la direccin de este barco que va directo al abismo.
Yo coincido punto por punto, habiendo visto Espaa desde dentro y desde fuera. Y me ratifico en lo que dice Jared refirindose a los ltimos aos de crisis. El espaol medio se queja, no muy alto, pero no se mueve. Quizs, para llegar a ese extremo, el espaol medio tenga que ver su refrigerador vaco, la electricidad cortada y su propia casa embargada.
ZAPATERO Y LOS SINDICATOS EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS
Si la clase trabajadora espera que los
sindicatos mayoritarios la defiendan como necesita, puede esperar
sentada. Los sindicatos son, desde hace tiempo, la punta de lanza del
encabronamiento sistemtico del dilogo social.
Ni UGT ni CCOO,
con sus ejrcitos de liberados sindicales, transmiten la confianza
necesaria para quienes ms les necesitan ahora: los desempleados.
Zapatero pidi cario a las centrales sindicales. stas le dan mucho
ms. Estn dispuestas a arrasar a quien se atreva a dudar de su amado
lder.
Piensen por un momento qu habra sucedido hoy en Espaa
si, en lugar de un sindicalista garbancero, hubiera sido un derechista
el que hubiese proferido la zafiedad
de la que an horas despus se senta orgulloso quien la proclam . De
nuevo se cumple la tcita mxima que asegura sin error que a la
izquierda se le permite todo.
Para Jos Ricardo Martnez,
sindicalista mononeuronal (por concederle alguna funcin cerebral,
aunque sea primaria), Miguel ngel Fernndez Ordez no entiende nada
de economa. Es exactamente la misma y reciente lnea de comportamiento
que ha mostrado Elena Salgado, Vicepresidenta Econmica del gobierno,
que ha logrado superar al anterior Solbes en ineficacia manifiesta.
Salgado reconoci hace escasas horas que la recuperacin econmica de
Espaa ser un camino arduo y largo; mucho ms complicado que para los
pases que ya estn viendo signos de recuperacin. Es decir; reconoce
ahora exactamente lo mismo que ya avisaron la semana anterior el FMI y
otros organismos econmicos, adems de Fernndez Ordez, cosa que a
ella tanto molest entonces.
El problema de este gobierno no es
solo la inutilidad solemne de la que hace gala a la hora de tomar
decisiones en tiempos de crisis. Es desesperante comprobar cmo las
reas de trabajo, defensa, economa... son regidas por ministros y
miembras que no dan una a derechas, que dilapidan el dinero que les
asigna Zapatero con su extrao criterio. El problema que nos est
costando a los espaoles el desmoronamiento diario de nuestro estado es
que Rodrguez Zapatero, su gobierno, sus partidarios y los sindicatos
viven apartados de la realidad, ms ocupados de flotar en su cuento de
hadas, quizs seguros (y puede que tengan razn) de que su nicho de
votos incondicionales les respaldan para conducir a Espaa del modo que
lo hacen.
Mientras la economa segua funcionando bien, debido a
la inercia de aos anteriores, Zapatero y su mundo eran felices,
proponiendo, haciendo, deshaciendo y modelando nuestra sociedad a su
antojo y al de los colectivos que tanto apoyaron a ZP en 2004. Hoy,
como hace dos aos, el barco hace agua; pero el Presidente de Gobierno,
y por contagio toda su corte, sigue pensando que la nave es
insumergible. Lo mismo pens el armador del Titanic: "A este barco no
lo hunde ni Dios".
Aviso a conformados, partidarios e
indiferentes. Como habrn podido observar, no hay crisis. No hay
recesin. No hay desempleo, ni ruina, ni cierre de empresas, ni prdida
de poder adquisitivo, ni nada de eso que decan los crispadores que
llegara. Todo est bien y Zapatero tena razn entonces, como la tiene
ahora. As que el Sr. Ordez se vaya a su pxxx casa. Que el FMI no
tiene ni idea. Que la subida de impuestos, primero temporal y ahora
fija y bien agarrada a nuestras rentas, ser nuestra salvacin.
Lo ha dicho Zapatero. Y Zapatero nunca miente. Motivos para creer.
Hoy nadie
puede negar que buena parte de nuestros adolescentes y jvenes ya no son
conscientes de que sus propias acciones deberan tener consecuencias. Es decir;
que si agreden, roban, asaltan, violan o matan, no tienen porqu pagar mayor
castigo que unos meses de internamiento en algn centro especial, libertad
vigilada en sus propias casas y una posible bronca por parte de sus padres.
De
acuerdo. Reconozco que no estn del todo faltos de razn quienes claman por
hacer responsables a los padres de un anormal que quema un autobs, que golpea
al dependiente de un comercio, o que viola a una nia. Yo soy el primero en
sentir rabia con cada uno de de estos casos, que saltan a titulares con la
misma celeridad con que desaparecen de nuestros recuerdos. Pero hay un matiz
que me preocupa, matiz del que nadie parece hacerse cargo.
Sera
siempre justo hacer responsables civiles a los padres de un bruto incontrolado?
Rotundamente no.
Seguramente
todos conocemos casos de algn joven que ha vivido en una familia que, en el
mejor de los casos, le ha enseado el mejor modo de desvalijar la caja de un
supermercado, o como cortar la cocana del modo ms rentable. Ante casos como
este, no hay duda de que el propio entorno ha influido para crear un
delincuente.
Pero
reflexionemos sobre otros casos. Me consta, porque conozco algunas, que existen
situaciones familiares de padres que se han esforzado en educar a sus hijos en principios correctos. Padres que
no entienden por educar bien ni ensear a golpes, ni tampoco acomodarse a que
su hijo crea que su familiar mas querido en casa sea la TV. Padres que se han
esforzado durante toda una vida para que todos sus hijos tuvieran lo necesario,
entendiendo por ello el deber de proveer para su familia, tanto en lo material
como en otros aspectos trascendentes. Y en esos casos a los que me refiero,
algunos adolescentes, pese al entramado de principios de unin familiar, de afecto
por el estudio y el trabajo, de responsabilidad y hbitos sanos, sienten
preferencia hacia lo srdido y lo malo.
En
semejantes condiciones las leyes no pueden castigar a los padres por los actos
de sus hijos. Sera exactamente lo mismo que culpar a alguien por los delitos de su hermano. Las
leyes, que deben garantizar siempre los derechos del inocente, no pueden
arremeter contra los inocentes padres de un asocial embrutecido.
Hace
mucho tiempo que defiendo el siguiente concepto: El menor delincuente debe
pagar siempre por sus actos malvados si est en edad de responsabilidad. Hablar
a favor de esta tesis me ha merecido no pocos descalificativos por parte de
personas con cierto modo de pensar, pero
son esas mismas personas las que, en dos situaciones que yo recuerde,
son las que se han vuelto completamente radicales contra jvenes delincuentes
cuando stos les han perjudicado.
Bajo mi
punto de vista, el menor no puede ser irresponsable de sus delitos, por el
simple hecho de ser menor. Un nio de ocho aos, edad en la que en la mayora
de los casos ya se posee un mnimo de responsabilidad para discernir entre lo
bueno y lo malo, sabe perfectamente que pegar a alguien o robar en una tienda
son malos comportamientos. Lo peor que se puede hacer, si esto ocurre, es crear
en el joven delincuente la seguridad de a l no le suceder nada, que no tendr
que cargar con las consecuencias de su accin, porque otros, sus progenitores,
sern penados por las autoridades. Semejante error cometido por los adultos
fomentar en el nio y el adolescente un sentimiento de impunidad que,
posteriormente, ser muy difcil corregir, precisamente por que el delincuente
crecer creyendo que todo le est
permitido.
Frente a
quienes piden que los padres se hagan cargo de los desmanes de sus hijos, pero
ms an contra quienes pretenden sobreproteger al menor delincuente frente a
sus responsabilidades, yo aseguro que es posible aplicar una ley justa y
restitutiva frente a los delitos cometidos por esta nueva generacin de
asociales que protagonizan las noticias de los medios con demasiada frecuencia.
Si
buscamos el ejemplo de un nio de catorce aos que ha causado daos en una
propiedad privada o publica, no habra peor castigo para l que tener que
responder con su trabajo para la reparacin del dao causado. Y si para esa
reparacin es necesario que este nio de catorce aos tenga que trabajar dos
horas diarias, cinco das por semana, ,durante siete aos, para que el cmputo
de su trabajo sea equivalente al destrozo causado, no veo la razn por la que nadie pueda asegurar que
tal tratamiento pueda suponer una humillacin para dicho nio; al contrario, es
muy posible que, ya con veintin aos, y durante todo ese tiempo de esfuerzo,
l haya tenido la oportunidad de aprender que, verdaderamente, sus actos tienen
consecuencias, y los daos deben ser reparados, adems de la labor
ejemplarizante que todo ello pueda ejercer sobre otros individuos.
Normalmente,
defender este punto de vista obtiene decenas de comentarios contrarios, por no
hablar de insultos, por cada palabra de apoyo. Esta la otra cara de este
horrible problema. Mientras por un lado los jvenes delincuentes cargan con
castigos consistentes en dos o tres meses de no salir con los amigos, con la
lstima de desnaturalizados padres que, contra el juez, opinan que es una pena
impuesta demasiado dura para sus hijos, otra parte de esta sociedad tarada en
la que vivimos cree que imponer al delincuente un justo castigo es poco menos
que una actitud fascista.
Ante
nuestros ojos est el fruto de este modo de pensar y de actuar, esa actitud de
esconderse ante una realidad que ellos han contribuido a crear.. Los padres que
no conceden ninguna autoridad al profesor que les avisa que su hijo es un
completo gamberro, son los que luego niegan a la polica que su hijo se
emborracha y crea desordenes en las calles, aun estando registrado en un vdeo.
Pocos aos despus son los que tolerarn, con su silencio, que sus propios
hijos puedan ser maltratadores en su matrimonio, o cosas an peores.
En
definitiva, estoy completamente convencido de que si nos ponemos a corregir los
problemas y errores que nos han llevado a la situacin que vivimos hoy en da,
no podemos pasar por alto la reforma de
nuestro sistema legal y la educacin de los padres, educadores y legisladores
en verdadera responsabilidad. Creo que el concepto de reinsercin, en el que
algunos tanto hacen hincapi, no debe ser el principal en esta cuestin. Antes
que reinsertar a alguien del que no se tiene a priori ninguna garanta de
arrepentimiento, es necesario atender al agredido y procurar restituirle el
dao recibido. Y esto, en Espaa, no sucede tantas veces como sera necesario.
En Espaa, la vctima suele quedar con sensacin de indefensin e injusticia,
mientras contempla cmo su agresor es protegido por conceptos legales que evitan,
precisamente, que ste tenga que hacer frente a sus responsabilidades.
Como
segunda consecuencia, queda la desconfianza, bien ganada a pulso, que sienten
los que han buscado amparo en las leyes y se han encontrado con la burla de los
delincuentes que, incluso ante el juez, se jactan de ser menores para pagar por
sus delitos.
Hemos
odo muchas veces decir a ciertos polticos, justo despus de haber sucedido
alguna tragedia causada por nios o adolescentes, que no es bueno legislar en
caliente. Pero son estos mismos polticos los que, en fro, tampoco son
capaces de tomar decisiones que puedan costarles los votos de padres de
conciencia tan elstica como la de muchos legisladores. En realidad no se trata
tanto de legislar en caliente o fro, como de legislar con discernimiento y al
margen de tpicos y extraas pedagogas que parecen diseadas por enemigos de
la vida familiar.
Ahora, en
este ltimo prrafo, djenme contarles un pequeo secreto. Escrib este
artculo el 27 de mayo de 1998. Nada a
cambiado a mejor desde entonces.
ZAPATERO: EL CAMBIO CLIMATICO ES UNA DE LAS CAUSAS DE LA
La carrera
de modernizacin que emprendi Espaa a principio de los 80s no acab con todos
los tpicos del espaol medio. Alguno queda, aunque hace ya veinte aos que los
nios desayunan tantos cereales con leche como galletas con Colacao y el
bocadillo de calamares haya perdido la batalla contra los burgers.
Quizs ya
no exista, tierra adentro, el prototipo de cateto espaol. Pero en el
extranjero, sobre todo en pocas de vacaciones y en poltica internacional, el
cateto, el palurdo, el ignorante que da lecciones de todo aunque nadie se lo
pida, el que pretende arreglar las cosas o ensear a cocinar a los que viven en
otros pases, ese tipo de cateto se ha multiplicado por muchas cifras en los
ltimos treinta aos.
Leer que
Zapatero asegura en Estados Unidos que el cambio climtico (ya no existe el
calentamiento global, claro) es, en parte, culpable de la recesin, y recordar
cierta ocasin que viv en Zurich, viendo a un buen grupo de espaoles vaciando
una maquina de tabaco, en la calle, usando las antiguas monedas de cinco
pesetas, que coincidan en tamao y peso con las de un franco, llevndose casi
gratis todo un cargamento de cigarrillos cuyas marcas eran carsimas en Espaa,
ha sido todo una concatenacin de sentimientos y recuerdos. Quizs porque
tambin asoci la sensacin de vergenza por ver a aqul montn de catetos
vociferantes, dando la nota en plena calle, adems de defraudando a los
hierticos suizos, con la perplejidad, y tambin cierta vergenza, por asistir
de nuevo a espectculo de ver a Rodrguez Zapatero, nuestro cateto por
excelencia (solo igualado por Moratinos), en Pittsburg, clamar por la alianza
de civilizaciones con el Islam ese Islam que respeta lo mismo a occidente que
a las musulmanas adornando el discurso en esta ocasin con un toque
medioambiental ecologista con el que busca concienciar a la humanidad de que el
clima global conspira contra la economa mundial.
Mucho
cuidado. O, como deca un profesor de mi adolescencia en Santa Cruz de la
Palma, pocas tonteras con la cosa esta. Como el discurso de Zapatero comience
por estos derroteros econmico climatolgicos, no pasar mucho tiempo antes de
que, con uno de sus decretos ley al estilo TDT de pago, abandonar el laicismo
beligerante para instaurar en Espaa el culto evomoralista a la pacha mama como
religin oficial y de obligado cumplimiento. Pocas tonteras, que la cosa esta
se ve venir. Aunque, si nos referimos a futuribles sobre el gobierno
socialista, ms que se ve venir, esta cosa es de temer.
La
locuacidad del presidente espaol ha desaparecido en cuanto algunos periodistas
le han preguntado por las inminentes subidas de impuestos. Solamente se ha
expresado para reiterarse en su mensaje de que sern las rentas altas las que
contribuirn con un mayor esfuerzo para proveer las arcas pblicas. Lo que en
economa prctica se traducir, pese a las negativas socialistas, en mayor
presin sobre las clases medias y trabajadoras, dndose adems la paradoja de
que los grandes patrimonios se vern exentos de los prximos incrementos fiscales.
Si algo
ha quedado absolutamente claro durante este ltimo mes es que pagaremos ms por
muchas cosas. Nos ser an ms caro vivir en lo que nos quede de recesin, que
ser bastante ms que a otros pases con los que nos gusta compararnos,
posiblemente para que no nos comparen con los pases a los que no nos gusta
parecernos. Espaa sigue exportando catetos. De hecho, hemos logrado apalancar,
como invitado en Pittsburg a nuestro cateto mximo. Al que rompe todas las
reglas y teoremas. El nico cateto espaol que podra exceder a la suma de dos
hipotenusas sin apenas esfuerzo. El delirio de Pitgoras.
EL REGIMEN DE EVO MORALES SUBVENCIONADO CON DINERO DE TODOS LOS ESPAÑOLES.
Un recuerdo
rondaba por mi memoria durante la corta, afortunadamente corta pero
suficientemente rentabilizada visita de Evo Morales a Espaa. No acababa yo de
localizar en mis recuerdos cmo fue exactamente la cosa, as que no me decida
escribir sobre el particular.
Pero mi
aficin a la lectura me dio la solucin el recuerdo ms bien de aquella
incgnita que yo no acababa de solucionar. Y es que, cuando no tengo ningn
libro nuevo que llevarme al intelecto, como hubiera dicho un amigo que ya no
est, elijo uno al azar entre los que ya he ledo. No es un mal sistema. Les
confieso que tengo algunos ejemplares ms que reledos. Los libros son, en eso,
como las buenas pelculas; cada vez que los repasas descubres nuevos matices.
Durante
esta semana, a ratos libres, vuelvo a leer, creo que por cuarta vez, De la
noche a la maana, el milagro de la COPE. El ejemplar corresponde a la cuarta
edicin, de octubre de 2006, y en sus pginas 570 y 571 Federico Jimnez
Losantos explica un suceso protagonizado por el Grupo RISA, en el que uno de
los humoristas telefone a Evo Morales, recin vencedor entonces de las
elecciones generales bolivianas, y elevado a los altares del indigenismo
antiespaolista.
El
humorista, genial imitador de Rodrguez Zapatero, felicit a Evo, que respondi
agradecido. De pronto, en medio de aqul dilogo alucinante, el boliviano
desvel algo que en pocas horas se convertira en un autentico escndalo,
reducido despus a la nada mediante una agresiva campaa progresista contra
Grupo RISA, Losantos y COPE, orquestada por el Gobierno y sus medios
sirvientes, empeados todos en que Evo Morales protestara diplomticamente
contra los autores de la broma; cosa que no lleg a suceder.
El secreto
desvelado entre risas y complacencias que se dirigan el indigenista y el falso
presidente del talante no fue otra cosa que la maniobra de Bernardino Len,
segundo a bordo del Ministerio de Exteriores, quien haba prometido a Morales
que, de ganar ste las elecciones, el Gobierno ZP condonara, como mnimo, la
mitad de la deuda que Bolivia tena contrada entonces con las arcas espaolas.
Una rastrera maniobra, con el dinero de los contribuyentes espaoles, que
buscaba participar en la campaa electoral de un pas extranjero, favoreciendo
a uno de los candidatos. Y los hechos dieron la razn, no hace muchos das, a quien la tena.
Ah est el
recuerdo que yo no acababa de recuperar. La visita de Evo Morales, a quien hay
que reconocer el mrito de haber eclipsado, con sus propias gansadas, la
inmediatamente anterior visita del indeseable Chvez, ha sido rentable. Ya sea
por haber sacado dinero a los espaoles a los que desprecia, o por no tener que
devolverlo; tanto da. El caso es que la poltica internacional de Moratinos, y
de su jefe Zapatero, colocan de nuevo a Espaa frente a la humillacin de tener
que soportar las veleidades de un tipo que, al final y para variar, nos chulea
la pasta.
Dinero
perdido, del que no andamos sobrados. Dinero malgastado para favorecer a uno de
esos antiespaoles que tanto gustan a la derrochadora progresa espaola.
17 OCTUBRE DE 2009. MANIFESTACION EN DEFENSA DE LA VIDA, LA
Que
Zapatero menosprecie a quienes defendemos los derechos del no nacido es algo
tan normal, que lo contrario sera un suceso digno de un largo documental
monogrfico sobre sucesos paranormales. Poco ms, bien poco, se puede esperar
de este socialismo disfrazado de socialdemocracia a la hora de defender
derechos fundamentales del individuo, a no ser que la percepcin de esos
derechos pase por la indefensin del inocente, el ataque sistemtico a las
familias y el desarraigo moral y tico de la infancia por medio de planes
educativos delirantes.
Pero que
Mariano Rajoy, quien debera asistir como lder del PP, aunque solo fuera por fingir
que defiende una ideologa de cuyo peso no puede prescindir el Partido Popular,
haya adelantado que no estar presente en la manifestacin pro vida de Madrid
del prximo 17 de octubre, supone una nueva declaracin de intenciones que
despeja muchas dudas sobre la actitud de Rajoy y sus partidarios en cuanto a
asuntos tan importantes y crticos como el aborto y la utilizacin meditica y
partidaria que de ello hace el Gobierno, el PSOE, y sus medios afines y
advenedizos.
Este
comportamiento parece acercar un poco ms la posicin de Rajoy al centrismo de
Galardn. En palabras del lder popular, no piensa asistir a la concentracin
de Madrid para que sta no se politice. Mal asesorado est. El acto de Madrid
ya est politizado. Para el diario El Pas, quienes organizan el encuentro y
quienes asisten son ultras, que es como gusta denominar la izquierda a todo
el que se desve del pensamiento nico que se intenta imponer en todas las
capas sociales desde hace mucho tiempo. Para la cadena SER, Cuatro y La Sexta,
la noticia pasar casi desapercibida, o la enfocarn hacia los tpicos que la
totalidad de la derecha espaola tiene que soportar, acomplejada y sin mostrar
el valor suficiente para quitrselos de encima. Quizs sean esos complejos los
que han pesado ms en la balanza de Rajoy, tomando ste la decisin de no
hacerse presente para que su imagen no aparezca en los medios asociada a los
anticuados, franquistas y todo tipo de extremistas que los medios de izquierda
resucitarn el 17 de octubre, para restar importancia al hecho de que una
cantidad ingente de espaoles de toda la nacin se manifieste contra las
decisiones arbitrarias y sin sentido que este gobierno socialista est tomando
sobre la vida humana con la misma ligereza con la que se elije el color de una
cortina o una talla de pantaln.
La
Manifestacin en defensa de la Vida, la Mujer y la Maternidad, est tan
politizada que solo asistirn quienes se esfuerzan en defender principios que
solo parecen tener verdadera importancia para ciertas opciones polticas, las
cuales se dejan la piel por reivindicar los derechos de los indefensos no
nacidos, de las madres que no desean abortar, y de las familias que tienen
mucho ms derecho que un grupo de polticos mediocres a decidir sobre las
menores de edad que puedan estar embarazadas.
Si Rajoy
no se desdice, si no rectifica, habr fallado a muchos que an le ven como
lder de una alternativa al socialismo infanticida de Zapatero, De La Vega,
Pajn y Ado. A otros no nos habr sorprendido con su decisin de desmarcarse de
un asunto tan importante y trascendente como el que motiva esta movilizacin en
Madrid, porque tampoco ha demostrado el valor ni la voluntad suficientes para
incidir en otros captulos de la historia reciente, dejando que sean
periodistas y comunicadores quienes peleen solos ciertas batallas en las que l
y su equipo inmediato deberan estar al pie del can. Pero ya se sabe que en
la historia reciente de Espaa, en ciertas ocasiones, ha hecho ms el
periodismo libre que los polticos dciles.