Este mensaje fue publicado por primera vez en el Foro de Libertad Digital el 1 de octubre de 2003.
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Colectivismo electoral...
Enviado por Carolux en 2003-01-10 00:11
Bueno...
Ya está aquí el órdago de los nacionalistas.
Frente al desafío nacionalista, y otros problemas también gravísimos, nuestro SISTEMA ELECTORAL, que es un notorio fraude de los más básicos principios democráticos, se sostiene porque sirve eficazmente a los intereses de ciertos individuos pertenecientes a grupos fuertemente cohesionados. Como:
1) Los aparatchiki de todos los partidos políticos. Al bloquearse (mediante el mismo SISTEMA ELECTORAL amañado que es el sostén imprescindible de sus tropelías y corrupciones) la aparición de discursos y líderes políticos de integración comunitaria realmente convincentes, la gente se ve obligada a escoger entre las escasas y miserables opciones que se le ofrecen, y de las que ellos son los oligopolistas.
2) Magnates de los medios de comunicación que obtienen un siniestro poder extra de chantaje sobre los representantes políticos debido a la debilidad del vínculo elector-elegido.
Poder que emplean, a menudo, en difamar e intimidar a los que les son menos manejables (debido a que tienen criterio propio, principios o escrúpulos morales) y promocionar a los que les son más serviles (debido a que no los tienen).
3) Proteccionistas y ventajistas de todo tipo, que ven incrementada enormemente su capacidad de coacción: activistas de la antiglobalización, agricultores que rechazan la llegada de competencia del tercer mundo, corporativistas como los de diversos colegios profesionales, trabajadores apalancados en sectores trufados de regulaciones políticas con capacidad de dañar al público con sus acciones de presión, comerciantes en contra de la libertad de mercados y horarios, “empresarios” ventajistas ávidos del apoyo de los políticos ante la competencia, “artistas” devotos de la “excepción cultural”...
4) Demagogos colectivistas “de izquierdas”:
- Como esos que todo lo arreglan con más gasto público y más intervencionismo. Quitando el dinero a “los que más tienen” para dárselo a “los que menos tienen”. “RE”-distribuyendo la riqueza para una mejor “justicia social”. Y ya se sabe: el que parte y reparte...
Ellos, y sus mentores en los medios de comunicación, encandilan fácilmente a un gran número de personas educadas en la irresponsabilidad, el gregarismo, el resentimiento y el afán de rapiña de los recursos económicos de sus conciudadanos.
(Bueno... dentro de este grupo lo de la cohesión es más discutible, como se ha visto en la Asamblea de Madrid, puede haber trifulcas con el reparto)
- Otros aprovechados con otras variantes de los discursos ”progresistas”: abundantes llorones en las CC.AA. de menor riqueza, administradores y beneficiarios de subsidios de toda laya, ecologistas “profesionales”, listos vividores como los gestores de muchas ONG, numerosos funcionarios (especialmente entre sanitarios y educativos)...
5) Demagogos colectivistas nacionalistas, en sus variantes:
- Racistas como la inmensa mayoría de los nacionalistas vascos.
- Administradores de astutas estrategias bien asentadas. Es el caso de inteligentes reaccionarios como muchos nacionalistas y regionalistas, sobre todo entre los que actúan en Cataluña.
Personas que estiman que, en esta gran pelea de todos contra todos, la mejor trinchera para el que cree que tiene mucho que perder (y para los más cínicos incluso mucho que ganar) es el discurso localista demagógico y sentimental cuyo trasfondo esencial es que el gasto público, alimentado por la presión fiscal que se haya de soportar, sea lo más cercano posible.
Vienen a cavilar que, si no se puede resistir al colectivismo demagógico de la cultura de fondo dominante, lo mejor es agazaparse en el más próximo a sí mismos que resulte políticamente viable en cada momento.
Si además él y las personas que le importan cuentan con títulos de privilegio en el escenario promocionado (por “lengua” materna, por “estirpe” familiar) frente a terceros presentes o por venir, pues mejor aún.
Además todo este estado de cosas permite crear, ocultar y proteger en la maraña de autoridades e instituciones superpuestas y enfrentadas los más variados privilegios y prebendas.
Así como bloquear cualquier reforma que accidentalmente quiera remover alguno de ellos. Ese fue el caso de las reformas del suelo, de horarios comerciales y grandes superficies (exitosamente obstaculizadas en Cataluña “en defensa de esa institución tan catalana del botiguer”... y a costa de esa otra institución tan universalmente humana del consumidor).
En la Italia y en la Alemania de principios del siglo pasado se demostró que los administradores de estos discursos colectivistas ombliguistas pueden ganar por la mano a los de los discursos colectivistas marxistoides en lugares con amplias clases medias.
Frente a los melindres igualitaristas y fútiles sofismas de los herederos de Marx y Lenin se impone (sobre todo entre los jóvenes sometidos a una educación envilecida) el superior cinismo y brutal simplismo del discurso de los herederos de Herder y Gobineau (o de sus imitadores Prat de la Riba y Arana).
Con técnicas adecuadas de propaganda, alienación y exclusión social del disidente, casi todas ellas tomadas de entre las clásicas de los marxistas (que en la primera mitad del siglo XX ya fueron copiadas ventajosamente por los fascistas y los nazis) se puede llegar a tener un gran éxito con esta estrategia como se manifiesta en Cataluña, y en un modo más brutal, al añadirse el terror a morir asesinado, en el País Vasco.
Con un costo claro a medio y largo plazo: la esclerosis económica y el empobrecimiento cultural y humano. Y lo peor de todo: el sufrimiento infligido a las personas y el peligro intensificado de enfrentamientos violentos a gran escala.
Pero con mezquinas ventajas materiales a corto plazo para algunos.
Los anteriores no son compartimentos estancos. De hecho lo más común es que varias de las características anteriores se den a la vez en la misma persona. En el País Vasco hay sujetos que las reúnen casi todas...
Es una cuestión de miedo a la libertad y a la competencia.
De decantación por el ventajismo político y el juego sucio, tramposo, en las relaciones humanas, sociales y económicas.
Los más despabilados son cínicos aprendices de brujo que creen (no se puede descartar que acertadamente a corto plazo) que son capaces de “manejar la situación” en su ruin beneficio, minimizando los daños colaterales... sobre todo si esos daños colaterales recaen, en su mayor parte, sobre otras personas.
Los más estúpidos, la mayoría (sobre todo entre los más jóvenes), están embrutecidos por una educación y propaganda infame que les ha hecho creer que por haber nacido en un determinado lugar, pertenecer a una supuesta extracción social o cultural, o descender de una determinada estirpe, son la sal de la tierra.
En última instancia se trata de visiones pesimistas de la vida y sobre todo de los otros seres humanos. Condenándose, el que las sustenta, a considerar a todas las personas que no son “de los suyos” meros instrumentos u obstáculos para sus fines, despojándoles de su condición de seres humanos semejantes a sí mismo con sus mismos derechos y obligaciones.
Y aún aquellos, “los suyos”, son susceptibles de convertirse en “traidores”...
En fin: la habitual miseria vital del colectivista.
Afortunadamente el anhelo de Libertad del ser humano es poderoso. Mientras haya un mínimo de condiciones democráticas (como es nuestro caso) toda situación puede mejorarse y, mal que bien, siguen presentes, en potencia o en torturado desarrollo, las semillas de las soluciones.
Merece la pena esforzarse por mantener ese mínimo de libertades.
Pero es muy lamentable (hasta trágico en muchos casos concretos) que renunciemos a mejorar las instituciones que han conseguido que nuestro mundo sea el menos indecente que haya conocido el ser humano.
La magnífica prosperidad económica y científica propiciada por los mejores valores surgidos en Occidente ha creado una creciente aceleración de los acontecimientos y desafíos, y también un enorme potencial de recursos susceptibles de ser empleados con propósitos destructivos en una escala, hasta hace poco, inconcebible.
Todo esto hace sumamente perentoria tanto la mejora de la calidad de los representantes políticos como el incremento del control de los ciudadanos sobre sus mandatarios; y multiplica las consecuencias perniciosas de los defectos de los sistemas electorales, sobre todo frente a los problemas más insidiosos.
La democracia provee de los medios para defender y expandir la Libertad. Pero su eficacia en esa labor depende de lo cercano que esté el SISTEMA ELECTORAL a los principios que siempre se ha considerado que deben regirlo.
La solución es incorporar al SISTEMA ELECTORAL las mejoras que se derivan de la observación de otros mercados venturosamente más libres.
Pues la representación política se puede contemplar, en mi opinión muy fructíferamente, como un mercado más.
No es extraño que los que más denigran la libertad de mercado, los más intervencionistas, sean los mayores beneficiarios del SISTEMA ELECTORAL tan deficiente que sufrimos, cuya índole se puede resumir en una frase: oligopolio de los aparatchiki de los partidos políticos.
Y su mayor triunfo es el eficaz escamoteo, ante el público, del origen de sus iniquidades.
Escamoteo que alcanza incluso a los más conspicuos defensores de la Libertad y de la Sociedad Abierta, que pierden el tiempo y las energías en minucias, haciendo en lo esencial el juego a sus adversarios.
Dejando sin atacar, con la tenacidad imprescindible, el origen del problema: el SISTEMA ELECTORAL.
Es lógico que los colectivistas “progresistas” y nacionalistas sean partidarios del colectivismo electoral que sufrimos: encaja con sus posturas ideológicas y les otorga privilegios decisivos.
Que los proteccionistas y otros ventajistas estén cómodos con él: es muy difícil que con un sistema tan ineficiente, y proclive a las presiones ilegítimas, se revelen y destruyan sus prebendas.
Que los medios de comunicación no traten casi nunca el asunto: con un sistema mejor a sus amos les sería mucho más complicado continuar en su papel de “muñidores de reyes”, perdiendo las prerrogativas y perversas satisfacciones que obtienen con ese rol.
Y también que los aparatchiki de todos los partidos ni se planteen su reforma: les va sus canonjías y su modus vivendi en ello.
Es natural que todos ellos lo apoyen de consuno.
Pero, ¿cómo es posible que los que se erigen en partidarios de la Libertad no adviertan que esa es la esencia del SISTEMA ELECTORAL y que, debido a su extrema trascendencia, es imperativo que sea el primero de los colectivismos a combatir?
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