Conceptos esparcidos

Página pricipal del blog


Enviado a las 23/07/2008 18:48:39
A vueltas con el Crucifijo

 

 

A vueltas con el Crucifijo

 

 

Desde hace tiempo me ronda por la cabeza la idea de cursar la licenciatura en Teología y si Dios me da vida suficiente y mi profesión tiempo para ello, querría dedicar la sexta década de ella para hacerlo.

Educado en el campo de las Ciencias, mi espíritu siempre se ha sentido más atraído por el de las Letras y puedo decir hoy, ya muy avanzada mi vida y dedicado alguna reflexión y alguna lectura al asunto, que la ciencia sólo colma una pequeña parte del ansia de conocimiento del ser humano, concretamente, aquélla que satisface la curiosidad de conocer cómo funciona el Universo físico que nos es dado ver.

En ningún sitio está escrito que todo el Universo (empleo aquí el término Universo en sentido filosófico, es decir, me refiero a la totalidad de Todo lo que existe, no en el sentido astronómico del Universo que vemos por los catalejos) sea comprensible ni aprehensible para la razón humana −error extendidísimo en nuestro tiempo−, pero, aunque así fuera, la Ciencia sólo puede explicarnos el funcionamiento de ese Universo físico, visible y mensurable. Nos explica cómo funciona.

El resto de preguntas que se hace el ser humano −cuando digo ser humano hablo en términos generales y con ello no me refiero ni a Zapatero, ni a Blanco ni a Aído, no porque no los considere seres humanos, ni humanas, sino porque ya me hago cargo de que ellos no se preguntan estas cosas−: el qué, el por qué, el para qué, son preguntas que la Ciencia nunca va a podernos contestar. De ahí la necesidad de la Metafísica y de la Teología.

Ignoro si, acabaré cumpliéndolo: la vida es, al mimo tiempo que una continua sucesión de propósitos de los cuales casi ninguno se realiza, una permanente aparición inopinada de sucesos inesperados −las más de las veces, adversa, como dijo el autor de la inmortal Epístola moral a Fabio− que son los que de verdad la dirigen.

No sé pues si acabaré realizando éste mi viejo sueño de cursar la Licenciatura en Teología pero, si lo llego a hacer, manifiesto desde ahora mismo que no va a ser en la Universidad Carlos iii de Madrid y, menos, mientras don Juan José Tamayo sea director de su Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones.

Don Juan José nos regaló el pasado día 19 un artículo de opinión en El País titulado A vueltas con el Crucifijo en el que manosea conceptos e ideas que ya eran viejas cuando Ernest Renan, en el siglo xix, escribió La vida de Jesús, obra en la que, a su vez, manoseaba la vieja reducción de la figura de Jesucristo a su mera condición humana e histórica.

Ideas tan novedosas nos explica este señor, don Juan José Tamayo, en el artículo que público en la edición de El País del pasado día 19 titulado A vueltas con el crucifijo, cuando se esfuerza en hacernos comprender que:

«La muerte de Jesús de Nazaret en la cruz no respondió a la voluntad de Dios, como frecuentemente han predicado las iglesias cristianas, sino que fue la aplicación de una condena impuesta por las autoridades religiosas y políticas por su afilada crítica de la religión, su transgresión sistemática de la ley, su permanente conflicto con el poder político y su práctica liberadora, socialmente revolucionaria, políticamente desestabilizadora del orden establecido, religiosamente subversiva y desacralizadora del poder.

Como digo, pensamientos de este tipo ya eran viejos en el siglo xix y, seguramente, mucho antes.

Y lo eran porque la Fe es una gracia de Dios a la que no se puede llegar sólo a través de nuestra razón y, por ello, es muy comprensible que, desde los comienzos de la cristiandad, infinidad de personas no hayan llegado a comprender lo que de sublime encierra el dogma de la Encarnación, de la divinidad de Jesucristo, el de su Resurrección o el de su subida a los Cielos para reinar a la diestra de Dios Padre.

Aún a los que agachamos la cerviz ante estos misterios y decimos ¡sí, creo!, abandonados a nuestra sola razón, tampoco podríamos aceptarlos y no es menester, pues que el señor Tamayo nos explique cosa tan simple y, como digo, tan archirrepetida.

De esa dificultad que entraña la asunción de estos dogmas a la sola luz de la razon se debe el hecho de que tantos autores que los rechazan, interesados, sin embargo, algunos por la figura histórica de Jesucristo, otros por intentar sacar provecho de ella y casi todos por menospreciar a la Iglesia católica, se hayan dedicado a indagar en esta faceta histórica, unas veces con mejor fe, como en el caso de Renán, otras con tontería infinita, como la de Juan José Benítez en su Caballo de Troya, y otras con muy mala fe, como en el caso de El Código da Vinci.

No hay, nada nuevo, pues en lo que nos dice el señor Tamayo en El País. Lo significativo de su artículo es que argumentos tan banales los utilice un catedrático de Teología para defender, que es de lo que trata su artículo, la laicidad del Estado y, muy concretamente, la presencia del Crucifijo en los actos oficiales.

Ello lo justifica el señor Tamayo con las siguientes palabras:

«Es necesario llevar el laicismo o, si se quiere, la laicidad hasta las últimas consecuencias. Para ello hay que eliminar todos los restos de teísmo político criticado tan certeramente por el teólogo Paul Tillich que perviven incluso en los Estados no confesionales, y muy especialmente en el Estado español.»

No nos explica este teólogo porqué es esto necesario, cosa que sería esperable de un filósofo cuando hace una afirmación tan tajante, pero tampoco es que sea muy necesario. A estas alturas conocemos más que de sobra hacia donde se dirige la embestida de la izquierda, sabemos cómo, su fin último es erradicar a la religión católica de la sociedad y lo único que nos aporta este artículo es que nos hace darnos cuenta de que, si el mal es evidente y extendidísimo en la clase política dirigente, quizá sea aun peor su existencia soterrada en las cátedras universitarias.

No dice el señor Tamayo ni una palabra acerca de la riqueza cultural que encierra cualquier religión. Ni una sola palabra acerca de la belleza de sus símbolos ni de su liturgia. No se detiene don Juan José a dedicar ni un mínimo pensamiento al hecho de que, si el Crucifijo está presente en los actos oficiales es porque lo viene estando desde hace dos mil años, años que gravitan sobre las generaciones hoy vivas y no se detiene a preguntarse, ni por lo más remoto, si las generaciones hoy vivas tienen derecho a liquidar su historia y, de tenerlo, si esto es deseable no.

No, el teólogo Tamayo da por descontado que lo bueno es la laicidad y que la laicidad exige la retirada del Crucifijo.

Gran contraste la teología de este hombre con la reciente lisa y llana reacción de don Juan Alberto Benlloch, alcalde de Zaragoza, quien, a pesar de su condición de socialista no pudo por menos, hace poco y ante tanto sofisma, que ‘saltar’ y decir que “mientras el esté al frente del Ayuntamiento, el Crucifijo seguirá presidiendo su Salón de Plenos.”

Y añadió don Alberto:

«Las sociedades más maduras son las que no cambian las costumbres y tradiciones, sino que las acumulan y superponen.»

y que a él le basta:

«con que el Crucifijo lleve en su sitio todo este tiempo (desde el siglo xviii), porque, además, creo que eso no debe de ofender a nadie.»

Esto, que parece lo sensato, es lo que disgusta al señor Tamayo y así nos lo dice desde su cátedra de Teología de la Universidad Carlos iii.

El señor Tamayo será todo lo teólogo que él quiera pero es un teólogo iconoclasta. Y además, un sofista. Y, además, un hipócrita cuando trata de disimular su iconoclastia con palabras tales como:

«Es necesario preservar el crucifijo, símbolo de un cristianismo liberador y comprometido con los excluidos, de cualquier uso y abuso político, manipulación partidista y legitimación del poder. Me parece un sarcasmo que quien fuera crucificado por blasfemo, heterodoxo y subversivo sirva de legitimación de las actuaciones políticas de quienes van a ejercer el poder. Es una contradicción en toda regla y una desnaturalización de la muerte de Jesús de Nazaret. Los dirigentes eclesiásticos y los creyentes de las diferentes iglesias cristianas deberían ser los primeros en levantar la voz contra el uso y abuso del crucifijo en ceremonias de carácter político y de reclamar su supresión en actos institucionales.»

Pienso que de quien hay que preservar el Crucifijo es de personas como el señor Tamayo. Ni aún cuando tuviera razón y la razón de la crucifixión de Jesucristo se hubiera reducido a lo que la pobreza intelectual del señor Tamayo dice que fue, existiría esa contradicción, ni la presencia del Crucifijo en los actos oficiales desnaturalizaría nada: para los creyentes y para los no creyentes, su presencia en estos actos nos recuerda que la civilización española tiene como pilar esencial al catolicismo. Olvidar esto es empobrecernos y olvidar nuestra historia. Para los creyentes, la tesis del señor Tamayo es signo evidente de que postula relegar la religión a la conciencia de cada uno y le niega la dimensión pública que todas las religiones han tenido en cualquier civilización. Cuando nos dice: “Los dirigentes eclesiásticos y los creyentes de las diferentes iglesias cristianas deberían ser los primeros en levantar la voz contra el uso y abuso del crucifijo en ceremonias de carácter político y de reclamar su supresión en actos institucionales” debemos entender que intenta engatusarnos y equivocarnos con palabras envenenadas.

Por aquí camina el mundo político y el académico. Si acaban triunfando con esto del laicismo tendremos que empezar a pensar otro nombre para la Carrera de san Jerónimo, pues sería un “sarcasmo” el que los padres de la Patria tuvieran que pasar por una calle con el nombre de un santo para entrar en las Cortes.

Y tendremos que ir pensando en quitar la Cruz de los Ángeles del escudo de Asturias pues, aparte los argumentos que nos ha dado ya para ello el señor Tamayo, seguro que, si no la quitamos, nos vendrá a explicar que la leyenda sobre su origen es pura patraña.

Esto y tantas y tantas cosas que tendremos que quitar, romper o deshacer para que don Juan José Tamayo se quede conforme y descansar en paz en su cátedra.

 

 

Vínculos:

A vueltas con el crucifijo. Artículo de opinión de Juan José Tamayo en El País. Mientras yo sea alcalde de Zaragoza, no se retirará el Crucifijo del Salón de Plenos. Don Juan Alberto Benlloch.  
5 Comentarios



Enviado a las 15/07/2008 20:26:41
'Violencia simbólica'

 

Violencia simbólica

 

De entre las muchas noticias terribles que nos ha traído el día de hoy: el desplome de la bolsa, el mantenimiento de la convocatoria de referendum por parte del lehendakari vasco haciendo caso omiso a la legalidad vigente o la quiebra de la mayor empresa inmobiliaria española, me ha causado especial impacto desagradable la de las declaraciones del consejero de Cultura y Medios de Comunicación de la Generalidad de Cataluña, Joan Manuel Tresserras.

Dice Tresserras respecto de los que hemos firmado el Manifiesto por la Lengua Común:

«Estamos acostumbrados a ver como violencia sólo la física, pero también hay violencia simbólica; cuando se intenta convencer a amplios colectivos de cosas que son falsas al servicio de determinados intereses políticos, es una forma de violencia simbólica.»

Como soy uno de los firmantes de tal manifiesto, me he sentido especialmente aludido pero, aunque no lo hubiera firmado, la indignación que me han causado estas palabras y la necesidad de responder a ellas hubieran sido las mismas.

Diciéndolo resumidamente: es intolerable que un gobernante de una nación supuestamente democrática acuse a un grupo de ciudadanos de violentos por el mero hecho de emitir una opinión.

Es intolerable y es muy preocupante porque la única violencia permitida en un estado de Derecho es la que se reserva dicho estado para imponer la Ley y, si un gobernante de dicho estado, acusa de violento a alguien por pensar de determinada forma lo que viene es a amenazarnos con que a nuestra violencia se pueden oponer otras violencias, incluida la del Estado.

Hasta ahora pensábamos que el pensamiento no delinque y que la ley española protege la libertad de expresión. Tresserras, con sus palabras desde el gobierno de Cataluña, nos hace dudar de ello.

Esto es estalinismo puro y duro.

Tresserras es de ERC y gobierna en Cataluña, no lo olvidemos, porque el PSOE así lo quiere.

La violencia simbólica que dice Tresserras  existe. La vimos hace poco plasmada en la composición fotográfica en la que aparecía el rostro de Rosa Díez con en tiro en la frente colocada en pasquines callejeros por gentuza no menos estalinista que Tresserras.

Existe la violencia simbólica sí. Pero llamar violencia simbólica −y más desde el gobierno− a la expresión de una opinión tan comedida como la del Manifiesto sólo puede ser considerado, por un lado, truco semántico y, por otro, invitación y justificación de la violencia que contra nosotros pueda cometerse por haber firmado el Manifiesto.

Truco semántico como tantos otros utilizados por la izquierda española y que en Cataluña, y referidos a la independencia, se suma a otros como el del autoodi (autoodio), concepto que utilizan para convencer a los catalanes que se sienten españoles y no desean la independencia de que padecen odio hacia Cataluña o el más reciente de sostener la existencia de un supuesto genocidio de España hacia Cataluña. Eso por no hablar del la ya anticuado y manido epíteto de facha o fascista aplicado de oficio a cualquiera que se atreva a considerar a Cataluña parte de España.

E invitación y justificación obvia de violencia hacia cualquiera que se atreva a disentir de Tresserras y compañía.

Y todo esto, repito, dicho desde el Gobierno de la Generalidad de Cataluña.

En tales manos ha caído el gobierno de Cataluña gracias al PSOE.

Hoy ha aparecido también otra noticia muy relacionada con esta y que apunta en la misma dirección.

Me refiero a los epítetos que ha lanzado Joan Puig, exdiputado de ERC, contra Monserrat Caballé por haber firmado, ella también, el manifiesto y, además, haberse declarado española de pura cepa.

Por este motivo la ha llamado y nos ha llamado a todos, indeseables y mentirosos:

«Yo digo basta, no les necesitamos, todos estos personajes forman parte de una lista de indeseables, de mentirosos, de generadores de conflictos, hace falta denunciarlo, tenemos la razón y ellos lo saben.»

Elocuente expresión la de «no les necesitamos».

El ambiente en Cataluña, y en España entera, es, cada vez, más irrespirable pero aún quedan personas valientes como Jordi, de Barcelona, quien en e-noticies comenta el hecho con estas palabras:

Resulta patètic que sigui precisament Joan Puig qui faci servir el qualificatiu d'indesitjable contra algú. I no deixa de ser curiós que utilitzi aquest adjetiu contra algú com la Caballé qui, al contrari que ell, sí que ha triomfat a la vida.

(Resulta patético que sea, precisamente, Joan Puig quien utilice el calificativo de indeseable contra nadie. Y no deja de ser curioso que utilice este adjetivo contra alguien como Caballé quien, al contario que él, sí ha triunfado en la vida.)

Cada vez es más irrespirable el ambiente que se vive en Cataluña y en toda España y poco más me queda por decir.

Dejo aquí el Manifiesto por la Lengua Común para que se vea la violencia simbólica que contiene y para que quien no ande muy enterado del asunto se vaya enterando que hay gobernantes en España que piensan que esto no se puede decir:

 

MANIFIESTO POR LA LENGUA COMÚN

 

Desde hace algunos años hay crecientes razones para preocuparse en nuestro país por la situación institucional de la lengua castellana, la única lengua juntamente oficial y común de todos los ciudadanos españoles. Desde luego, no se trata de una desazón meramente cultural -nuestro idioma goza de una pujanza envidiable y creciente en el mundo entero, sólo superada por el chino y el inglés- sino de una inquietud estrictamente política: se refiere a su papel como lengua principal de comunicación democrática en este país, así como de los derechos educativos y cívicos de quienes la tienen como lengua materna o la eligen con todo derecho como vehículo preferente de expresión, comprensión y comunicación.

 

Como punto de partida, establezcamos una serie de premisas:

 

1. Todas las lenguas oficiales en el Estado son igualmente españolas y merecedoras de protección institucional como patrimonio compartido, pero sólo una de ellas es común a todos, oficial en todo el territorio nacional y por tanto sólo una de ellas -el castellano- goza del deber constitucional de ser conocida y de la presunción consecuente de que todos la conocen. Es decir, hay una asimetría entre las lenguas españolas oficiales, lo cual no implica injusticia (?) de ningún tipo porque en España hay diversas realidades culturales pero sólo una de ellas es universalmente oficial en nuestro Estado democrático. Y contar con una lengua política común es una enorme riqueza para la democracia, aún más si se trata de una lengua de tanto arraigo histórico en todo el país y de tanta vigencia en el mundo entero como el castellano.

 

2. Son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüísticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas. O sea: los ciudadanos que hablan cualquiera de las lenguas cooficiales tienen derecho a recibir educación y ser atendidos por la administración en ella, pero las lenguas no tienen el derecho de conseguir coactivamente hablantes ni a imponerse como prioritarias en educación, información, rotulación, instituciones, etc... en detrimento del castellano (y mucho menos se puede llamar a semejante atropello «normalización lingüística»).

 

3. En las comunidades bilingües es un deseo encomiable aspirar a que todos los ciudadanos lleguen a conocer bien la lengua cooficial, junto a la obligación de conocer la común del país (que también es la común dentro de esa comunidad, no lo olvidemos). Pero tal aspiración puede ser solamente estimulada, no impuesta. Es lógico suponer que siempre habrá muchos ciudadanos que prefieran desarrollar su vida cotidiana y profesional en castellano, conociendo sólo de la lengua autonómica lo suficiente para convivir cortésmente con los demás y disfrutar en lo posible de las manifestaciones culturales en ella. Que ciertas autoridades autonómicas anhelen como ideal lograr un máximo techo competencial bilingüe no justifica decretar la lengua autonómica como vehículo exclusivo ni primordial de educación o de relaciones con la Administración pública. Conviene recordar que este tipo de imposiciones abusivas daña especialmente las posibilidades laborales o sociales de los más desfavorecidos, recortando sus alternativas y su movilidad.

 

4. Ciertamente, el artículo tercero, apartado 3, de la Constitución establece que «las distintas modalidades lingüísticas de España son un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección». Nada cabe objetar a esta disposición tan generosa como justa, proclamada para acabar con las prohibiciones y restricciones que padecían esas lenguas. Cumplido sobradamente hoy tal objetivo, sería un fraude constitucional y una auténtica felonía utilizar tal artículo para justificar la discriminación, marginación o minusvaloración de los ciudadanos monolingües en castellano en alguna de las formas antes indicadas.

 

Por consiguiente los abajo firmantes solicitamos del Parlamento español una normativa legal del rango adecuado (que en su caso puede exigir una modificación constitucional y de algunos estatutos autonómicos) para fijar inequívocamente los siguientes puntos:

 

1. La lengua castellana es COMÚN Y OFICIAL a todo el territorio nacional, siendo la única cuya comprensión puede serle supuesta a cualquier efecto a todos los ciudadanos españoles.

 

2. Todos los ciudadanos que lo deseen tienen DERECHO A SER EDUCADOS en lengua castellana, sea cual fuere su lengua materna. Las lenguas cooficiales autonómicas deben figurar en los planes de estudio de sus respectivas comunidades en diversos grados de oferta, pero nunca como lengua vehicular exclusiva. En cualquier caso, siempre debe quedar garantizado a todos los alumnos el conocimiento final de la lengua común.

 

3. En las autonomías bilingües, cualquier ciudadano español tiene derecho a ser ATENDIDO INSTITUCIONALMENTE EN LAS DOS LENGUAS OFICIALES. Lo cual implica que en los centros oficiales habrá siempre personal capacitado para ello, no que todo funcionario deba tener tal capacitación. En locales y negocios públicos no oficiales, la relación con la clientela en una o ambas lenguas será discrecional.

 

4. LA ROTULACIÓN DE LOS EDIFICIOS OFICIALES Y DE LAS VÍAS PÚBLICAS, las comunicaciones administrativas, la información a la ciudadanía, etc... en dichas comunidades (o en sus zonas calificadas de bilingües) es recomendable que sean bilingües pero en todo caso nunca podrán expresarse únicamente en la lengua autonómica.

 

5. LOS REPRESENTANTES POLÍTICOS, tanto de la administración central como de las autonómicas, utilizarán habitualmente en sus funciones institucionales de alcance estatal la lengua castellana lo mismo dentro de España que en el extranjero, salvo en determinadas ocasiones características. En los parlamentos autonómicos bilingües podrán emplear indistintamente, como es natural, cualquiera de las dos lenguas oficiales.

 

Firmado por Mario Vargas Llosa, José Antonio Marina, Aurelio Arteta, Félix de Azúa, Albert Boadella, Carlos Castilla del Pino, Luis Alberto de Cuenca, Arcadi Espada, Alberto González Troyano, Antonio Lastra, Carmen Iglesias, Carlos Martínez Gorriarán, José Luis Pardo, Alvaro Pombo, Ramón Rodríguez, José Mª Ruiz Soroa, Fernando Savater y Francisco Sosa Wagner.

Esto, señores, es violencia simbólica para la gente de izquierda que nos gobierna y, a lo que parece, falta poco para que cosas como esta se puedan seguir diciendo en España.

 

Vínculos:

El 'Manifiesto en defensa de la lengua común' es "violencia simbólica." De Libertad Digital. El Govern acusa els promotors del 'Manifiesto' de "violència simbòlica". De e-noticies. 'Boicot' a Monserrat Caballé. De e-noticies. Joan Puig llama al boicot contra Montserrat Caballé, Vargas Llosa y Boadella. De Libertad Digital.Manifiesto en defensa de la lengua común. De El Mundo. Adhierete al 'Manifiesto' si lo deseas y tienes valor. En El Mundo.  
1 Comentarios



Enviado a las 09/07/2008 20:20:36
Luz Casal entre la idiotez reinante, la cobardía y el melindre

 

 

Luz Casal entre la idiotez reinante, la cobardía y el melindre

 

 

Con honrosísimas excepciones −me viene ahora a la cabeza la de mi admirada María Dolores Pradera− a nuestras folclóricas (y folclóricos) se les podrá escuchar en sus actuaciones con mayor o menor placer según los gustos de cada uno pero, fuera de ellas, cuando se les pone un micrófono delante de la boca para que opinen o filosofen, sus deposiciones mentales suelen resultar penosas.

Hasta hace poco su sonsonte preferido era la manifestación de sus inmensos deseos de que haya paz en el mundo.

Últimamente, con esto del cambio climático, parece que algo lo han cambiado y el otro día escuché o leí (no recuerdo bien) de Lolita −hija de la genial Lola Flores− que su mayor preocupación actual es dicho cambio biosférico.

¡Original e innovadora la chica!

Son, en general, así y no dan para más: son puros magnetófonos de lo políticamente correcto.

No es que ello tenga demasiada importancia. Su labor en este mundo no atañe al pensamiento sino a la actuación artística, pero no deja de ser penoso la pobreza intelectual en la que se mueven.

Me han venido estas reflexiones a la cabeza a raíz de la noticia que leo en e-noticies acerca del arrepentimiento de Luz Casal por haber firmado el Manifiesto por la lengua común, arrepentimiento que expresa en una carta dirigida a El Mundo, en la que dice (cito textualmente de e-noticies):

«Quiero defenderme de la manipulación, del sinsentido y del partidismo que mi opinión haya suscitado. Desde que saltó la noticia de mi adhesión a considerar el castellano idioma y nexo común de todos (firmé siguiendo la estela de artistas como Gamoneda o Antonio López, a los que admiro profundamente), me he visto metida en una polémica que no deseo, que me es ajena y de la que quiero que me excluyan".

»¡He pasado la peor semana desde que me dieron la noticia de mi enfermedad! Yo canto en castellano, gallego, catalán (no he tenido la ocasión de hacerlo todavía en vasco), en portugués y en francés... ¿Cómo puede alguien pensar que pueda estar en contra de ellas, de cualquier lengua? ¿Que esté en contra del bilingüismo?", añade Casal, que està luchando contra un cáncer, para finalmente recordar que "durante toda mi vida profesional he tenido mucho cuidado de no significarme políticamente ni tampoco con la religión (...) Si he de tomar partido, lo haré por el que defienda un mundo en armonía.»

Como digo, no tiene, en sí, en lo personal, mayor importancia. Doña luz es muy libre de firmar y de desfirmar lo que dé la realísima gana.

Pero es, sin embargo, muestra significativa del entontecimiento en el que vivimos.

Esta mujer ¿lee lo que firma? ¿tiene puñetera idea de en qué mundo vive? ¿conoce cómo andan las cosas en España o es sólo que vive en el mundo entontecido de ZP y engañada por sus mentiras?

Pues claro, hija mía, que tomar partido en éste, como en tantos otros asuntos muy graves y muy polémicos que hoy gravitan sobre nuestra patria trae complicaciones, disgustos y peligros. Y más si una es un personaje público.

Sin ir más lejos, nacionalistas catalanistas de izquierda colgaron, hace pocos días, pasquines en los que figuraba la foto de Rosa Díez precisamente por firmar ese manifisto. ¿Terrible, no? ¿Se han atrevido a tanto contigo durante esta semana tuya tan terrible?

Así andan las cosas, Luz. ¿Lees los periódicos? Pues por ahí andan. Firmar un manifiesto en favor de los niños de Somalia no cuesta nada y queda muy mono. Esto otro que firmaste es otra cosa que atañe a algo más próximo a nosotros y que afecta a la libertad de las personas.

El miedo es libre, la tontería infinita y me parece muy bien que te borres del Manifiesto. Y me parece muy bien tu cuidado en no «significarte ni por lo político ni por lo religioso.» Las gallinas hacen lo mismo.

Lo único que te ruego es que leas, al menos una vez al mes los periódicos y, si no, que no firmes nada de estas cosas. Tú a cantar.

Te deseo que, cuanto antes, se te pase el sofocón y que el próximo manifiesto que firmes sea, como dices uno que «defienda un mundo en armonía.» Total, eso no cuesta nada y queda muy requetebién.

¡Viva Cartagena!

7 Comentarios



Enviado a las 29/06/2008 11:47:33
Un intercambio epistolar a raíz de la falacia naturalista de Hume

 

 

 

Un intercambio epistolar a raíz de la falacia naturalista de Hume

 

 

El hecho de haber presentado ayer en la bitácora que don Pío Moa tiene en Libertad Digital mi viejo escrito de hace un año titulado Procariotas, eucariotas, maricas y homófobos ha tenido como consecuencia  un interesante y, para mí, muy instructivo intercambio epistolar con un señor que no está de acuerdo con la tesis que expuse en aquel escrito y que, por lo instructivo de él, voy a reproducir aquí.

Como no tengo el permiso de este señor para revelar su identidad, me abstendré de hacerlo y me limitaré a reproducir, íntegramente, el debate que hemos mantenido.

Me dice en su primer escrito:

RE: “Tu entrada de blog “Procariotas, eucariotas, maricas y homófobos”

Todo lo que tú dices no es más que una enorme falacia, bien conocida y descrita por la filosofía. Recibe, habitualmente, el nombre de “falacia naturalista” y dice más o menos lo siguiente: de la observación de la naturaleza no puede deducirse ningún principio moral (dada tu manifiesta ignorancia al respecto, te recomiendo que leas la Investigación sobre los principios de la moral, de Hume).

Que una cosa sea “natural” no significa que sea “buena”. También las enfermedades son fenómenos “naturales” y no por ello son “buenos”.

Si, en nuestra vida moral, siguiéramos los mismos principios que la naturaleza, deberíamos aceptar como buenas (puesto que son “naturales”) las enfermedades y la muerte. Las infecciones y los tumores son cosas “naturales”. De hecho, si hay algo que defina al ser humano, diferenciándolo del resto de los animales, es su perpetua lucha contra la ”naturaleza” (y lo pongo entre comillas, porque seguramente tu concepción de la naturaleza es distinta de la mía).

Otra objeción: Confundes reproducción y sexo. A pesar de tu frase (te cito textualmente):

No estoy ignorando que el ser humano sea algo mucho más rico que una mera especie animal más. No estoy diciendo que los aspectos placenteros, afectivos y culturales que envuelven la sexualidad humana dejen de ser algo bueno y valioso en sí mismos.

Parece que inmediatamente olvidas lo que acabas de decir. Los homosexuales pueden reproducirse igual que tú y que yo; son homosexuales simplemente porque, en sus relaciones sexuales, prefieren a las personas de su mismo sexo, lo cual no invalida su capacidad reproductoria. La reproducción consiste en tener hijos, el sexo consiste en pasarlo bien con otra (o otras) personas a base de proporcionarse unos a otros placer físico (deberías probarlo más a menudo. Por lo menos una vez).

Más mentiras: por si lo de la falacia naturalista no te convence, la homosexualidad es algo perfectamente natural. Porque, según la biología (ya que los progres no entendemos otros argumentos) el ser humano es un animal. Y como animal, forma parte de la “naturaleza”. Por lo tanto la homosexualidad es un comportamiento habitual entre seres “naturales”. No es cierto (como sostienen algunos) que la homosexualidad sea algo así como una perversión genuinamente humana; otros animales también la practican, especialmente los gorilas y los chimpancés (Jane Goodall, por ejemplo, describe algunos casos en sus libros).

Y si el fin de la naturaleza es procrear y salvaguardar los genes, como tú afirmas pedantemente, ¿cómo es que la naturaleza ha creado animales homosexuales? ¿Será que la naturaleza no es del PP?

¿Qué coño te importa a ti con quien follan los demás? ¿Por qué os preocupa tanto, a los fachas, éste tema?

Si los primeros pervertidos sois vosotros...

A este primer escrito contesté en los siguientes términos:

RE: “Tu entrada de blog “Procariotas, eucariotas, maricas y homófobos”

Mi querido amigo R.

Ante todo, gracias por tu comentario.

Comencemos por lo de la “falacia naturalista.”

Para empezar, quise tratar el asunto, y así lo expresé en el escrito, desde un punto de vista meramente biológico y abstenerme de hacer ningún juicio moral. Sin embargo, me reafirmo en lo que dije: dudo mucho, muchísimo, de que el ir contra la naturaleza del ser humano vaya a conseguir un ser humano más feliz. Más bien soy de la opinión contraria. Como todo es discutible en este mundo, pudiera estar equivocado pero es eso lo que pienso.

Me abstendré, pues de nada te conozco, de tildarte de “manifiesto ignorante” como tú, sin mayor empacho, me tildas a mí. Permíteme decirte, sin embargo que no te obceques con Hume pues no es el único pensador que ha habido sobre la Moral. El sustento que daba Hume a ésta es la emotividad frente al intelectualismo moral de, por ejemplo, Platón. El que, en nuestros días, el concepto de Hume sea el más aceptado no quiere decir que sea ni el “bueno” ni el acertado.

Tergiversas las cosas cuando dices que

“el que una cosa sea “natural” no significa que sea “buena.”

Yo no he dicho eso. He dicho que dudo de que el ir contra la naturaleza humana vaya a conseguir un ser humano más feliz.

Confundes las cosas cuando hablas de las enfermedades como ejemplo de algo que es natural y, al mismo tiempo, no es bueno. Por supuesto que la enfermedad no es “buena” pero no lo es, no desde un punto de vista moral sino desde el punto de vista de la condición humana y del sufrimiento que causa en el ser humano. Nada tienen que ver las enfermedades con la moral. Más bien, se encuadran dentro de esa naturaleza humana que, al final, acaba, sí, con la muerte. O ¿es que también vais a conseguir un ser humano inmortal y libre de enfermedades a base de citar a Hume? Me parece que lo tenéis crudo. ¿No tendrá la felicidad algo que ver con la aceptación de esta condición del  ser humano?

El luchar, pues, contra la enfermedad no es “luchar contra la naturaleza” como dices. Es luchar contra una desgracia concreta que afecta a un ser humano concreto. No es, en definitiva, un intento de cambiar la naturaleza del ser humano sino un intento de mantener en este “valle de lágrimas”, en las mejores condiciones posibles y hasta donde Dios quiera, a un hombre defendiendo lo más precioso que tiene que es su vida y su salud.

No confundas, pues, las cosas.

No confundo yo “reproducción” con “sexo”. Reléeme, por favor. Señalo su íntima relación y cómo éste aparece, en la evolución de las especies, como mecanismo de la reproducción sexual ¿me equivoco también en esto?

Sigamos: el que te contradices eres tú cuando dices que

“la homosexualidad es algo perfectamente natural. Porque, según la biología (ya que los progres no entendemos otros argumentos) el ser humano es un animal. Y como animal, forma parte de la “naturaleza”. Por lo tanto la homosexualidad es un comportamiento habitual entre seres “naturales”. No es cierto (como sostienen algunos) que la homosexualidad sea algo así como una perversión genuínamente humana; otros animales también la practican, especialmente los gorilas y los chimpancés.”

y te contradices porque empezaste tu comentario rechazando la observación de la Naturaleza como base de ninguna conclusión moral.

Pero, aun así: es verdad, la homosexualidad se da también en los animales, mas ¿quién ha dicho que en los animales no se den, también, desviaciones de los instintos?

Yo, de niño, tenía un hámster hembra que se comía las crías que paría. ¿Esto es instinto maternal o desviación del instinto maternal? ¿Me quieres decir que tan “natural” es que las madres devoren a sus criaturas como que las cuiden y críen? Me dirás que tal perversión de ese instinto maternal podría deberse al hecho de estar enjaulada. Todo lo que tú quieras. Pero, sea cual sea la causa, el hecho es que se las comía y eso sólo puede considerarse desviación del instinto maternal. Y con los peces suele suceder algo semejante aunque no estén “enjaulados.”

En resumen, el que los gorilas tengan, de vez en cuando, prácticas homosexuales nada argumenta en contra de lo que vengo diciendo.

Respecto a tu pregunta

“Y si el fin de la naturaleza es procrear y salvaguardar los genes, como tú afirmas pedantemente, ¿cómo es que la naturaleza ha creado animales homosexuales?”

creo que ya va más que contestada: una cosa son los instintos, otra la finalidad de los instintos y otra las desviaciones de esos instintos que no niego sino, todo lo contrario: lo que vengo diciendo es que la homosexualidad es una desviación del instinto sexual. O no me explico o no me entiendes.

Por último: te repito que a mí no me importa en absoluto con quién f... los demás. Tengo por costumbre no meterme en las intimidades del prójimo.

Más: en el escrito que me comentas dejé manifestado mi respeto hacia todas las personas sea cual sea su tendencia sexual. La finalidad de mi escrito no era desmerecer a nadie, sino rebatir la tesis de que tan “natural” es la homosexualidad como la heterosexualidad y defender mi derecho a expresar esta opinión sin que me tachen de homófobo.

Como ves, paso por alto tus impertinencias e insultos.

A lo que don R. me responde:

RE: “Tu entrada de blog “Procariotas, eucariotas, maricas y homófobos”

Te pido disculpas si mi comentario te ha ofendido (ha sido escrito en un estado de indignación; aunque no soy homosexual, tengo amigos que lo son). Retiro, por lo tanto, todo aquello que de mi mensaje pudiera ser ofensivo. Lo que no retiro son mis argumentos.

Respecto a la falacia naturalista, aunque fue Hume el filósofo que la describió de una forma más detallada, puede decirse que hoy en día es comúnmente aceptada como modelo de falacia incluso por autores que podríamos llamar “racionalistas”. No por que sí; es evidente que “natural” y “bueno” son conceptos que pertenecen a dos órdenes distintos. Mantengo mi ejemplo de las enfermedades. Tú dices que luchar contra la enfermedad es luchar contra una desgracia concreta que afecta a un ser humano concreto.

Pero la enfermedad, desde un punto de vista estrictamente natural, no es una desgracia, incluso podrían hallarse argumentos con los que mantener que la enfermedad es algo útil desde el punto de vista de la naturaleza (porque contribuye al control demográfico de las especies, etc). Para los microbios y las bacterias la enfermedad será algo bueno. En fin, que naturaleza y moral son dos cosas muy distintas y, en ocasiones, opuestas (muchas veces solemos decir que el mundo es “cruel” o que la vida es “cruel” simplemente porque perjudica los intereses humanos).

No es cierto que tú no hayas ofendido a nadie; has ofendido a muchas personas. Yo llegué a tu mensaje a través de un artículo del inefable Pío Moa en el que afirmaba sin tapujos que la homosexualidad es una tara (lo cual equivale a decir que los homosexuales son “tarados”).

El comportamiento homosexual es perfectamente natural y no supone ninguna violación de los instintos. De hecho, ningún animal puede violar sus propios instintos porque los instintos son pautas innatas de comportamiento. Cuando tu hámster se comió a sus crías actuaba por instinto (no por desviación del instinto). No existe ningún instinto que nos obligue a ser heterosexuales (si así fuera, no existirían los homosexuales, y menos en un número tan elevado como de hecho se dan).

También dices que no crees que ir contra la naturaleza del ser humano vaya a conseguir un ser humano más feliz.

Esta afirmación es sorprendente: pregúntale a cualquier homosexual cómo es más feliz, si reprimiendo sus deseos o llevándolos a cabo. Indudablemente, cualquier homosexual (y cualquier persona sensata) te dirá que es más feliz cuando satisface sus deseos que cuando los reprime (de hecho, existen cientos de patologías asociadas a los impulsos reprimidos, a la frustración y a la insatisfacción).

Pero vuelvo a preguntar: ¿qué más te da? ¿Por qué juzgar el comportamiento sexual de otra persona, cuando éste se produce entre gente adulta que decide libremente participar? (obviamente, és condenable el caso de una violación, o de un abuso sexual, pero eso es igual en el caso de los homosexuales y en el de los heteros).

Reitero también que confundes sexualidad y reproducción. Hoy en día son dos cosas que no tienen nada que ver (hemos llegado a un nivel evolutivo en el que podemos reproducirnos sin necesidad de sexo y podemos follar sin necesidad de reproducirnos; desde mi punto de vista eso es un gran paso, desde el tuyo seguramente será un atraso).

Vuelvo a repetir; te pido disculpas si mi mensaje te ha ofendido (tampoco era para tanto) pero repito que te basas en falacias y dogmatismos. Ni desde un punto de vista filosófico ni desde un punto de vista científico son sostenibles tus afirmaciones, y una postura como la tuya contribuye, además, a perpetuar la marginación y el sufrimiento de un amplio colectivo humano. Te invito a que reconsideres tu postura y a que reflexiones sobre cual es la verdadera perversión.

A lo que, a mi vez, contesto a don R.:

RE: “Tu entrada de blog “Procariotas, eucariotas, maricas y homófobos”

Mi querido amigo:

está claro que discrepamos y que no nos vamos a convencer, no obstante, quiero hacerte algunas observaciones a lo que me planteas.

No pretendía yo meterme en honduras tan filosóficas como las que has traído a colación. La intención de mi escrito era mucho más simple: mostrar mi convencimiento de que forzar la naturaleza del ser humano no va a hacer que consigamos un ser humano más feliz sino al revés. Quizá, como he dicho otras veces, esté yo equivocado, pero tengo este  convencimiento.

El sexo, en términos biológicos es lo que digo y su razón de ser es esa. El que, en el ser humano tenga, además, implicaciones placenteras o afectivas, que no niego, no implica que su base biológica sea el acercamiento de un individuo masculino hacia otro femenino con miras a la reproducción.

No puedo prescindir, sin embargo, de las implicaciones morales que tiene mi aserto y que tú me recuerdas. En mi escrito prescindí de entrar en ello y referirme estrictamente a lo biológico pero tu órdago me obliga a hacerlo ahora.

Efectivamente, filosofías subjetivistas como la de Hume son las más comúnmente aceptadas en nuestros días, pero eso no quiere decir que sean las verdaderas, ni la más verdaderas, ni las únicas; antes bien y a mi modo de ver, son la base del mundo equivocado que estamos creando.

Permite que te cite a dos filósofos, uno moderno y otro clásico que disienten de Hume:

Para don José Ramón Ayllón:

«En la historia de la filosofía, el primero en soltar las amarras de la ética con la realidad y divorciar esa unión de veinte siglos fue Hume.

»Una de las tesis esenciales de su empirismo ético es la imposibilidad de pasar del plano del «ser» al del «deber ser». Se trata de un postulado filosófico conocido como ley de Hume, porque fue él quien, en su Tratado sobre la naturaleza humana, insinuó que no era legítimo pasar del «es» indicativo al «debe» imperativo. Al entender la realidad como mero conjunto de hechos, Hume niega por exclusión los valores, pues no son hechos empíricos: «La distinción entre vicio y virtud», dirá, «no está basada meramente en relaciones de objetos, ni es percibida por la razón».

»La «ley de Hume» tiene una parte de verdad. Entre los hechos empíricos y los valores hay una distancia evidente. Pero esta verdad se distorsiona cuando no se admite otro conocimiento que el de los juicios empíricos, del estilo «el agua hierve al alcanzar los cien grados». Del hecho de que «este reloj es impreciso y se estropea con frecuencia», se sigue la valoración verdadera «es un mal reloj». El reloj es una realidad funcional, es decir, designa un objeto que tiene una función propia. Si el hombre tiene una función propia, que no hace indiferentes todos sus actos, entonces existe un fundamento para valorar su conducta.

»El puente entre el «ser» y el «deber ser» no es como se ha sugerido una falacia naturalista. Para un médico, no es una falacia pasar del «está enfermo» al «debo curarle». Para ningún conductor es una falacia pasar del «pongo gasolina» al «debo pagarla».

»En sentido literal, la ética empirista da un doble salto mortal. Primero prescinde de la realidad como fuente de eticidad, y el deber marcha a la deriva de la autonomía absoluta. Suprimida la realidad, el segundo salto consiste en reducir lo ético a lo emocional. Toda valoración moral va a consistir no en un juicio sino en un impacto emocional. Así lo explica Hume en su Tratado de la Naturaleza Humana.

«Todo lo que contribuye a la felicidad de la sociedad merece nuestra aprobación», escribe Hume. Por eso su ética se denomina emotivista y utilitarista: es bueno lo que nos produce sensación de agrado y es útil para todos; es malo lo contrario. El nuevo criterio de conducta es el sentimiento, y la universalidad de la ética queda salvada si declaramos que los sentimientos son tan universales como la razón. El problema lo plantean los sentimientos mayoritarios equivocados. A Hume le diríamos que un mayoritario sentimiento de odio hacia los negros no convierte a los negros en malas personas, y que una mayoritaria simpatía hacia los nazis no los convierte en buenos. En realidad, sólo podemos reconocer sentimientos no fiables cuando disponemos de un criterio fiable. Sólo podemos condenar con justicia al racista y al neonazi desde un criterio independiente del sentimiento.»

Hasta aquí, Ayllón.

Pasemos ahora a ver qué opina Platón:

«Cabe entender la filosofía platónica como uno de los más importantes y radicales intentos de superar el relativismo. El relativismo al que se va a enfrentar Platón (como antes su maestro Sócrates) es el de los sofistas, y fue precisamente uno de estos filósofos, Protágoras, quien expresó gráficamente la esencia del relativismo con la frase “el hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en tanto que son y de las que no son en tanto que no son”.

»Desde el punto de vista ético y político Platón creyó que sólo la existencia de valores morales absolutos puede permitir la vida buena y la acción política justa, y precisamente el Mundo de las Ideas quiere ser ese marco de referencia absoluto “que es necesario tener en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público”, como nos dice al final de la exposición del mito de la caverna en “República”.

»Desde el punto de vista lógico: Si el relativismo estuviese en lo cierto no tendría sentido la enseñanza y todos estarían ya en la verdad o el conocimiento si así les parece: Con cierta ironía, Platón nos dice que si cuando a uno algo le parece verdadero, ese juicio ya es verdadero (tal y como afirma el relativismo), no se ve qué privilegio tiene el propio Protágoras “para creerse con derecho para enseñar a los demás y para poner sus lecciones a tan alto precio. Y nosotros, si fuéramos a su escuela ¿no seríamos unos necios, puesto que cada uno tiene en sí mismo la medida de su sabiduría? [...] ¿no es una insigne extravagancia querer examinar y refutar mutuamente nuestras ideas y opiniones, mientras que todas ellas son verdaderas para cada uno, si la verdad es como la define Protágoras?”

»Si el relativismo fuese cierto también sería cierta la tesis contraria, luego el relativismo es falso: Dice Platón por boca de Sócrates: “... he aquí lo más gracioso. Protágoras, reconociendo que lo que parece a cada uno es verdadero, concede que la opinión de los que contradicen la suya, y a causa de la que creen ellos que él se engaña, es verdadera [...] Luego conviene en que su opinión es falsa, puesto que reconoce y tiene por verdadera la opinión de los que creen que él está en el error [...] Los otros, a su vez, no convienen ni confiesan que se engañan [...]Está pues obligado a tener también esta misma opinión por verdadera, conforme a su sistema [...] Así, puesto que es combatida por todo el mundo la verdad de Protágoras, no es verdadera para nadie, ni para él mismo...”; concluye Teodoro, seguidor de Protágoras: “Sócrates, tratamos muy mal a mi amigo”.

»Fijémonos en las siguientes proposiciones:

»a) “el relativismo es verdadero”

»b) “el relativismo es falso”

»a) y b) son proposiciones contradictorias; la primera le parece verdadera a Protágoras y a todos los relativistas; la segunda a Platón y a todos los que defienden el punto de vista objetivista. El objetivismo considera que no pueden ser ambas verdaderas, que la primera es falsa y la segunda verdadera. El relativismo, sin embargo, tiene que admitir que ambas son verdaderas puesto que la primera les parece verdadera a los relativistas y la segunda a los objetivistas (recordemos que para el relativismo una opinión es verdadera si así se lo parece a alguien). En definitiva, el argumento que presenta aquí Platón le llevaría a Protágoras a defender que su teoría es verdadera (pues así lo considera él mismo) y falsa (puesto que así lo consideran otras personas).»

Perdona la muchedumbre de citas pero me he sentido obligado a traerlas a colación para que veas que no todo es Hume y que frente a su “falacia naturalista” se puede enfrentar la “falacia de que es verdad lo que mi razón me dice que es verdad” o “que es bueno lo que mi sentimiento me dice que es bueno.

Como te decía, intenté huir de estas alturas filosóficas y definir, meramente, lo que es el sexo desde el punto de vista biológico. Y si es así, como es, no podemos aceptar en plano de igualdad el comportamiento heterosexual y el homosexual. Podremos, y debemos, tener toda la comprensión y toda la simpatía que tú quieras hacia los homosexuales, pero no podemos aceptar, en lo conceptual, que tan “naturales” sean una cosa como la otra ni que intenten hacernos comulgar con ruedas de molino.

Me dices que naturaleza y moral son dos cosas muy distintas y, en ocasiones, hasta opuestas. De acuerdo en lo primero: naturaleza y moral son dos cosas distintas. En absoluto desacuerdo con lo segundo: el ser humano es una globalidad y yerra el que piense que su naturaleza pueda ir por un lado y su moral por otro.

Estoy absolutamente de acuerdo con tu opinión sobre el papel que ocupa la enfermedad en la evolución de las especies pero no en la conclusión que sacas de ella. Efectivamente, para los microbios la enfermedad infecciosa que causan es buena. Aludes con tu símil a la lucha por la supervivencia darwiniana que, como el sexo, es otro mecanismo de tal evolución. Ahora bien: lo normal, lo natural, en esta lucha, por ejemplo, es que el león quiera cazar a la gacela para comérsela y que la gacela no quiera que se la coma el león y se escape. Nada hay contra la naturaleza en ninguno de esos dos comportamientos sino, justamente, al revés. Es pues, absolutamente normal, natural y bueno que luchemos contra la enfermedad y ello no va en contra de la naturaleza del ser humano sino, como te digo, justamente al revés.

Cuando dices:

De hecho, ningún animal puede violar sus propios instintos porque los instintos son pautas innatas de comportamiento.

creo que te equivocas y que ahí está la raíz de tu error con respecto al asunto de la homosexualidad. Existen los instintos y las desviaciones, aberraciones, perversiones, llámalo como quieras, de tales instintos. Y, por favor, cuando digo desviación, aberración o perversión, no veas en estas palabras la carga peyorativa vulgar que tienen sino su significado directo y primero.

Voy acabando. Me pides que “pregunte a cualquier homosexual cómo es más feliz, si reprimiendo sus deseos o llevándolos a cabo.” No lo sé. El asunto éste de la “felicidad” es muy complicado y, por otro lado, como te dije en mi escrito anterior, yo no me meto en la intimidad de las personas y que cada uno haga con su vida lo que mejor le acomode. Sí te diré dos cosas: 1. Goce y felicidad son dos cosas distintas. 2. Hay muchos homosexuales que comulgan tan poco como yo con las tesis de la mafia rosa.

Y, para acabar, me dices:

No es cierto que tú no hayas ofendido a nadie; has ofendido a muchas personas. Yo llegué a tu mensaje a través de un artículo del inefable Pío Moa en el que afirmaba sin tapujos que la homosexualidad es una tara (lo cual equivale a decir que los homosexuales son “tarados”).

No te admito la tesis. Si discrepar y exponer una opinión que no gusta a algunos homosexuales (no a todos) es ofender resulta que me voy a tener que estar callado ¿no? Como es lógico, yo no me voy a hacer responsable de las palabras del señor Moa ni el señor Moa necesita que yo me explique por él. No obstante, con respecto a la palabra tara que utiliza te vuelvo a decir lo mismo que te acabo de decir respecto de las otras tres. La carga peyorativa se la pones tú. Relée a Moa: habla de tara para hablar de la homosexualidad militante, la que quiere imponernos a los demás su concepción sobre este asunto. El adjetivo tarado es de tu cosecha. No pongas en boca de los demás lo que no han dicho.

Un saludo.

 

Vínculos:

 

Procariotas, eucariotas, maricas y homófobos. De mi blog.

Homosexualidad militante. De la bitácora de Pío Moa en Libertad Digital.

«Ética emotivista», David Hume. José Ramón Ayllón.

Filosofía griega. Platón. Crítica al relativismo. Torre de Babel Ediciones; portal de filosofía, psicología y Humanidades en Internet.

 

 

3 Comentarios