Conceptos esparcidos

Página pricipal del blog


Enviado a las 10/05/2008 18:05:37
11 de mayo: un aniversario para la 'Memoria Histórica'
   

11 de mayo: aniversario para la Memoria Histórica

 

Photobucket

Stanley G. Payne

 

Don Stanley G. Payne, historiador e hispanista estadounidense, publica hoy en La Razón un artículo titulado: Aniversarios: 14 de abril y 11 de mayo, en el que, al tiempo que nos recuerda que mañana se conmemora el septuagésimo segundo aniversario del inicio de la quema de conventos y de iglesias por parte de la II República española,  viene a coincidir en el revisionismo histórico con Pío Moa y a criticar el sectarismo del Gobierno socialista que padecemos en lo que respecta a la Ley de la Memoria Histórica.

Como el señor Payne es, además de doctor en Historia y profesor emérito en la Universidad de Wisconsin–Madison, extranjero, a la caterva de reaccionarios de izquierda que, aparte de no saber hacer la O con un canuto, asumen como dogma su visión falsa de la II República española y de nuestra Guerra Civil, le va a resultar más difícil hincarle el diente como se lo hincan al señor Moa, a quien, cuando no tienen más remedio que hacerle algún caso —pues su táctica habitual hacia él es el ostracismo y el ninguneo para evitar así, entrar a rebatir sus tesis— le tildan de psudohistoriador y, a partir de ahí, de fascista para arriba.

Pues, ¡mire usted por donde! En su artículo de hoy, el señor Payne, no sólo viene a coincidir con las tesis del señor Moa sino que hasta le cita y viene a coincidir con él.

No es la primera vez que Stanley G. Payne cita a Pío Moa, de quien ya dijo:

Y, añadía, entonces, Stanley G. Payne: 

“Lo más reseñable es que, aparentemente, no hay una sola de las numerosas denuncias de la obra de Moa que realice un esfuerzo intelectualmente serio por refutar cualquiera de sus interpretaciones.

Los críticos adoptan una actitud hierática de custodios del fuego sagrado de los dogmas de una suerte de religión política que deben aceptarse puramente con la fe y que son inmunes a la más mínima pesquisa o crítica.”

La caterva de rojos cerriles con apariencia de historiadores y la caterva de pseudointelectuales, harán como que ni leyeron aquellas palabras ni han leído el artículo que comento.

***

El concepto de revisionismo histórico utilizado de manera peyorativa es una falacia más de la izquierda que se nos quiere presentar como moderna y no es sino la misma antigualla ramplonamente dogmática de siempre.

Es esa izquierda que quiere presentarse como defensora de la Ciencia y no es sino cientifista, es decir, contempla a la Ciencia, sin entender lo que es; la mira de manera supersticiosa y de ahí que no tenga empacho, como viene a decir Stanley G. Payne, en responder a los argumentos de Pio Moa con la trampa epistemológica de invocar al principio de autoridad, es decir, en aceptar o rebatir tesis científicas en función de quién las dice en vez de utilizar el método científico para hacerlo o, dicho de otra forma: el recurrir al argumento de que don Pío Moa no es historiador para rebatir sus tesis tiene el inconveniente de que si luego viene una persona que sí es, no sólo historiador, sino una personalidad dentro de la comunidad científica internacional y, además, profesor, y viene a decir lo mismo que don Pío, los que así han argumentado se quedan con las vergüenzas al aire y lo único que pueden hacer es hacer como si no hubieran leído a Stanley G. Payne.

Pero volvamos al concepto de revisionismo histórico tal y como lo maneja la izquierda, es decir como uno de tantos conceptos totem como utiliza para que su mera mención sirva para callar las opiniones contrarias.

Si la Ciencia es algo es, precisamente, revisionista. Lean a Thomas S. Kuhn los que niegan que la Historia se pueda revisar.

La Ciencia, para seguir avanzando, necesita poner en duda todo lo que conoce pues la verdad científica, a diferencia de la religiosa, se caracteriza por ser una verdad relativa. La base de su conocimiento es poner en duda lo que hoy conoce, volverlo a analizar a la luz de las nuevas evidencias o de los nuevos resultados experimentales y estudiar si hoy puede seguir considerando verdadera la tesis que ayer lo era.

Si no fuera así, la primera teoría física científica, por ejemplo, la Teoría de la Gravedad de Newton seguiría siendo una verdad admitida e inamovible, Einstein hoy sería considerado un revisionista (en el mal sentido de la palabra) y su Teoría de la Relatividad, una engañifa suya.

No se comprende, pues, que quienes se nos quieren presentar como adalides de la racionalidad, del positivismo... (en definitiva, de la Ciencia) y nos atacan a los demás de ignorantes, retrógrados y obscurantistas, utilicen el concepto de revisionismo histórico de la manera que lo hacen: como algo indeseable.

Bueno, miento: sí se comprende. Si nos damos cuenta que a esta gente, la verdad, la ciencia y la razón les importan un bledo y que lo que pretenden es que su verdad dogmática (custodios del fuego sagrado los acaba de llamar Stanley G. Payne) no sea puesta en duda ni por lo más remoto, entonces ¡vaya que si se comprende que saquen a relucir —como digo, de manera tan inconsecuente— el espantajo del revisionismo histórico para que nada sea revisado.

Yo entiendo que la Historia no es una ciencia experimental. No podemos contemplar la Historia con la misma indiferencia ni asepsia con la que miramos un paramecio por el microscopio.

La Historia tiene un componente afectivo que sirve para unir a las gentes que se consideran herederas de una de sus múltiples líneas. A los niños hay que encariñarles con la Historia de su nación como han hecho siempre todas las naciones, como nos cuenta don Marcelino Menéndez Pidal que hacían los godos durante su epopeya daciana por las noches, todos reunidos, grandes y chicos, en torno a las hogueras, entonando los carmina maiorum: los cantos de los antepasados.

Entiendo que así debe de ser y deploro que haya dejado de ser así en nuestra patria.

Pero de ahí a contar mentiras y empecinarse en la mentira media un abismo y el cerrar los ojos al análisis científico de la Historia es sólo muestra del cerrilismo y de dogmatismo.

La Historia de la Patria hay que amarla tal y como es: conociendo sus defectos y sus virtudes, como defectos y virtudes tiene la familia de uno y no por eso ni es menos familia ni debe dejar de amarla.

Como para la izquierda esto no es así, como viven instalados en su mentira y se la creen a pies juntillas, es por lo que les resultan tan molestas y odiosas personas como Pío Moa y, por esa misma razón, como, gracias a personas como don Pío, esta verdad dogmática de la izquierda está siendo puesta en duda en los últimos años, han tenido que inventarse lo de la Ley de la Memoria Histórica para seguir engañándonos a todos con su mentira.

Pues ¡toma memoria histórica!

Para refrescarles la memoria histórica a esta caterva de fanáticos indocumentados escribe hoy en La Razón don Stanley su artículo del que reproduzco aquí algunos párrafos:

«Hace un mes el Gobierno y varios sectores de las izquierdas prestaron bastante atención al catorce de abril, la fecha de la proclamación de la Segunda República en 1931, como «aniversario de la democracia». Esto es superficialmente plausible, en un sentido técnico, porque la República nació en gran parte como una fórmula para buscar la democracia. Las limitaciones, no de la fórmula, sino más bien de la orientación y los valores de los líderes de la República, se pusieron de manifiesto en tan sólo cuatro semanas, el once de mayo, fecha de la tristemente famosa «quema de conventos». Es dudoso que el Gobierno marque este aniversario, pues su «memoria histórica» es notoriamente corta. Muchos historiadores han señalado que fue el once de mayo, no el catorce de abril, el día que iba a simbolizar el contenido político del nuevo régimen a largo plazo. Puesto que los medios oficiales no van a llamar la atención de la supuesta «memoria histórica» a este aniversario, será útil primero resumir exactamente qué pasó en España los días 11 y 12 de mayo de 1931.

»La «quema de conventos», alardeado como amenaza casi desde el comienzo de la República, empezó en Madrid en la mañana del once de mayo, con el incendio de varias iglesias, y rápidamente se extendió a muchas ciudades del sur y del este, especialmente a Sevilla, Granada, Málaga, Cádiz, Valencia y Alicante. En total más de cien iglesias y edificios religiosos fueron incendiados o saqueados, o ambas cosas. Al comienzo, el Gobierno adoptó la actitud cínica de que «el pueblo» estaba divirtiéndose, y rehusó llamar a la Guardia Civil. Más tarde, cuando las dimensiones monstruosas del asunto eran más que claras, pasó al otro extremo, declarando la ley marcial con la intervención del ejército para restaurar el orden. Esto pasaría a ser la práctica normal de los gobiernos de izquierda durante toda la historia de la República: primero ignorar la aplicación de la ley y la Constitución si lo que se estaba dañando no eran más que los intereses de la derecha, y luego, una vez que la situación había sobrepasado todos los límites, empezar a dar palos de ciego con fuerza mayor... 

»Para la sociedad actual, en gran medida secularizada y relativamente indiferente –aunque no necesariamente hostil– a la religión, la religiofobia y el anticatolicismo violento de las izquierdas españolas en la primera mitad del siglo veinte será difícil imaginar o comprender.

»El odio se justificaba por una serie de argumentos que se creían muy fuertes, aunque de verdad bastante extraños e ingenuos, resumidos muy acertadamente por Moa hace poco tiempo. Una frase famosa de Madariaga, comentando esto, fue que «los revolucionarios han destruido las iglesias, pero el clero había destruido primero a la Iglesia». ¿De veras? ¿Esto se cree en serio? ¿Y si fuera así, por qué no alentar al clero en su afán de destrucción, en vez de asesinarlos? Otra vez, las víctimas como los culpables.

»Otro bulo bastante popular fue que el clero utilizaba las iglesias y conventos como fortalezas armadas de las derechas. Nunca hubo la menor evidencia de tal cosa, pero si fuera así, ¿por qué era siempre tan fácil entrar para quemarlas? Esto era equivalente al bulo decimonónico del envenenamiento de las fuentes, o el conocido «bulo de los caramelos» de Madrid en 1936. Se decía también que los curas eran todos hipócritas y rutinarios, sin calor o calidad espiritual. Extraño motivo para torturar y asesinarlos, como si los nazis liquidaran a los judíos porque éstos no habían practicado bien el judaísmo. ¿Por qué los anticatólicos habían de exigir a los curas de ser campeones de la fe?

»En contra de tales nociones, encontramos que en 1936 las provincias más católicas tenían las tasas más altas de alfabetización, que podría indicar que precisamente en estas provincias había mayor conciencia y reflexión en cuanto a lo que se creía y hacía, mientras había mayor reacción rutinaria y ausencia de reflexión crítica en los distritos revolucionarios analfabetos. Igualmente se decía que el clero se alineaba con los ricos, no con los pobres, pero durante las persecuciones resultó que los activistas del terror buscaban especialmente a los curas y religiosos dedicados a la obras sociales y caritativas entre los pobres para detener y asesinar, como si buscaran eliminar a competidores especiales.

»Y siempre se insistía que la Iglesia y el clero habían combatido a la República desde el comienzo, y eso tampoco es cierto. Claro que el clero no apoyaba políticamente a sus persecutores –¿quién hubiera esperado eso?– pero el Vaticano y la jerarquía eclesiástica dejaron muy claro desde el comienzo que se aceptaba el nuevo régimen, y hasta aceptaba la separación de Iglesia y Estado, insistiendo solamente en los derechos civiles de aquélla, que fueron negados.

»Inculpar a las víctimas es una práctica muy común, pero el anticatolicismo violento se derivaba no de los defectos del clero –que probablemente eran menos que los de un siglo antes– sino del odio ideológico fomentado por las doctrinas radicales de la época. En ellas la guerra religiosa –pro y contra– era fundamental.

Ésta es la contribución, muy de agradecer, del señor Payne a la empresa en que nos hallamos embarcados los españoles de recuperación de la memoria histórica.

Como muy bien señala, la memoria histórica del Gobierno de Zapatero (inspirador de ella) es notoriamente corta y hay que recordarle estas cosas.

Como digo, es muy de agradecer que haya sido un profesor de Historia estadounidense quien haya venido a hacerlo y con esto no apelo al principio de autoridad que antes critiqué. Lo digo sólo para preguntarme qué epítetos estarán rebuscando en sus mentes los Santos Juliá, la caterva de gentecilla pseudointelectual de El País y demás enemigos mortales de don Pío para etiquetar con ellos al señor Payne.

Por lo demás, y a mi humilde entender, si el señor Payne se equivoca en algo es en hablar como habla en términos pretéritos.

  Vínculos: Aniversarios: 14 de abril y 11 de mayo. Arículo de Stanley G. Payne en La Tribuna de la Razón. Otra mención de don S.G. Payne a don Pío Moa.

“Sus obras constituyen el empeño más importante llevado a cabo durante las dos últimas décadas por ningún historiador en ningún idioma para reinterpretar la historia de la República y de la Guerra Civil.”

1 Comentarios



Enviado a las 09/05/2008 21:06:01
El PSOE va a meter mano en la Ley de Libertad Religiosa
    El PSOE va a meter mano en la Ley de Libertad Religiosa      

Por más que leo, releo y vuelvo a leer la Ley Orgánica de Libertad Religiosa de 1980, ni encuentro que deje de decir nada que no deba decir una ley de libertad religiosa, ni que diga nada que no deba decir.

En su artículo primero dice:

Uno. El Estado garantiza el Derecho Fundamental a la Libertad Religiosa y de Culto, reconocida en la Constitución, de acuerdo con lo prevenido en la Presente Ley Orgánica.

Dos. Las creencias religiosas no constituirán motivo de desigualdad o discriminación ante la Ley. No podrán alegarse motivos religiosos para impedir a nadie el ejercicio de cualquier trabajo o actividad o el desempeño de cargos o funciones publicas.

Tres. Ninguna confesión tendrá carácter estatal.

Más claro: el agua.

El resto de su articulado, ocho artículos en total, se limita a desarrollar este primero sin hacer mención de ninguna religión, ni para bien ni para mal, como no sea la que hace el tercero a los fenómenos psíquicos y parapsicológicos o la difusión de valores humanísticos o espirituales u otros fines análogos ajenos a los religiosos a los que excluye este artículo del ámbito de protección de la Ley.

Confieso que eso de que los valores humanísticos queden excluidos de la Ley no acabo de comprenderlo. No sé si es que el legislador no supo explicarse y, a la hora de redactar este artículo tercero estaba pensando en aquel Partido Humanista, muy en boga por aquellos años, y que se revestía con toda la apariencia de una secta alienante pero, al fin, esto es lo de menos porque no creo que las cosas vayan por ahí.

A lo que voy es a que esta Ley no puede proteger más ni con más claridad, ni con más rotundidad un principio que todos los contemporáneos del mundo occidental compartimos: la libertad religiosa de todos nosotros.

Así, por más que la leo y la releo no acierto a ver qué le molesta en ella al PSOE.

Qué encuentra el PSOE que falte en la Ley de Libertad Religiosa o qué encuentra que sobre.

Qué va a añadir o qué va a quitar de una Ley que ya nos reconoce a todos ese derecho a nuestra libertad religiosa y que el único límite que a ella pone es:

la protección del derecho de los demás al ejercicio de sus libertades públicas y derechos fundamentales, así como la salvaguardia de la seguridad, de la salud y de la moralidad pública.

Como no lo entiendo, me voy al programa electoral de este partido para este cuatrienio para ver si allí nos adelanta algo y, efectivamente, esta vez algo nos adelanta. Esta vez no podemos decir que el PSOE no nos avisara de sus intenciones con antelación aunque tampoco aclare —para variar— nada.

En su página 234 dice:

El PSOE promoverá, transcurridos treinta años de vigencia de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa, una reflexión orientada, en su caso, y con amplio consenso, a valorar la posible modificación de aquellos aspectos de la norma para la mejor garantía de la libertad y el pluralismo religioso en la España del futuro, así como de la aconfesionalidad y laicidad del Estado y la no discriminación por razón de creencias, de acuerdo con los valores y principios constitucioanles.

Sigo, pues, sin entender qué es lo que quiere hacer el PSOE con la Ley de Libertad Religiosa pero me temo lo peor:

como no sea que quiera ampliar la protección que ofrece esta Ley a aquello de los fenómenos psíquicos y parapsicológicos o la difusión de valores humanísticos o espirituales u otros fines análogos ajenos a los religiosos, me temo lo peor.

Y me temo lo peor porque, tocar una Ley que ya nos reconoce, desde 1980, una libertad religiosa absoluta, solo puede ser para poner límite a esa libertad.

Y me temo lo peor porque, viniendo del PSOE y conociendo cómo lo que de verdad le mola a este partido de origen marxista, es meterse y entrometerse en nuestras conciencias hasta la sopa, dirigirlas y hacerlas y formarlas a imagen y semejanza suya, lo que pretende el PSOE, entiendo, es que la Ley de Libertad Religiosa deje de reconocer tan paladinamente como la hoy vigente reconoce nuestra libertad e introduzca en ella vaya usted a saber qué orwelliano límite.

Y me temo lo peor porque, viniendo del PSOE y conociendo su anticlericalismo y su odio, ya seculares, a la religión católica, a lo que de verdad va el PSOE es al enésimo ataque suyo a la Iglesia: dado que hoy no puede ni quemar Iglesias ni matar curas como hizo hace setenta años, la labor de mina y de destrucción de esta religión debe de realizarla de manera sutilísima para que no parezca que lo hace: por ejemplo, reformando leyes de libertad religiosa.

El PSOE nos promete, en su programa, una reflexión orientada, en su caso.

¡¡¡¿Orientada?!!!

¡¡¡¿En su caso?!!!

¿En qué caso la va a orientar, en cuál no la va a orientar y en cuáles va a desorientar esa reflexión?

¿Por qué la ministra De la Vega se escabulle cuando se le pregunta sobre qué es lo que va a hacer el PSOE con la Ley en vez de empezar a dar argumentos para esa reflexión orientada?

¿Por qué Pepiño Blanco hace lo mismo?

¿En qué va a consistir, en su caso, esa orientación? ¿En spots en Gran Hermano como cuando Zapatero orientó nuestras reflexiones sobre el referéndum de la Constitución Europea?

¿Por qué no dicen ya y hasta por la sexta—: miren ustedes: vamos a re reformar la Ley de Libertad Religiosa en este, en este y en este punto?

¿Por qué no lo hacen?

¿Por qué nos prometieron reflexión (aunque orientada, en su caso) y Pepiño y De la Vega eluden dar comienzo al aporte de elementos para tal reflexión?

Lo del amplio consenso entiéndase como una humorada del programa electoral del PSOE: se refiere, es claro, a un amplio consenso entre la gente del Tinell.

En fin: han movido ficha. Dicen que van a cambiar la Ley pero se resisten a decirnos en qué términos. Pronto los veremos y saldremos de dudas.

Yo, como digo, me temo lo peor. Hay cándidos por ahí que piensan que estamos ante una artimaña más de Zapatero para distraernos con peleas sobre el sexo de los ángeles y evitar, así, que nos fijemos en la crisis económica o los separatismos galopantes, vasco, catalán y los que vendrán que su gobierno debería afrontar y no afronta.

Yo no. Yo sí creo que, en definitiva, el PSOE, a lo que va a es a liquidar la libertad religiosa de la que hoy, gracias a Dios, gozamos todos los ciudadanos españoles. ¿En qué términos? No lo sabemos aún. En fechas próximas el PSOE nos orientará al respecto.

0 Comentarios



Enviado a las 01/05/2008 09:06:55
Don Eduardo Zaplana
    Don Eduardo Zaplana           Zaplana

 

Si, después del señor Aznar, ha habido alguien, en la España del Pacto del Tinell, más vilipendiado, odiado e insultado por esa media España del pacto, ése ha sido el señor don Eduardo Zaplana.

A media cabeza de distancia le sigue el señor Acebes en lo que respecta a concitar tal odio fimado y afirmado en el Pacto del Tinell.

El pacto que firmó Zapatero sin saber —para variar— lo que firmaba, porque Zapatero es así: lo mismo responde yes a una pregunta formulada en idioma que desconoce, que firma pactos sin mirar lo que firma porque ¿para qué, si a Zapatero, ni las firmas ni los pactos, le importan un bledo? Recordemos, al efecto, la cara de estupefacción que se le puso al señor presidente cuando don Mariano Rajoy le leyó, ante las cámaras de televisión y en un debate electoral televisado, lo que había firmado en el Pacto del Tinell.

Pero dejemos esto y volvamos al señor Zaplana. Él, con Aznar y Acebes, han sido los cocos de la izquierda y del nacionalismo con una saña, una inquina y una injusticia infinitas. Le han insultado hasta la náusea y le han rebuscado en las costuras faltas que se han quedado con las ganas de encontrar pues el señor Zaplana, a más de valiente, es persona honrada.

Lo aguantó todo estoicamente durante los cuatro años que fue portavoz parlamentario del Partido Popular.

Ni elevó la voz, ni dijo una mala palabra, ni hizo un mal gesto, ni se le movió un pelo ante el desorbitado acoso de seres que ni en lo íntegro ni en lo centrado le llegan a la suela de los zapatos.

No elevó la voz pero la mantuvo tan firme como serena y constante en su labor parlamentaria y en su denuncia de las infinitas tropelías que la gente del Tinell inició en la anterior legislatura y va a continuar en la presente. Su firmeza y su serenidad sólo pueden compararse a su capacidad de trabajo y a lo inagotable de su esfuerzo.

Suele suceder así: las personas íntegras, cabales y trabajadoras suelen suscitar el odio, la inquina y el rencor en aquellas otras que carecen, en mayor o menor medida, de tales virtudes.

Si viniera un marciano a la Tierra no sería capaz de comprender por que razones el señor Zaplana ha generado el odio que ha padecido. Los españoles, lamentablemente, entendemos muy bien el porqué.

Ahí queda su labor y ahí queda la berrea de sus enemigos quienes, al fin, se han visto libres de él.

Quizá lo único que le faltó, antes de marcharse de su portavocía, fuera citar aquello del Quo usque tandem abutere patientia nostra, Catilina? pues contra gente mucho más vil que el mismo Catilina fue contra la que alzó su voz. Tal vez no lo hizo porque, sabedor de que sus adversarios andan tan entusiasmados con la Educación para la Ciudadanía como ayunos en letras, no le iban a comprender el retruécano.

Por lo demás, todo lo dejó dicho con la nobleza y la sobriedad que tanto odian los innobles y los majaderos.

Don Eduardo abandona el Parlamento y se va a la Telefónica.

Como don Eduardo es persona valiosa puede abandonar la res publica y marchar a la dirección de una empresa para seguir ganándose la vida sin tanto sofoco como ha debido llevarse y que tan bien ha disimulado. No puede decirse lo mismo de la inmensa mayor parte de sus enemigos acérrimos, quienes necesitan de la res publica, a más de para rebuznar e insultar a personas íntegras, para poder comer y ganar un sueldo suculento que les pagamos todos.

Parece ser que la seriedad del señor Zaplana no encuadra bien en la nueva estrategia del Partido Popular y este partido ha preferido a una señora que se llama doña Soraya para afrontar, como nueva portavoz suya, esta legislatura.

No quiero decir con esto que doña Soraya, ni deje de ser seria ni sea incapaz, porque todavía ando conmocionado por los últimos movimientos de ficha del PP, pero me va pareciendo que este partido ha optado por la imagen amable frente a la imagen seria para combatir el buen rollito con el que la izquierda (y el nacionalismo a élla aliado) esconde su siniestra faz. Tal vezbusque, con este nombramiento, probar el viejo principio homeopático del similia similibus curantur y combatir el buen rollo con buen rollo.

En fin, no sé. Este escrito no trata de ser un análisis de la estrategia del Partido Popular ni una crítica a doña Soraya. Ya digo que no acabo de comprender los movimientos de ficha de este partido que, aunque perdiera las últimas elecciones, era la única agarradera que teníamos el cuarenta y nueve por ciento de los ciudadanos españoles. El PP sabrá lo que hace y yo deseo lo mejor a doña Soraya, por ella y por todos nosotros.

No trato, pues, aquí, de analizar la estrategia del Partido Popular sino, sólo, de reconocer y de agradecer la valía, el valor y el sacrificio de un hombre llamado don Eduardo Zaplana porque es de justicia hacerlo.

 

Ya he comentado otras veces lo engorrosos que son estos blogs de Libertad Digital. Al no permitir la edición de las entradas para corregir erratas me veo en la obligación de borrar la que publiqué ayer y reescribirla aquí.

Como ello conlleva la eliminación de los comentarios que exco y PabloMes han tenido la bondad de hacerme, los copio aquí de la entrada original al tiempo que aprovecho para agradecérselos:

Comentarios

Enviado a las 30/04/2008 21:39:12 por exco

Completamente de acuerdo con su exposición que coincide con la que hace unos minutos he publicado. Parece lógico que de momento se vaya a sus cuarteles de invierno porque esta claro que si hubiesen seguido los dos otra legislatura en sus puestos era darles armas al PSOE para el consabido "más de lo mismo" y seguir hablando de la crispación y de lo que ellos representaban.Saludos

Enviado a las 30/04/2008 21:41:12 por PabloMes

Buenas CArlos, me sumo al elogio y reconocimiento de D. Eduardo Zaplana, sobre todo como Español y Valenciano.SaludosPablo

La fotografía que encabeza este escrito pertenece a la Agencia EFE.

 

0 Comentarios



Enviado a las 28/04/2008 17:35:32
Don Juan Alberto Belloch
    Don Juan Alberto Belloch  

Juan Alberto Belloch

 

Quiero confesar aquí que me ha sorprendido mucho y muy gratamente la inesperada defensa que del Crucifijo ha hecho un socialista, don Juan Alberto Belloch, alcalde de Zaragoza, de quien yo, hasta el día de hoy, tenía la pobre impresión que tengo de los socialistas en general y que vengo expresando en estos blogs y escritos.

Como mi lucha antisocialista ni tiene interés personal ninguno ni es lo que, en el mal sentido de la palabra, se llama partidista, no me duelen prendas en reconocer aquí mi yerro con respecto a este alcalde ni en agradecer sus tajantes palabras ante la demanda de los grupos municipales de la Chunta Aragonesista y —¿cómo no?— la Izquierda Unida de Llamazares, de que se retirara “cualquier símbolo religioso de los espacios oficiales del Ayuntamiento de Zaragoza,” demanda que hacían en estos términos genéricos para pedir que se retirara el Crucifijo que, por lo visto, preside el Salón de Plenos de este municipio y que es lo que, concretamente, molesta a estos señores.

Ante esta petición iconoclasta de la izquierda, don Juan Alberto Belloch, ha respondido de manera tajante y, para mí, ya digo, sorprendente. Ha dicho que mientras él esté al frente del Ayuntamiento y cuente con los votos necesarios, el Salón de Plenos mantendrá en su sitio el Crucifijo que lo preside y ha añadido, textualmente:

«Las sociedades más maduras son las que no cambian las costumbres y (sic) tradiciones, sino que las acumulan y superponen»

y que a él le basta:

«con que el Crucifijo lleve en su sitio todo este tiempo (desde el siglo xviii), porque, además, creo que eso no debe de ofender a nadie.»

Firmes palabras y muy de agradecer viniendo de un socialista.

Firmes aunque cándidas en este último párrafo pues creer que un Crucifijo no debe de ofender a nadie es —y perdóneme el señor alcalde— vivir en la inopia.

Es desconocer (o querer desconocer) el factor esencial que ha significado el odio a la religión católica en la Historia de España durante los últimos doscientos años y que hoy vuelven a resucitar gentes de su propio partido empezando por su Secretario General y actual presidente del Gobierno, señor Zapatero.

Yo sí creo desde hace mucho —¡vamos, no es que crea, es que estoy convencido!—que los símbolos católicos ofenden a gran parte de la izquierda española y de ahí la demanda de la momificada Izquierda Unida y de la estrambótica Chunta diz que Aragonesista para que se retire el Crucifijo.

Quizá, como parece temer el alcalde, algún día ellos ganen y tengan más votos y el Crucifijo sea retirado, al fin, del Salón de Plenos zaragozano.

Seguramente acabará siendo así conforme las nuevas generaciones se vayan educando en el concepto blando de ciudadanía que tiene Zapatero, y dejen de existir hombres como el señor Belloch capaces, aún desde el propio socialismo reinante, de darse cuenta de tan burda artimaña iconoclasta y, al mismo tiempo, de tener el valor de oponerse a ella con la claridad y la rotundidad que hemos visto en él.

No tengo, claro es, ni los votos que tiene don Juan Alberto ni la concisión sintáctica suficiente para decir, con las pocas palabras que él ha dicho, lo que vengo intentando decir, perdiéndome en mil circunloquios, desde que ando escribiendo por aquí, pero, leyendo la noticia, y aún no saliendo de mi asombro, vengo a constatar que don Juan Alberto acaba de decir lo mismo que vengo diciendo desde hace treinta años: nuestras tradiciones, nuestra cultura «no deberían de molestar a nadie» y, sin embargo, es de una evidencia palmaria que a la izquierda española sí les molestan.

Y les molestan tanto que, prácticamente, la única razón de ser de la izquierda española es la destrucción de estos símbolos que representan toda nuestra cultura.

***

La noticia me ha recordado la vieja historia de cómo el rector Lapiedra se cargó, allá por los años ochenta, el escudo centenario de mi vieja alma mater, la Universidad Literaria de Valencia, por el hecho de venir representada en él la Virgen de la Sapiencia, patrona suya desde que, en 1585, así lo viniera a sancionar la bula Copiosus in Misericordia Dominus del papa Sixto v, de felice recordación, y lo substituyó por otro de desangelado e imbécil diseño moderno en el que figuran, sin que se sepa bien a santo de qué, los escudos de las provincias de Valencia, Castellón y Alicante.

La imagen de la Virgen en el escudo de la Universidad molestaba a Lapiedra y, lisa, llana y caciquilmente, se la cargó.

Como se cargaron y desplazaron, él y la ralea que con él vino, amargándoles la vida, a tantos y tantos de aquellos verdaderos y auténticos antiguos catedráticos, tan llenos de saber como de bonhomía.

El exterminio dirigido y consciente de los símbolos católicos no es, pues, nuevo ni su práctica está limitada a partidos más o menos marginales o estrambóticos: vive y florece en nuestra clase dirigente política y, peor aún, en las rectorías de muchas de nuestras universidades, sin ir más lejos, la valenciana.

Mejor dicho: vive pero no florece. Vive a manera de plaga subrepticia e hipócrita, como la carcoma habita escondida en la madera que destruye. No nos dicen que quieran quitar el Crucifijo porque les molestan los Crucifijos —que es de lo que se trata—, sino que nos vienen con el cuento hipócrita de que “desaparezca cualquier símbolo religioso de los espacios oficiales del Ayuntamiento de Zaragoza.”

Y eso es lo peor del asunto, el que esta carcoma hipócrita, llámese Chunta, llámese Izquierda Unida, llámese Ramón Lapiedra, se están cargando poco a poco nuestros símbolos culturales de manera que la mayoría de la gente no nos enteremos.

Algunas veces cantan y se les ve el plumero más de lo que quisieran, como la maestra aquella andaluza que, hace dos años, tiró a la basura el Belén navideño que habían hecho sus alumnos, pero son las menos. Lo normal es que su forma de actuación sea esta otra, como digo, hipócrita y callada para que los ciudadanos no nos enteremos.

Y los ciudadanos, efectivamente, ni nos enteramos ni nos queremos enterar en grandísima parte.

Y, para que si alguno se atreve a quererse enterar y a decir algo es para lo que se ha creado la asignatura de Educación para la Ciudadanía, precisamente, para que esta grandísima parte sea, cada vez, más grandísima y acabe siendo omnipresente y, absolutamente entontencida por conceptos manejados de manera espuria tales como igualdad, laicidad, respeto, y tantos otros que manipula sin escrúpulo la gente zapateril, acabe aceptando, sin rechistar cualquier aberración, desde la retirada de Crucifijos hasta la misma voladura de la catedral de Toledo o su conversión en un centro cívico de ocio o cualquier otro disparate que se les ocurra a estos ciudadanos que nos quieren educar en la ciudadanía auxiliados en tal labor por todas las televisones públicas y privadas cuyas licencias expiden ellos.

***

Cierto día, hará de ello unos siete u ocho años, regresado yo a mi vieja alma mater, la Universidad de Valencia, para hacer un máster de ésos que hay que hacer para poder seguir siendo algo en este mundo mercantilizado hasta en los másters, y contemplando, en un receso, la cristalera que aislaba aquella zona de mi vieja Facultad, y viendo en ella grabado la patochada del escudo de Lapiedra, no pude por menos que indicarle al director del máster lo que lamentaba la eliminación del antiguo y la envidia que me daban, por ejemplo, los profesores venidos de Salamanca o de Oxford cuando, en sus exposiciones y diapositivas, mostraban con orgullo los escudos centenarios de sus universidades en tanto que la nuestra había renegado del suyo, centenario, para ostentar este otro de diseño lapiedrano. A lo cual, don José María, gran profesional pero, al fin, rojo, me contestó:

«¡Sí! Quizá nos equivocamos.»

Y ¡vaya que si os equivocásteis! Y ¡vaya que si persistís en la equivocación los que sois personas decentes, aunque erradas, y os gustan más los Blocs o las Chuntas aragonesistas que la recta razón y el recto sentido estético del que, hoy, don Juan Alberto Belloch, ha tenido el valor de no renegar.

Voy perdiéndome en recuerdos personales que poco hacen al caso, aunque lo ilustran porque, al fin, todo viene a ser lo mismo. El escudo de la Universidad Literaria de Valencia era un bien cultural que nos pertenecía a todos. No se comprende que a nadie pudiera molestarle. Como dice don Juan Alberto, bastaban sus cuatrocientos años de existencia para que, al menos, suscitara el respeto de quien no fuera una bestia iconoclasta. ¿A quién hemos de pedir responsabilidad de su destrucción? ¿A quién hemos de pedir responsabilidad de la destrucción de algo que nos pertenecía a todos?

La historia del escudo de la Universidad de Valencia es sólo una pequeña muestra de las infinitas tropelías que ha hecho y va a seguir haciendo esta gente. La cuento aquí porque me hiere de manera especial pero, como digo, son infinitas. Con la Universidad de Barcelona ha pasado algo parecido que puede verse ut infra en los vínculos que siguen a este escrito.

***

El socialismo que padecemos en España es un ente muy amplio y contradictorio. En el fondo no es más que una máquina de conquistar poder y, como tal máquina, ni le importan los Crucifijos ni le importa un bledo nada.

Ya lo he dicho otras veces: si, hoy, a los socialistas les conviene que haya Rey, serán los mayores y mejores monárquicos que haya visto el mundo. Si mañana les conviene lo contrario, serán los primeros en salir a cuchillo detrás del monarca.

El socialismo es maestro en afirmar hoy una cosa y mañana la diametralmente contraria con una cara dura que para sí quisieran los diamantes de Sudáfrica.

Pero, hemos de darnos cuenta de que, si esto es así, es porque está constituido por un espectro amplísimo de personas que va desde los francamente anticatólicos iconoclastas que en poco o en nada se diferencian de Llamazares y que muy bien podrían estar en Izquierda Unida o en la Chunta, hasta personas intelectualmente honestas como el señor Belloch, de las que uno no comprende cómo no se dan cuenta de la inmensa engañifa en la que nos tiene embarcados el partido en el que militan.

En el centro de ese espectro se situaría, sonriente y feliz, arqueando las cejas y tocando el violón, Zapatero, absolutamente convencido de que semejante contubernio es la Arcadia Feliz.

Si, para el alcalde de Zaragoza:

«Las sociedades más maduras son las que no cambian las costumbres y (sic) tradiciones, sino que las acumulan y superponen»

para su señorito, el señor Zapatero, las sociedades maduras, o, dígase, democracias avanzadas —término descubierto por este personaje siniestro y que, haciendo carta de naturaleza, repite ya hasta el señor Losantos—, las sociedades maduras, las democracias avanzadas y la enésima estupidez zapateril son las que considera que la sociedad más madura es la que sí cambia las costumbres, sí cambia las tradiciones y ni acumula ni superpone: simplemente, destruye sin tener concepto cabal de qué es lo que está destruyendo. O ¿es otra cosa lo que está haciendo Zapatero?

Tout comprendre, c'est tout pardoner, dicen los franceses. Como digo, no acabo de comprender a Belloch y, por tanto, no puedo perdonarle su adscripción a semejante partido.

Pero, nobleza obliga, ayer hizo una defensa muy valiente y muy clara de un símbolo culturanuestro que su partido y la ralea que le acompaña se quiere cargar y sólo me queda agradecérselo y felicitarle por ello.

 

Vínculos: La noticia en Libertad Digital. Desmanes cometidos en los escudos de Universidades españolas. Obsérvense, aparte del engendro del de la Universidad de Valencia, los disparates cometidos con los de la de Barcelona y Oviedo. Sus antiguos emblemas eran patrimonio de todos ¿Quién dio permiso a quién para cambiarlos por semejantes idioteces? Antiguo emblema de la Universidad Literaria de Valencia, el que eliminó Ramón Lapiedra. Bula Copiosus in Misericordia Dominus de SS Sixto v, de 1585, a la que el tal Ramón Lapiedra no hizo ni caso cuando se cargó el emblema centenario de la Universidad de Valencia. 'Normalizan la Virgen de la Sapiencia': gracias a Dios, ni soy el único al que duele el desmán de Ramón Lapiedra ni soy el único que lo ha olvidado. Una profesora tira a la basura un Belén por ser un instituto laico. La noticia en Periodista Digital. Orden de alejamiento de los menores católicos contra la maestra que tiró un Belén. La noticia en Periodista Digital. Hoy por hoy y gracias a Dios, aunque no sabemos por cuánto tiempo, aún tenemos fuerza para callar a estos sinvergüenzas si tenemos el valor de no callarnos.  
0 Comentarios



Enviado a las 25/04/2008 20:45:02
Las arenas del desierto

No puedo estar más disconforme con la subeditorial de hoy de Libertad Digital de hoy, 25 de abril del 2008, titulado Chacón y la navegación por Internet.

Uno comprende el afán de dar un margen de confianza a esta señora y el prurito de no aparecer machista al criticarla, máxime después de la que se armó tras su primera revista de tropas. Uno comprende que, en lo aparentemente menor, se conceda alguna razón al enemigo.

Pero, de ahí, a la defensa que hace este subeditorial de la prohibición que la señora Chacón ha hecho de que nuestros militares accedan a las páginas webs de Interviú, As o Marca, mientras no andan, yo ya no sé si en combate o en misión diz que humanitaria de esas que enardecen a ZP como la que pudiera ser la entrañable de un cabo primero poniéndole una tirita a un niño afganistaní (o afganistano o afganistán), media más que un paso andado, ya digo, por el ansia de ponerse el letrero de yo no soy antichacón para que, cuando esta señora meta la pata y los del subeditorial éste hayan de criticarla con alguna razón y, habiéndose curado en salud, puedan decir que, un día, la defendieron.

Es verdad que este tipo de restricciones en el acceso a determinadas páginas de Internet se aplica en empresas públicas y privadas.

En un oficinista, tal acceso, distrae, seguramente, la labor por la que le pagan. Además, accede desde una cuenta pagada por la empresa que le tiene contratado.

¿Es lógico aplicar la misma medida a los militares que tenemos desplazados en Afganistán?

No me lo parace. Más bien me parece inhumano y una muestra más de que la señora Chacón es socialista y de que goza prohibiendo.

Me parecería muy bien si el caso fuera que Ossama bin Laden al frente de mil leales realizara un ataque a nuestras tropas y, algún soldado de ellas dijera: “mire, no; no puedo enfrentarme ahora a bin Laden porque estoy conectado al As.” Esto, más que una conexión improcedente a Internet podría considerarse delito de deserción.

Pero, no siendo el caso de que bin Laden ataque ni de que haya ningún niño al que poner tiritas ¿qué quiere esta señora? ¿que nuestras tropas, en esos inmensos lapsos de ocio se dediquen a contar cuántos son los granos de las arenas del desierto?

¿No tienen nuestros soldados derecho, en esos infinitos ratos, a ver cómo va el Madrid en el As o a gozar de la contemplación de unas carnes ebúrneas en Interviú?

Sólo añadiré que, en mi empresa, se nos permite el acceso a través de Internet a la prensa escrita.

0 Comentarios



Enviado a las 20/04/2008 06:22:50
El embrutecimiento del varón

 

 

El embrutecimiento del varón

Me tomo la libertad de robar a don Pío Moa el título que encabeza el presente escrito con el cual él tituló él uno de los mejores y mejor hilvanados suyos y que publicó en fecha tan temprana como noviembre del 2002.  

Venía yo en estos días intentando soltar mi cuarto a espadas acerca de lo que considero la imagen paradigmática de la constitución del actual gobierno Zapatero. Me refiero, claro, a la de doña Carme Chacón, investida ministra de Defensa y pasando revista a unas tropas militares.

Andaba intentando sacar tiempo de debajo de las piedras, inspiración suficiente en la Ilíada —más en concreto, en la escena de Héctor despidiéndose de Andrómaca ante las Puertas Esceas de Troya— y, sobre todo, ponderación y delicadeza suficientes para comentar con la mesura debida, el disgusto que me había producido semejante imagen de asunto tan delicado cuando, hete aquí que, de repente, salta a la palestra un cerdo, un tal Daniel Anido, director, por lo visto, de la SER, con un artículo, —mejor diríamos, una bazofia— titulado La baba en la pluma y publicado en la página web de esa cadena SER.

En ese artículo, el marrano este de Anido, no dice nada. Se limita a insultar a los señores Burgos, Anson, Losantos, Ramírez y Ussía, en términos groseros y soeces, tildándolos de “pajilleros,” “reprimidos,” “puteros,” “siniestros” y “cobardes,” y, a la señora doña Cristina L. Schlichtingalgo más reprimido ha estado con ella el cobarde Anido— de “una tal schlichting” y todo porque estos señores y esta señora han tenido el valor de criticar la oportunidad del nombramiento de la señora Chacón como ministra de defensa.

Como yo andaba intentando escribir algo —por supuesto, con menos numen que ellos— en el mismo sentido que estos señores y esta señora, me siento tan insultado como ellos por el cerdo de Anido y de ahí el tono de mi respuesta.

Comenzaré, para no ser injusto y para que cada cual que lea estas líneas juzgue por sí mismo, citando de manera completa el texto de este degenerado que la página web de la SER quitó de ella, en principio, para volver a colocarlo después cuando ya andaba circulando por todas partes.

Dice así La baba en la pluma de Anido:

Cuando fluye la baba y el periodismo se acojona la tiniebla va cubriendo el espacio vacío; un territorio abandonado que ocupan pajilleros, reprimidos, grasientos, puteros, siniestros, cobardes y acomplejados, con nombres y apellidos.

Son de ilustres burgos, ansones, losantos, pejotas, usias y alguna que otra schlichting, pero segregan ese líquido viscoso y corrompido por la comisura de sus parpados, acentuando el asco que desprende su mirada.

Tenemos que mirar sus caras, seguir con atención el recorrido; ver como avanza ese residuo pútrido que desciende por los pliegues hasta la boca, como carcome gota a gota su lengua relamida; como la inunda y luego la desborda, para proseguir su camino hasta la mano pegajosa que sostiene la pluma y derramar allí toda su miseria.

Cuando fluye toda esta baba compartida y el periodismo se acojona, estos mirones clandestinos, estos fetichistas de la mugre, se proclaman profetas con derecho de pernada, levantan púlpitos con barrocos tornavoces, apoyan sus falanges en el antepecho, despliegan su abyección más tenebrosa y corrompen el espacio compartido.

Cuando el periodismo se acojona delante de estos usurpadores del oficio, la cloaca extiende su dominio, se adueña de la plaza pública y construye allí su pasatiempo favorito: el juego delictivo del insulto, donde prevalece y se premia la discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, como pueden ser la orientación sexual, la fe o falta de ella, la ideología, la gestación, la edad, el nombre o el apellido.

Cuando el periodismo se acojona delante de estos mediocres, que confunden la baba con el intelecto, nuestra profesión pierde el futuro; los ciudadanos, su libertad, y la democracia, el sentido.

El periodismo tiene que hacer frente a la contaminación que desprenden estos exhibicionistas de la baba en la pluma, a la perversión que esconden bajo el necesario paraguas de la libertad de expresión.

Son previsibles. Se plantan delante de sus víctimas y abren con rapidez sus gabardinas, dejando ver su desnudez intelectual. Pero, son cobardes. Si les plantamos cara, mirando fijamente sus despojos orgánicos, señalando con el dedo su minusvalía y mostrando nuestro desprecio con una sonora carcajada, que al tiempo alerte al resto de la ciudadanía, salen corriendo a esconder sus complejos y sus colgajos... en el fango.

Hasta aquí Anido vomitando La baba en la pluma, artículo que este, a más de guarro, majadero, acaba dedicando

a ellas, que sufren estos días el maltrato de quienes quieren robarnos el oficio.”

¿Qué oficio, Anido? ¿Qué oficio tienes tú, imbécil?

¿El oficio obsceno de eyacular insultos groseros, haciendo como que los escribes, a mayor velocidad que la fontana de Trevi mana agua limpia y cristalina, para acogerte luego, cobarde y canallamente, —porque, Anido, tú eres un cobarde y un canalla— a ese brindis de “a ellas...” porque eres tan cobarde y tan canalla que tiras la piedra, desahogas tus rabias y tus rencores vomitando obscenidades y, luego, te vas a esconder debajo de las faldas de “ellas”?

¿Te crees de verdad que ninguna de las personas que mencionas ni te quiere quitar ese tu marrano oficio ni quiere siquiera llegar a parecerse a ti, cerdo?

No. Te contemplará, te contemplaremos, nos taparemos las narices y nos darás pena, Anido, como nos apenan tantos espectáculos penosos que, con resignación, vemos en nuestros días. Nada más, Anido. Quitarte no queremos quitarte nada. Rebózate en la mierda que te rodea que, descuida, no te la vamos a robar.

Ya don Marcelino Menéndez Pelayo, en su Historia de los heterodoxos españoles, notó la curiosa pero constante relación que existe entre lo que ahora llamamos pijoprogres y él llamaba heterodoxos y la obsesión que estos tenían por lo extrictamente genital. Esta obsesión genital pervive en seres como Anido y se manifiesta en los garabatos que escribe.

Es él el que no debe acojonarnos a los demás aunque sea lo que de manera tan penosa, burda  grosera intenta.

Ni al señor Burgos, ni al señor Anson, ni al señor Losantos, ni al señor Ussía, ni a la señora Schlichting se les pasó por la imaginación, a la hora de redactar sus escritos, disconformes con el que la señora Chacón sea ministra de Defensa, el vicio polutorio que obsesiona a Anido, ni precisaron apelar a él para justificar sus reflexiones.

A ti sí, Anido, marrano. ¿Por qué será?

¿Será, acaso, porque tú sí eres víctima de tal vicio y eres tú en vez de ellos, en vez de nosotros, el que confundes el culo con las témporas y la crítica lícita a la enésima patochada de Zapatero con tus obsesiones genitales?

***

Lo que vinieron a hacer estos escritores fue a criticar el gesto de Zapatero de nombrar para titular del Ministerio de Defensa a la señora Chacón, no por su condición de mujer sino por sus antecedentes pacifistas, antimilitaristas y falsificadores de su curriculum vitae para hacernos creer que era doctora cuando no es sino licenciada. No es necesario explicar a nadie sensato que esto, muchos, lo podemos entender como una muestra más de desprecio y de provocación por parte de Zapatero a la institución militar en particular y al sector conservador de la ciudadanía en general, ni que podemos entender que semejante desprecio y provocación no son un mero divertimento pueril del señor Presidente para chincharnos, sino una táctica más en su labor de zapa, tanto del orden constitucional como de los valores tradicionales que desprecia.

Podremos estar equivocados pero tal interpretación es más que lícita y verosímil y sobre ella fue sobre la que reflexionaron en sus artículos, en general ingeniosos y mordaces pero jamás indecentes ni obscenos, ni de lejos, como el que inspiraron el de Anido.

El artículo del señor Losantos, en su línea de lenguaje contundente pero nunca grosero, marrano ni ofensivo como el de Anido, deploraba la creación de un Ministerio de la Igualdad, más por lo que tiene de orwelliano que por el hecho de haber sido encomendado a una mujer y deploraba la designación de Chacón como ministra de Defensa, no por ser mujer, sino por su ideología, sus antecedentes personales y sus mentiras.

Por lo que respecta al señor Ussía, si bien muestra su disgusto por el nombramiento, lo trata con una pulcritud exquisita y hasta, en su final, intenta rebuscar en él algo positivo y hasta desea suerte a la ministra:

Por otro lado, es muy probable que este nombramiento no derive en un desastre. Carmen Chacón es inteligente, y si ha sido capaz de enamorarse de Miguel Barroso, debe tener una sensibilidad heroica. Trabajará entre personas entregadas y decentes. Conocerá a los militares. Sabrá de cerca lo que significa la vocación de servicio y el amor a España. Tendrá noticia de los problemas económicos de la gran familia militar y de la aceptación de su situación. Mandará sobre personas que, en ocasiones y con mucha más experiencia en la materia, le expondrán sus desacuerdos con sinceridad para terminar cumpliendo a rajatabla las órdenes recibidas. Y vivirá en un ambiente de lealtad, generosidad y cortesía que echará de menos cuando su responsabilidad se extinga. La Carmen Chacón que saldrá en nada se parecerá a la que entró. Y dentro de lo preocupante, ésta es una buena noticia. Suerte.

El que quiero traer aquí completo, es el de la señora Schlichting a la que Anido, llama “una tal schlichting” y a la que hemos de agradecer que sea ella, una mujer, la que haya hablado con mayor claridad sobre estas cosas que los varones siempre tratamos con el miedo de ser tachados de machistas y ahora también, según se desprende de las palabras de Anido, de maltratadores y que no sabemos por cuanto tiempo vamos a poder seguir hablando, con o sin miedo, de ellas, pues las palabras deAnido, las de Ángela Sanromá, a la que luego me referiré, y la mera creación de un Ministerio de la Igualdad, son hechos lo suficientemente ominosos y elocuentes de que lo perssiguen es penalizar y prohibir estos pensamientos: es decir: censurarnos.

El artículo de doña Cristina L. Schlichting, titulado La Mujer-Burka, dice así:

Me niego a ser mujer para esto. Este presidente va a conseguir lo que parecía imposible: que las más orgullosas de ser mujeres abominemos de nuestra condición. Y es que nos utiliza para todo, para ganar elecciones, justificar lo injustificable (leyes contra el maltrato que penalizan el doble a los hombres que a las mujeres) o tapar desaguisados políticos. La última es el chachi-gobierno. Para empezar repite cartera la más inútil de las ministras, Magdalena Álvarez, que es sinónimo de desastre en obras públicas… y hay que callarse porque es mujer. En segundo lugar entra en un cosmético Ministerio de Igualdad una chica de 31 años cuyo mayor mérito es haber fomentado el flamenco en Andalucía… y hay que callarse porque es mujer. Finalmente se nombra ministra de Defensa a una señora que se reconoce pacifista, que ha repetido que el Ejército tiene que dedicarse a labores de asistencia social y que, tras una carrera catalanista, ha declarado a La Vanguardia que «mi hijo verá la República», y eso sí, que se atreva ni un solo militar a quejarse de tener un superior alejado de los principios de la Corona o la unidad nacional… ¡Hay que callarse porque es mujer! Zapatero ha descubierto la mujer-burka, la mejor manera de tapar injusticias, chulerías y bobadas y asegurarse de que nadie levante la voz. La amenaza es, simplemente, la incorrección política y el consiguiente ostracismo. La mujer-burka permite los más absurdos movimientos políticos, protege de la reacción social y asegura una excelente prensa, sobre todo en el extranjero. ¿Cómo han denominado a este Gobierno en los rotativos internacionales? ¡El Gobierno rosa! ¡Aplaudido por tirios y troyanos y presentado como una revolución pacífica! Ojalá probasen estos egregios periodistas en carne propia una ministra de Fomento cuya especialidad son los socavones o tuviesen que arriesgarse a padecer las decisiones sociales de una ministra ignara o las bélicas de una titular antibelicista. Mil ministras como Maleni les regalaba yo, eso sí, mujeres todas. ¿A que me llaman machista por esta columna después de una vida luchando por mis derechos?

Éstos son los artículos y éstas las palabras que han sacado a Anido de sus cabales y a estos escritores, por decir estas cosas, los ha insultado Anido llamándolos “pajilleros,” “reprimidos,” “puteros,” “siniestros” y “cobardes” y “una tal schlichting.”

Leyendo las palabras de doña Cristina y comparándolas con los berridos de Anido me reafirmo en mi convicción antigua de que el presentar al mundo como un enfrentamiento entre hombres y mujeres es falso y es un trampa. El verdadero enfrentamiento es el que existe entre personas sensatas, educadas, cultas, reflexivas y ponderadas y animales de bellota, indecentes y sinvergüenzas, como Anido.

La imagen que dio Anido fue tan asquerosa que hasta la propia página web de la SER retiró el artículo de su alojamiento en ella aunque, habiendo ya saltado y circulado por todas partes, hizo de la necesidad virtud y ha tenido que volver a publicarlo.

El asunto Anido es tan asqueroso y repugnante que, aunque ya había expresado mi opinión somera acerca de él en el foro de Liberad Digital, me resistía a tratarlo con amplitud en este blog.

Ya comenté en otra entrada de este blog, de noviembre pasado, titulada En defensa de una señora, cómo la progresía está, cada vez más crispada y sacada de sus orwellianos cabales en los que nos quieren encerrar a todos.

Ya expliqué allí cómo están, efectivamente, cada vez más crispados. Cada vez están más descompuestos. Cada vez son menos capaces de disimular ni el odio que llevan dentro, ni la bilis que les sube hasta la garganta, ni la estupefacción que debe causarles la contradicción que entraña el que ellos, adalides de la libertad, anden en la cruzada de acallar voces disonantes y que, ante las afirmaciones de estas voces, ellos, carentes de argumentación, tengan que ceñirse al insulto o al exabrupto y no puedan ir más allá de ellos.

Me recuerdan, en mucho más vil y miserable, los tiempos de la infancia en los que, cuando un niño hacía una perrería a otro y éste se quedaba, bien sin contestación, bien sin fuerza para soltarle un guantazo al otro, salía con la retahíla aquella de “cochino, marrano, sucio, asqueroso...” que le servía de desahogo.

Pero, hasta los niños, antes de recurrir a este último extremo, buscábamos, en nuestras mentes infantiles alguna razón que mostrara al universo mundo la injusticia de la que habíamos sido objeto, la sinrazón de nuestro adversario y, en fin, una salida del trance más airosa que la susodicha retahíla.

Estos indeseables de la progresía intelectual, no. Quizá, al principio, atónitos, desde su convicción de superioridad moral e intelectual, de que se les contestara, alguno intentara hacer melindre de reflexión intelectual.

Ahora ya ni siquiera eso. Ahora están instalados en el “cochino, marrano, sucio, asqueroso...” y detrás de ello no hay nada. Nada.

Los insultos de Anido son, precisamente, eso a lo que me referí hace unos meses.</