Viene de lejos, lejos va

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Enviado a las 26/11/2007 23:24:32
El ausente y cía., S. L. (3 de 3)

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Si -tradicionalmente- a nosotros los liberal conservadores, los que apostamos por la libertad individual, la propiedad privada y la iniciativa empresarial, por el principio de legalidad, la seguridad jurídica y el Estado de Derecho, cuesta movilizarnos, nos cuesta participar incluso de la opinión compartida emitiendo la nuestra en refrendo, mal aceptamos que nos lleven y nos traigan según conveniencias -presunta conveniencia-, según predicciones de quienes vaya usted saber por qué razones o con qué argumentos son considerados los asesores máximos de los dirigentes políticos que encabezan los carteles electorales. Asesores, gurús, sapientes, oráculos que señalan la dirección a seguir contando con el beneplácito de los asesorados.

    Las proclamas, las actitudes y las maneras de un político megalómano como Rodríguez Zapatero caen en saco roto, son motivo de mofa y befa a pesar de lo trágico del trasfondo, en esa derecha tradicional con la que me identifico. No pretendan imitar nuestros dirigentes esos modos vacuos, hueros, falaces, demagógicos.

    La excusa aducida de la necesidad imperiosa por ganar -eso queremos-, por devolver el Gobierno a personas con sentido común y de Estado -eso queremos-, no justifica los bandazos; ante nosotros no, electores con criterio, ciudadanos todavía libres y con ganas, fuerza y arrestos para continuar siendo libres. Si nuestros dirigentes políticos adoptan los usos de la izquierda mayoritaria, aunque ganen, permanecerán los vicios y sus consecuencias ahora latentes -porque se intuyen y deducen a la par- serán manifiestas a la vuelta de unos meses y en las primeras decisiones de gobierno.

    No es posible contentar a todo el mundo, y malo, muy malo es descuidar al electorado propio y natural que es quien sustenta todos los momentos de la legislatura y de la vida de una formación política. Los votantes, la gente, no tenemos porque aceptar ni acatar lo que un gabinete político determine como apto, útil, conveniente o justificativo del propósito máximo. No perjudica tanto, es más, hasta es positivo y satisfactorio el granjearse antipatías si estas vienen propiciadas por la actitud firme en el mantenimiento de principios y valores. Rodríguez Zapatero puede decir hoy una cosa y mañana la contraria (como hacía Felipe González o cualquiera de los denominados barones socialistas en sus feudos), puede pedir a su gente que hagan lo que él dice y no lo que hace. Mariano Rajoy no. Establezcamos claramente la diferencia entre ellos dos y la diferencia abismal entre los votantes habituales de uno y otro; que excepciones siempre se dan.

    Yo que no tengo deudas contraídas salvo las de gratitud, que tampoco percibo dinero público ni asistencia pública ni prestaciones varias públicas, y que me gobierno a mí mismo respetando si se me respeta, me permito recordar a mis electos que la memoria es cosa viva e individual, no sometida a chantajes en millones de personas. Millones de españoles no deseamos ni en una pesadilla que nuestros dirigentes políticos, a los que permitimos vivir de esta denigrada profesión -no nos extrañe-, que el PP, de ganar las elecciones, de poder gobernar, acabe haciéndolo al modo de los intereses de la izquierda mayoritaria y la derecha minoritaria, ínfima de acuerdo con los resultados, conquistando lo que no permitimos a los actuales dirigentes políticos. Piensen dos o mil veces los asesores del PP entre los que incluyo a Ruiz Gallardón y a Pedro J. Ramírez (que persigue ser Polanco y convertir a Rajoy en su Felipe González), aconsejando al líder de la todavía derecha que no acudiera a esta manifestación porque acudirían cuatro gatos, radicales y la foto sería rechazada por los centristas e izquierdistas moderados presumibles votantes de un PP de centro excluida su raigambre de derechas. Pedro J. Ramírez echó el resto para que Rajoy desapareciera de la escena (Plaza de Colón) el sábado 24 de noviembre de 2007; lo consiguió. Pero, a la vez, era conveniente, por si acaso la gente se animaba y apoyaba a la AVT y otras asociaciones de víctimas y formaciones políticas que confirmaban su presencia, queRajoy invitara a la participación. Entienda el lector que nosotros no somos tontos. Es decir: el líder, que marca supuestamente la línea a seguir por el partido, envía a sus dirigentes -algunos, los más apreciados por la derecha social, la inmensa mayoría de los votantes del PP- pero excluye a Gallardón (o se autoexcluye y nadie tiene lo que hay que tener para colocarlo en su lugar de una vez por todas) y se distancia de las cámaras trasladándose al inmenso coral que es la bahía de la hermosa Almería cantada por el entrañable Manolo Escobar. Los precursores del perfil bajo se habrán anotado un tanto, valga el pareado, disculpen la cacofonía; pero han restado de su marcador un número no desdeñable de puntos. No olviden esos asesores ni Rajoy que el PSOE ignorará a UPD y a Ciudadanos, pero el PP no debe. La izquierda moderada, la socialdemocracia, tiene sus formaciones políticas para votar. Y el centro no busca partido sino influencia, no lo olviden asesores ni dirigentes del PP. No menosprecien a la inmensa mayoría de sus votantes que les deben tener esperanzas de volver al Gobierno; a ellos y a unos pocos beneméritos, esforzados y empeñadísimos comunicadores. No lo olviden ni por un instante. La derecha social, nosotros, precisa y exige principios y valores en sus dirigentes.

    Sugiero, desde mi independencia, desde mi responsabilidad, que acepte Mariano Rajoy el consejo y las iniciativas de Alejo Vidal-Quadras, Jaime Mayor Oreja y Esperanza Aguirre, por ceñirme a ellos como paradigma. Acepte Mariano Rajoy la experiencia, solvencia y visión política de estos admirados dirigentes por la inmensa mayoría de los votantes del PP. Deseo que Mariano Rajoy gane las elecciones, pero con los planteamientos de los citados, sin intromisiones que marginan sino desechan a tantísimos votantes que son la clave de la victoria. Nosotros somos la clave de la victoria, don Mariano; gentes como mi amiga Victoria y las quinientas mil almas que salimos a la calle el sábado para estar con quien debemos y nos necesita.

    Cierto que el patio sociopolítico anda revolucionado porque con tanta componenda, con tanto canalla suelto, con la justicia temerosa de la política y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y el Ejército descabezados de verdaderos profesionales y patriotas. Precisamente por ello, don Mariano, requerimos de su concurso honesto y decidido; no busque donde no hay, no escuche cantos de sirenas. Somos los que somos y estamos donde estamos. Le pido que si gobierna no pase páginas, ninguna; le pido que limpie y desinfecte las cloacas del estado; le pido que devuelva la dignidad a policías y militares; le pido que devuelva la libertad a la justicia vaciando de políticos y miedos los tribunales; le pido que cambie la ley electoral; le pido que luzca la bandera nacional en los actos públicos y privados de su partido y que suene el himno nacional cuanto más mejor. Muchos se lo pedimos. Todo ello es posible con voluntad.

    Queremos verlo en la Moncloa, don Mariano, pero no a cualquier precio porque ese precio equivaldrá al desgobierno actual y a la derrota de los principios, los valores, la libertad y España. 

 

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Enviado a las 26/11/2007 19:16:16
El ausente y cía., S. L. (2 de 3)

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El comentario al referido artículo -"Rajoy toma una decisión respetable"- es este:

Sí, las decisiones son respetables. Y las opiniones, sinceras y fundamentadas, también.

Mariano Rajoy es libre para hacer lo que le convenga, lo que le aconsejen, lo que suponga beneficioso para sus intereses electorales o lo que considere útil para una estrategia a corto y medio plazo. Yo soy libre, consciente y capaz para oponerme a su decisión. Creo que se ha equivocado. No hay razón política que se sitúe en plano superior al llamamiento de las víctimas del terrorismo.

Rajoy tiene una agenda apretadísima; yo también. Rajoy vive en Madrid; yo no. Rajoy cobra de mis impuestos; yo no cobro de los suyos ni del erario público. Rajoy desempeña una función social; yo también. Rajoy es una persona muy atareada; yo también y no tengo garantizado el sueldo a fin de mes. Rajoy es un buen político; yo no me dedico a la política. Rajoy es hombre inteligente; no me pronuncio respecto a mí. Rajoy puede recibir mi voto; él no puede votarme porque no me presento a ninguna elección. Lo que Rajoy ha hecho hoy podía hacerlo mañana; yo también. Otros políticos de diversos partidos acudirán dentro de un rato a estar con las víctimas.

Por eso hoy estoy con las víctimas y desde mi ordenador portátil y con mi dinero, no el de todos los españoles, dejo este comentario y mi apoyo a la manifestación de hoy sábado 24 de noviembre de 2007. Mañana, si Dios quiere, será otro día; un día para hacer perfectamente lo que se ha hecho hoy en detrimento de lo que se debiera haber hecho.

Un saludo.

Victoria | 11.24.07 - 3:07 pm | #

    Ella y yo nos encontramos en el lugar acordado a la hora convenida. Tomamos unCafé, me mostró su comentario al citado artículo y a mi relato; luego nos encaminamos a la Plaza de Colón, en el extremo sur de la misma, para sumar, para henchirnos de orgullo con los asistentes, para bañarnos de rojo y gualda, para atemperar el frío con la imperante calidez, para hacer nuestras las reivindicaciones para saludar y felicitar a la cadena COPE y a TeleMadrid, para saludar y felicitar a Federico, a Ignacio y a César en representación de todos los comunicadores de la cadena. Nos sentimos bien, porque tanto ella como yo -y mi sacrificado perro al que destinaba un constante recuerdo-; nos sentimos muy bien, satisfechos con el deber cumplido.

    Comprende hasta el que mora en la inopia -es una frase hecha- que la izquierda derivada del socialismo real y sus aliados separatistas no quieran ver ni en pintura ni aproximarse al flamear rojo y gualda nacional en su clamor irredento y abrumador por la derrota incondicional de los terroristas en todas sus repulsivas vertientes; es comprensible y hasta higiénico el no tener que vincularse a tales sujetos que amagan una cosa para ejecutar la contraria. Pero hay ausencias inadmisibles, hirientes, enormemente perjudiciales para unos y otros; para las víctimas y para los políticos. Obras son amores y no buenas razones; aplíquense los políticos a satisfacer las demandas irrenunciables de los que más derecho tienen por ser los que más han entregado. Puede, y la amargura pesa al escribirlo, más todavía al vislumbrarlo, que la marea nacional, que el clamor unánime de miles de gargantas presentes (y millones imposibilitadas justificadamente de acudir) no agrade a ciertos personajes erigidos en conductores del nuevo orden encubierto.

    Me refiero a esos asesores presidenciales (de Rajoy), con nombres y apellidos, fácilmente identificables, expresamente elegidos para la encomienda, más próximos al “PASA PÁGINA”  y al “SILENCIO QUE NO CONVIENE” que a la dignidad y a la honra, a los principios irrenunciables y a los valores identificativos de lo anterior: dignidad, honra y principios. Los representantes de la soberanía nacional no pueden ni deben despreciar o ignorar a sus electores; cada vez más la separación entre cargos electos y base social es mayor, más pronunciado y puede que insalvable. La solución, no obstante, está en nuestras manos; y el crédito concedido sine die por aquello de que aun no siendo buenos o del todo buenos son lo único que tenemos para desalojar a los que liquidan a España, la seguridad jurídica, la libertad, la convivencia pacífica, etc.; los únicos que pueden enderezar el rumbo de una nave en derrota al naufragio, sí tiene fecha de caducidad. No se puede, ni debe, pedir lo que no se hace, recomendar lo que se incumple, decir lo que no se hace. Mariano Rajoy pidió que se acudiera a la manifestación, pero él fue uno de los ausentes. Uno de los ausentes sin excusa, pero con la intención tan latente como manifiesta.

    Nosotros, los de derechas, yo soy de derechas, Victoria es de derechas y mi perro es lo que le da la gana porque me tiene a mí que decido políticamente por los dos, nosotros que optamos por los principios y los valores, que defendemos principios y valores, que no supeditamos nuestros principios y nuestros valores a la consecución de objetivos que jamás serán tan nobles como para alzarse por encima de principios y valores, nunca debemos dejarnos arrastrar por la conveniencia ni por la molicie aceptando lo que diga un partido (o el partido) o sus dirigentes al uso o su líder encaramado no por las bases ni los votantes sino por los grupos de presión que más influyen. Yo no aplaudo por aplaudir o cuando me lo reclama el organizador ni asumo las proclamas de un político megalómano ni consiento entregarme a su guía o encubrirme con su estela. No, yo no; ni mi amiga; y medio millón de personas contadas físicamente, tampoco. No lo decimos por decir. Más vale honra sin barcos que barcos sin honra, señores en nómina de la política que sufragamos los contribuyentes. No admito las adhesiones incondicionales ni a una formación política ni a sus líderes: mi única adhesión incondicional es hacia España, hacia la libertad, hacia el Estado de Derecho y hacia las víctimas del terrorismo, de la perversión y de la componenda.

    En mi nombre no se conculquen reivindicaciones justas e irrenunciables ni se arbitren apaños.Mi voto no ha de servir jamás como moneda de canje.  

 

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Enviado a las 26/11/2007 12:49:30
El ausente y cía., S. L.

El título original, sugerido por los acontecimientos, era: “Mi amiga Victoria, mi perro y medio millón de personas dejan en evidencia a Rajoy y cía.”. Se comprenderá que tal titulación corresponde más a un editorial que a un encabezado con la pretensión de captar el interés del lector que lo perciba dentro de su campo visual.

    Al poco de nacer el sábado veinticuatro de noviembre recibí la llamada telefónica de mi amiga Victoria, a quien veo de uvas a peras en los últimos veinticinco, con quien me carteo con mayor frecuencia. Estaba en Madrid, como en otras ocasiones, alojada en el hotel de costumbre, cumpliendo sus obligaciones profesionales; en síntesis me dijo que prolongaba su estancia un día más para estar presente en la manifestación a favor de las víctimas del terrorismo, en contra de cualquier negociación con los terroristas y en demanda de la ilegalización de los tentáculos políticos del terror. Y me pidió que acudiera: “Debemos hacerlo”.

    He acudido a varias concentraciones-manifestaciones a favor de las víctimas del terrorismo y sus reivindicaciones -que son las mías-, en Madrid y otros lugares de España -cuando se presenta la ocasión de acompañar a los beneméritos “Peones Negros”. Mi amiga Victoria es de genio vivo y decisiones firmes. “Debemos estar con ellos”. Le expuse mi situación, que ella bien conoce, no buscando la excusa sino persiguiendo una solución. Mi perro cumple catorce años y medio y carga con un soplo en el corazón desde hace cinco y el encharcamiento de los pulmones desde hace medio. El animalito no está para muchos trotes aunque cada cinco o seis semanas recorre unos miles de kilómetros y en bagaje cuenta con cientos de miles y decenas de hoteles y domicilios. Pero en estas fechas estoy solo, quiero decir que no tengo posibilidad de encontrarle compañía unas horas. Ni a Victoria ni a mi perro ni a mí nos atraen las aglomeraciones y, además y pese a las apariencias, somos caseros e individualistas. No obstante, mi perro me acompañó a un acto público en recuerdo a Miguel Ángel Blanco, en repulsa de su asesinato, aquel trágico verano de 1997, en una localidad de la provincia de Castellón. Ahora estamos en Valladolid, que no dista en exceso de la capital de España. El frío era intenso, cruel, el destino del perro quedarse en casa varias horas o una o dos en un garaje entre las madrileñas plazas Mariano de Cavia y Conde de Casal; opté por lo segundo. “Debemos acudir, que esta vez son más los que quieren silenciarlos, apartarlos del paisaje”.

    De acuerdo, la causa merece el sacrificio de los tres. Mientras llegaba el momento de encontrarnos al sur de la Plaza de Colón, le pedí que leyera y opinara desde su ordenador portátil un relato que pocos días atrás había publicado en una página de Internet -y que esta semana mostraré en este blog. No suele Victoria aportar comentarios u opiniones a los artículos que se publican en la red; lee algunos, tiene sus páginas escogidas y, a ratos, navega sin intención preconcebida. Pero en alguna ocasión ha dejado su firma, contundente y argumentada, como aquella vez, reciente, en que la sentencia por el juicio sobre el 11-M celebrado en la Casa de Campo descolocó a Tirios y Troyanos -las componendas tiene eso, en primera instancia- y fueron los habituales de la izquierda, los “inmediatos a la orden”, quienes se arrogaban el triunfo por tal ecléctico fallo. Victoria salió a la palestra demostrando que una sentencia como aquella, casi incalificable desde la estricta observancia jurídica e impropia desde la dignidad y la racionalidad, dejaba en evidencia al Gobierno, a sus aliados y a los medios de comunicación afines a la tesis oficialista. Calló con su demoledora exposición muchas voces y muchos escritos prestos a arremeter contra los que exigimos saber la verdad.

    Esto viene a cuento porque, llegado el caso, se le sacan los colores a quien haga falta; y si son los colores nacionales mejor que mejor. En otras palabras: podría haber titulado este largo apunte tal que “Mi amiga Victoria, mi perro y quinientas mil almas sacan los colores a Rajoy y cía.”. Ni ella ni yo ni millones de españoles y extranjeros identificados con España y con la libertad, esperamos que la izquierda del socialismo real acuda a una manifestación convocada por la AVT, otras organizaciones de víctimas que se sienten víctimas y no aceptan la negociación con los terroristas y formaciones políticas de viejo o nuevo cuño que son bienvenidas; se da por sentado. Pero que el jefe de filas de un partido que hasta la fecha se ha caracterizado por la defensa de estas asociaciones y sus lógicas reivindicaciones no puede faltar a la cita. No debe faltar a la cita. De otros, acogidos a ese partido grande y nacional (de momento), esperamos poco o nada; quizá que se mantengan en un aséptico tercer o cuarto plano a la espera de su jubilación forzosa. Por eso, mi amiga Victoria, mi perro enfermo pero animoso y yo, preocupado, inquieto, disgustado, cabreado, por tener que dejar al animalito (ocho, nueve kilos de puro nervio y listeza perruna) por primera vez en mi vida en un garaje, dentro del coche -como si fuera su casa- pero en un garaje y yo a kilómetros en la superficie atestada de la hermosa y solidaria capital de España.

    Victoria se entretuvo leyendo mi relato -que lleva por título: Don nadie y el pelotón flamígero” y otros artículos vecinos. En uno de ellos, titulado “Rajoy toma una decisión respetable” se vio impelida a dejar un comentario dirigido exclusivamente a Mariano Rajoy con el que iniciaré la siguiente entrega (en unas horas). 

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