Viene de lejos, lejos va

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Enviado a las 09/10/2008 20:42:38
Oído en la calle

Esta mañana ha llegado a mis oídos, y más allá, lo dicho por una mujer a otra, con la voz quejosa, apesadumbrada pero firme; ambas con experiencia a cuestas.

“¡Ay! mi pobre España... que ni es mía ni es España.

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Enviado a las 06/10/2008 23:21:26
La “geohistoria” desde las alturas inocuas

Los istas, istas, progresistas han creado la geohistoria —asignatura de acompañamiento y refuerzo de la denominada “educación para la ciudadanía”—, que podríamos definir sin temor a yerros ni equívocos fuera de contexto como la imposición disciplinaria neoacadémica que compendia en textos y audiovisuales la ignorancia irreductible de mediocres, fracasados, vanidosos y codiciosos de cargo, protección, dinero y prebenda, en torno a una ambición perenne de recrear la historia y la geografía a su antojo y conveniencia política.

    — ¿De obligada asistencia y aprobado?

    — Eso es.

    — ¿Sin promoción automática?

    — No cabe la escapatoria en las neoasignaturas progresistas.

    Dotada la geohistoria de medios abundantes, profesorado cualificado para impartirla en su debida magnitud y el aval de docentes prestigiados por la autoridad competente.

    Uno de los medios más sofisticados y aparentes es un avión del Ejército del Aire, modelo P3 Orion, destinado a la observación y reconocimiento de grandes extensiones de tierra y mar. Esta aeronave de majestuoso vuelo, herramienta útil para la confección de tácticas y estrategias, ha sido también destinada a la detección, vigilancia y a veces seguimiento de barcos piratas y tripulantes acordes a la lucrativa actividad en las aguas del índico somalí y adyacentes si se diera el caso inexcusable. Vuela sin armamento convencional o altamente tecnificado, ni apoyo naval de intervención bélica ni terrestre desplegado en campaña ni aéreo militar en los flancos.

    Quizá el avión va cargado con dinero para pagar en el acto y en moneda de curso legal los rescates. Tal vez sus cámaras pretendan captar imágenes insólitas, curiosas, divertidas, pintorescas de la alianza civilizadora para posteriormente colgarlas en Internet concursando con las aportaciones de los internautas.

    Pero nada de actuar en persecución y captura; ni hablar de actuar siquiera disuasoriamente contra los piratas y demás delincuentes de aquí o de allá.

    Claro que, me digo a mí mismo, para proteger barcos de pesca cuyos pabellones ondeantes no son el nacional de España sino “el singular de sus apaños nacionales”, puede que tampoco convenga arriesgar personas y medios ni pagar con dinero español aportado por los españoles a esos que sólo se acuerdan de Santa Bárbara, y a ella se encomiendan con urgida devoción, cuando truena.

    Y si un malhadado golpe de viento o un misil antojadizo jamás aceptado por la política ministerial de los ista, ista, progresistas provoca la caída del aparato y, por una perversa casualidad o una confabulación cósmica de negros agujeros y supernovas, va a dar con el fuselaje candente en el barco pirata, pues imagino al gobierno pagando deprisa y corriendo por la responsabilidad civil subsidiaria; con lo que mejor pagar antes en forma de diálogo y ministro-ministra servil, o no acercarse al “objetivo” evitando peligros de todo tipo.

    — Pero la aeronave vuela.

    — Ha volado.

    O pretendía volar hasta ese confín de riesgo itinerante en tareas de descubrimiento y súbitamente la rabiosa actualidad ha aconsejado un cambio en las prioridades y las zonas a investigar.

    A lo mejor, pienso yo sin tener en cuenta los antecedentes, el avión de reconocimiento, vigilancia, observación, va en rescate de los cientos de cadáveres arrojados, no pocos de ellos vivos, a las aguas del mar Cantábrico, del mar Mediterráneo, a las del río Tajo, a las de represas y embalses varios en zona roja-frentepopulista (denominaciones alternativas del mismo bando por sus integrantes), o quizá su humanitaria misión persiga revelar por fin la identidad de los todavía miles de anónimos del bando nacional que yacen en las inmensas fosas practicadas en Paracuellos del Jarama, Aravaca y Torrejón de Ardoz, entre otras localidades; o, cabe la posibilidad que en un acto de justicia plausible se pretenda averiguar y entregar a sus familias los también centenares de cadáveres mutilados y arrojados junto a la tapia de los campos santos escarnecidos por la horda marxista. Quién sabe, a lo mejor suena la flauta y el todavía con vida “Delegado de Orden Público en la Junta de Defensa de Madrid y Consejero de Orden Público en ausencia del Gobierno” (cuyo nombre no mancillará este espacio y que debiera haber corrido hace mucho, mucho, tiempo la misma suerte que destinó a sus miles de víctimas), durante la campaña de exterminio en otoño-invierno de 1936, es llamado a declarar ante un juez honrado por la acusación de genocidio y crímenes contra la humanidad aunque sea a distancia y desde los micrófonos de la cadena SER, admitiendo lo que confirma y denuncia la abultada e irrefutable documentación (verdadera memoria histórica de la que huyen y se ocultan sus patrocinadores vestidos de tul, con su camisita y su canesú).

    — Mire usted que aunque el soñar sea gratificante, ciertas aspiraciones resultan inconcebibles hasta en sueños.

    — La razón le asiste.

    — No obstante, insistiendo, insistiendo, lo mismo conseguimos abrir un boquete a la altura de la conciencia.

    — No hay altura en el universo capaz de encontrar conciencia donde nunca la hubo.

    — Pero sí capítulos de la geohistoria consignando méritos, hechos y paisajes donde tampoco nunca los hubo.

    No es la letra jocosa de una chirigota gaditana. Según la flamante geohistoria, el río Guadalquivir nace en La Puebla de Cazalla, Sevilla, desemboca en Palma de Mallorca, localidad marítima de la provincia de Jaén, y su principal puerto fluvial es cualquier delegación de la Caja de ahorros y pensiones de Barcelona, alias “La Caixa”. El avión de reconocimiento y aviso podrá fotografiar el río Ebro, que a vuelta de hoja, según la geohistoria, es ese río catalán con todos los pronunciamientos que nace en la tarraconense Tortosa, recorre parsimoniosamente las provincias catalanas de Huesca, Castellón, Andorra, Pirineos Orientales, Cerdeña, Lérida, Gerona y Barcelona y desemboca en el mar, tras circunvalación, por el puente antiguo de Amposta, tras tributar en mil y una delegaciones de la Caja de pensiones y ahorros de Barcelona, cuyo alias ha sido citado.

    — Las ventajas del avión de reconocimiento y observación y detección no acaban ahí, ¿verdad?

    — Por supuesto que no. Un avión con tales prestaciones es un dechado de utilidad.

    Sin ir más lejos, el P3 Orion con sus 90 militares adjuntos, puede fotografiar detallada y pedagógicamente el proceso de fertilización de la terrorista pasada por años o el lugar dónde se imprimen los títulos universitarios de los terroristas o dónde y cuándo se reúnen los terroristas con los que quieren servirse de ellos para seguir medrando en la política o por dónde deambulan los terroristas buscados por la Interpol o; maravilla de las maravillas, dónde guarda Garzón el político juez las diligencias-expediente-sumario contra el aparato de extorsión de los terroristas y el nombre-filiación-adscripción del soplón (avisador) o soplones (avisadores).

    — ¿La privilegiada vivienda del socialista vicesecretario general del PSOE será fotografiada?

    — Sin necesidad de gran angular.

    — Sí que es práctico el avión.

    — De querer que lo sea.

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Enviado a las 25/09/2008 22:56:34
Demasiadas "peculiaridades"
Entretenido con el ejercicio mental un momento cualquiera de este u otro día, doy vueltas a la definición de un concepto tan nuevo como viejo, tan diáfano como turbio y tan utilitario como clamorosamente abyecto: el concepto de peculiaridad.

La Real Academia Española —repitamos juntos y con armoniosa dicción: española, lengua española, idioma español, el propio y natural de España y los españoles en su deseable comunicación; española y no castellana, que los reducimientos son cosa perjudicial para el espíritu, la vocación, el tino (que es juicio y cordura a la par) o el propósito (sin el cual no se recorre del camino ni las trazas que lo esbozan), pudiendo en el extremo llegarse al absurdo (la reducción al absurdo, que sin ser mala no es buena) y de él al abismo del ridículo (del que se libran por ser en ellos impronta tantos políticos, descartando en este apunte otros gremios y colectivos por razones de espacio, como señalar o nombrar se quiera)—, la Real Academia Española fija que peculiaridad es la cualidad de peculiar y 2) detalle, signo peculiar; fija que peculiar es lo propio o privativo de cada persona o cosa; y fija que peculiarismo es la tendencia a acentuar lo peculiar.

Doña María Moliner, desde su diccionario, añade a peculiar: especial, diferente de lo corriente u ordinario; y a peculiaridad: distintivo. Sinónimas una y otra definiciones.

Peculiar. Soy peculiar. Me miro en el espejo, distingo mi reflejo y resuelvo con conocimiento de causa que yo también soy peculiar. Procedo a la imprescindible comprobación y al posterior juicio contradictorio: no atisbo mi imagen en el mundo alrededor, ni más allá, ni circundando la Tierra pletórica de matices. En consecuencia, soy peculiar.

Y como yo el resto. Cada uno es peculiar respecto al resto (incluidos los mellizos y los gemelos) a Dios gracias, que el asunto de la uniformidad es nocivo, peligroso, alienador y aniquilador. Por lo que mi intelecto rechaza —y aquí la paradoja— que las peculiaridades de unos (uno más uno más uno más uno más) deriven velis nolis en el indeseable igualitarismo condenatorio, resignado, esclavizante y obscenamente inapelable de tantos que lo abominamos.

Viva la diferencia... de todos y cada uno. Eso de que afloren peculiaridades a conveniencia, ahormadas a la situación que interesa y siempre, siempre, contra la masa silente, obediente, conforme porque a la fuerza obligan, esperanzada con un mañana que no se asemeje al hoy ni por asomo es una vergüenza y un engaño: vergüenza consentida, engaño tolerado. Y para disimular, para capear posibles arranques de dignidad, posibles ímpetus de libérrimo criterio, otra de fútbol y la masa a sestear.

Proclaman su peculiaridad los habituales que proclaman su diferencia que promueven su exclusivismo que publicitan su... peculiaridad, mire usted por donde.

Como soy(somos) peculiar(es) —se escucha— pido, reclamo, exijo; ya, ya, ya.

Como soy(somos) peculiar(es) —se percibe— quito, pongo, sumo, encomendado(s) al antojo.

Como soy(somos) peculiar(es) —se sufre— hago, deshago, omito, actúo, digo o callo según me(nos) place.

Es político-son políticos, son asimilados a y beneficiarios de la política zafia, mendaz, utilitaria, imperativa en la sumisión y constrictiva del libre albedrío y la inteligencia quien-quienes preconizan la defensa de tales peculiaridades que los diferencien en privilegio al común de los mortales que uncidos a la sociedad transigen, ceden, admiten, tragan y soportan que la vanidad, la codicia y el oportunismo remunerado de esos meros vociferadores acalle hasta los hálitos de conciencia en la más estricta intimidad conferenciando con las neuronas resistentes.

Demasiadas peculiaridades ad hoc, demasiados vividores de la política parda. Exceso de memoria discrecional, de reivindicaciones coactivas y exclusiones por “razón” de casta, fraternidad, odio ancestral e incombustible o secta maquillada. Demasiadas, insoportables, inconcebibles, falaces, expoliadoras. En cambio, la auténtica peculiaridad, la de cada uno por ser únicos y en teoría libres, es mera retórica; un discurso paliativo de los zarpazos constantes y perpetuos del usufructo político entre quienes se regocijan-refocilan (a puerta cerrada, en acomodado aposento) aclamando la igualdad de todos y para todos conservando la peculiaridad de algunos sobre el resto.

Esa igualdad, como cualquiera otra igualdad que no sea ante la Ley (un imposible expreso, lo sé) es la vía para que esos pocos que “cortan el bacalao” se queden con el pan y las tajadas mientras la masa adocenada y teledirigidamente sumisa babea y se consuela con la retransmisión de fútbol y más fútbol. Y venga fútbol y pasen días con sus correspondientes penurias, miserias y frustraciones empujadas para su hacinamiento en el delator rincón de la ignominia. Otra de fútbol, dueños-políticos, munificentes amos del manejable-obediente cotarro ya que para una de gambas no llega el sueldo. Vaya por... Dios (pronunciado en voz muy baja).

Yo sí soy peculiar, faltaría más. Soy peculiar, tú eres peculiar, él es peculiar, nosotros somos peculiares, vosotros sois peculiares, ellos son peculiares. Viva la peculiaridad que no va entrecomillada, que no destila miasma zafio-político.

Otra de fútbol —se oye a coro y gorgoteo en las calles de estepaís moribundo.

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Enviado a las 25/08/2008 22:19:09
Cosas que se dicen y no se dicen (suspiro)

Se dicen tantas cosas... Tantas cosas se dicen.

Y lo que no se dice, ni dijo, ni dirá (suspiro).

Lo dice, por decir, el encargado de negocios con patente de corso, aspecto inmutable, control férreo de la trastienda y prevenido ante cualquier desliz comunicativo (de micrófono inconvenientemente abierto, por ejemplo). Lo dice el inefable Rubalcaba, dice: se conocerá la identidad de los cadáveres (del accidente de aviación ocurrido el miércoles 20 de agosto de 2008) en dos, tres días; dice. No dice cuándo recalará en la opinión pública la investigación para determinar las causas y los culpables, ni dice si efectivamente se llevarán a cabo las adecuadas pesquisas. Ni dirá que se disculpa por haber anunciado lo imposible; él y los suyos está en posesión de ese (y otros) privilegio.

Dice, dijo, A. P. Rubalcaba, voz entre las voces de la izquierda, que se conocerá quién o quiénes alertaron a los terroristas del aparato de extorsión de la ETA ante la inminente captura de sus integrantes por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, etc., etc.

    No dice, dijo, que él lo sabe, supo, sabía, y que esa opinión pública que pretende saber lo que no le importa habrá de esperar a calendas grecas para tener noticia expedida por sus acólitos. Y gracias.

Gracias, dice el susodicho, hay que dar al ejecutivo del que forma parte por conseguir que un terrorista irredento (cuyo nombre, por higiene, no me da la gana trasladar a este escrito) haya cumplido lo que ha cumplido por asesinar a veinticinco personas, extorsionar a centenares, amenazar a miles y soliviantar a millones. Y dice que se analizará el contenido de la carta que fue leída por persona interpuesta para descubrir su verdadera autoría y actuar en caso de estimarse delito, dice matizando, en caso de revelarse actuación ilícita, redice el redicho, en el supuesto de apercibirse de la conducta antisocial, vejatoria contra las víctimas, se procederá por las etc., etc., a la busca, captura y puesta a disposición judicial de etc., etc.

    No dice que ha de mediar conveniencia política, la suya, la de sus telegénicas marionetas y la de sus aliados, para ejercer de acuerdo con la todavía vigente ley. No dice que la todavía vigente ley sólo rige para validar las apetencias de los antedichos. (Suspiro)

Otro inefable, F. J. Arenas Bocanegra, enmarcado en formación política de siglas diferentes al personaje anterior, erigido a su vez en voz y firma, dice, en tenor literal, las cuatro siguientes afirmaciones: 1) Que se investigue hasta el final (añado yo: hasta las últimas consecuencias). 2) Que se sepa toda la verdad (y nada más que la verdad, añado yo). 3) Para que no vuelva a repetirse (añado yo: y los causantes del daño paguen con creces, más que con la vigente justicia). 4) Que el Gobierno dé todas las explicaciones (habidas y por haber sin faltar a la verdad, añado yo).

    Las cuatro afirmaciones, contundente él, las dijo ante los micrófonos. Lo dijo, por fin lo dijo una voz autorizada de las siglas PP. Renació la esperanza en mí, el pulso me latió con fuerza y de mis ojos emergió la luz que anticipa la magna Justicia. Un segundo, el tiempo que media entre leer los párrafos entrecomillados de una noticia y el asunto que trata. Un segundo feliz (suspiro).

    El incombustible portavoz del centrismo no se refería al 11-M, no, qué va (suspiro); hacía referencia al accidente aéreo del 20 de agosto de 2008 en el aeropuerto de Barajas. Del 11de marzo de 2004 ni mención. No dijo, dice, nada del 11-M. Diría, a lo mejor: no es el momento. Digo yo, por complementar: nunca lo es, nunca lo será, para tantos y tan afamados.

Qué efímera es la felicidad (suspiro)

Dice, dicen, dirán que habrá acuerdo en la financiación de las autonomías; que habrá dinero para todos; que todos quedarán satisfechos y España (la entelequia España, el banco en quiebra) saldrá reforzada, enriquecida, vitaminada.

    Dicen que sólo quieren mejorar la financiación de las autonomías-naciones-realidades nacionales; dicen respecto al vil dinero, pues lo demás, eso no lo dicen —quizá para que no caigan demasiadas vendas que ciegan los ojos—, ya lo han conseguido los que continúan reclamando más y más.

    Otros, que no abordan nave distinta pese a las apariencias, dicen que lo anunciado por el gabinete ministerial no es así; dicen que de lo dicho nada de nada. Dicen que se impondrán, que como son más (y mejores, no lo dicen pero lo piensan) esta partida también la van a ganar. No dicen, en cambio, que homenajean a Suárez y camarilla, entre brindis y jolgorio, por aquellas dádivas de la transición (en minúscula), de aquellos polvos derivan estos lodos; eso no lo dicen ni dirán. No dicen que en la intimidad de sus dorados y herméticos y exclusivos refugios, entre alharacas, recuerdan con amable sarcasmo el invento de la UCD del que tan buenas cosechas recolectan.

Dicen lo unos y los otros, para más INRI, que todos somos iguales en derechos y prestaciones y calidades y oportunidades y medios y servicios y logros y medallas y justicia y seguridad y etc., etc. Dicen y no se cansan de repetirlo a coro.

    No dicen, ni dirán, que es mucho más lo que nos separa por interés y odio en la mayoría de los capítulos que aquello que nos une por devoción y afecto. No dicen, ni dirán, que somos diferentes en cupos, conciertos, atribuciones presupuestarias, deudas históricas, voz, voto, conciencia, sentimiento, etc., etc. No, no lo dicen ni lo dirán.

Dice la izquierda advenediza —cosa del momento nada más— respecto a las víctimas, para las víctimas, ahora se sienten víctimas como los que siempre, trágicamente, han sido víctimas del terrorismo: queremos verdad, memoria y justicia para las víctimas; dicen con una voz irreconocible, casi blanca. No dicen, no hablan, no mencionan la dignidad; no, la dignidad no figura. Probablemente no saben lo que significa tal concepto, tal vez porque fue erradicado de su peculiar diccionario hace siglo y medio.

Dicen, no dicen —para concluir esta disquisición a la que le queda mucho por decir y más por denunciar lo que no se dice—, digo yo que en los accidentes, si hay intervención humana previa, siempre hay culpables y como efectivamente hay culpables pero no interesa, por lo que sea, que públicamente los haya, se silencia la culpa y a pasar página, otra más y de común acuerdo, a capear el temporal con fotos y declaraciones y mañana será otro día, y el que venga detrás que cierre la puerta. Culpables hay, otra cosa es querer encontrarlos y señalarlos.

Y, lo que es peor, hay quien se cree lo que se dice; sigue habiendo quienes, sin necesidad, creen lo que se dice y, además, —puede que éstos sí con necesidad— lo difunden.

Se dicen tantas cosas... Tantas cosas se dicen.

Y lo que no se dice, ni dijo, ni dirá (suspiro).

Que por decir no quede.

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Enviado a las 22/07/2008 23:04:37
Miedo a la victoria
Aunque suene a paradoja, apreciado con la óptica de la estricta cotidianidad, temer a la victoria, a una victoria nacional, no es un contrasentido en este presente desarraigado. Visto y analizado desde la perspectiva patriótica por unos patriotas cuya Patria fue, una victoria nacional, de la Nación, España, es una satisfacción y motivo indubitable de dicha.

    Los españoles que como tal nos definimos, conociendo y divulgando nuestra historia, conmemoramos este 2008 el bicentenario de la batalla de Bailén; un episodio destacado de la guerra de la Independencia que doscientos años después apenas ha recogido publicidad en los medios de comunicación ni en las Instituciones que sostenemos, precisamente, los españoles.

    La guerra de la Independencia, así denominada porque ese es su trascendente significado (aunque breve por culpa de la inefable, contumaz felonía) es un acontecimiento de máximo relieve en nuestra historia, marcadamente español, épicamente afrontado. Flanqueado por protagonistas de nombre digno, a un lado, de ominosa actitud, en el otro; aposentados con orgullo en la memoria colectiva —en progresista recesión— los de elogio acreedores, repudiados por esa misma justicia popular los merecedores de rechazo.

    Aquellos primeros días convulsos en los que a la traición se opuso empecinadamente el patriotismo de los humildes, voluntariosos, arraigados a lo propio y algunos prohombres, registraron episodios de manifiesta y pública decisión en pro de liberar a España del invasor francés (avalado desde dentro por no pocas ayudas y desde fuera, en dorado confinamiento, por una monarquía venal). La defensa de la Patria, la Nación, España, en su histórica esencia, fue el argumento vinculante, unánime, de aquellos españoles dispuestos a morir antes que a someterse aceptando la desnaturalizada imposición.

    Observemos los paralelismos, cuadros recurrentes, entre finales del siglo XVIII, principios del XIX y comienzos del XXI. Escribe el historiador José Antonio Vaca de Osma con frase aguda, sintética y pertinaz: “En Madrid había un rey que se llamaba Carlos IV. Se aceptó la Paz de Basilea. Perdimos la mitad de Santo Domingo y Godoy fue nombrado príncipe de la paz”. Por mi parte recreo con datos del presente la pintura del pasado: “En Madrid hay un rey que se llama Juan Carlos I. Adulador de la causa “progresista”, avalista tácito de los procesos negociadores con los enemigos de España. Perdemos nuestra conciencia nacional, el prestigio internacional, la fe en la Justicia y el apoyo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado al mando de estrategas políticos; y Rodríguez Zapatero es investido como canciller del ímpetu rojo-frentepopulista, feminista y demagogo”.

    El lector avisado conoce que a Carlos IV le sucedió Fernando VII, e intuye que Felipe VI será el sucesor de Juan Carlos I. Serie de Borbones, Borbones en serie. Fernando VII es el rey felón por excelencia; pero su ejemplo cunde, y puede ser destronado a no mucho tardar (si no ha sido superado ya por el aplicado aspirante.

    Entonces, en tiempos de la guerra de la Independencia, aún contábamos (me incluyo como español) con alcaldes como el de Móstoles, con clérigos como el padre Rico, con militares como Francisco Javier Castaños, por citar un ejemplo de cada. El panorama es desolador, hoy. Decepcionante, previsible, despreciativa y de rechazo a la victoria en la batalla de Bailén es la actitud del actual gobierno de izquierda y de la Corona (súmese la del ejército y la desidia e ignorancia popular). No ha acudido ninguno a la celebración del bicentenario, ni han pronunciado favorablemente. No quieren recordar un éxito clamoroso contra el francés invasor, contra el enemigo declarado, contra los infiltrados que siempre hubo, hay y habrá. No quieren recordar que en España se venció al emperador Napoleón Bonaparte y su imperial determinación, con el levantamiento en armas del pueblo de Madrid, con la proclama del alcalde Móstoles, con la victoria en la batalla de Bailén, en sus heroicos prolegómenos. No quieren.

    Paralelismos de presente: No quieren malquistarse con los déspotas que en el mundo son; no quieren enarbolar la bandera de la Patria, pues no es su patria; no quieren inmiscuirse en la Historia de España pues ni España ni su Historia son conceptos sentidos y aceptados. Y fluctúan entre la hipocresía y la cobardía, entregados con armas y bagajes a la causa ajena. Paralelismos.

    Más aportación documentada. Detalles de la correspondencia unilateral que pretendió mantener con Napoleón Fernando VII, desde su confinamiento (adorado) en Valençay: “Señor, mi Hermano, hemos llegado felizmente a esta residencia de Monseñor el Príncipe de Benevento y la Princesa. Yo (Fernando VII) me apresuro a comunicárselo a V. M. I y R. (Napoleón Bonaparte) como homenaje muy debido y conforme totalmente a los sentimientos de mi corazón para la persona de V. M. I. y R. Su buen hermano, Fernando. Valençay, 18 de mayo de 1808".

    De tal palo (Carlos IV) tal astilla (Fernando VII). Continúa su halago el que será el deseado, teniendo muy en cuenta las ambiciones imperiales y escribe de nuevo a su idolatrado Napoleón: “Repito mi agradecimiento a V. M. I. y R. Por su bondad. Doy muy sinceramente en mi nombre y en el de mi hermano y tío a V. M. I y R. La enhorabuena por la satisfacción de ver instalado a su querido hermano el rey José en el trono de España. No podemos ver a la cabeza de ella un Monarca más digno ni más propio por sus virtudes, y al mismo tiempo el grande consuelo que nos da esta circunstancia. Deseamos el honor de profesar amistad con S. M. (José I) y permitid que yo renueve los más sinceros e invariables sentimientos con los cuales tengo el honor de ser de V. M. I. y R. Su más humilde y muy obediente servidor, Fernando. Valençay, 22 de julio de 1808".

    Sin comentarios. Cuatro días antes, el 19, tenía lugar la batalla de Bailén y José I salía despavorido de Madrid.

    ¿Y el pueblo, que hacía, pensaba o decía? El pueblo español, los españoles de entonces. Pues lo siguiente, también como ejemplo; unos ejemplos muy significativos:

    — Proclama de la Junta de Galicia: “Españoles: Entre arrastrar las cadenas de la infame esclavitud o pelear por la libertad no hay medio. ”Españoles: esta causa es del Todopoderoso; es menester seguirla o dejar una memoria infame a todas las generaciones venideras”.

    — Proclama de la Junta de Cataluña el 9 de julio, a los gerundenses cuya Junta de Gobierno se ha puesto a las órdenes del capitán general de Castilla y de la Cancillería de Valladolid, prestos a defenderse del invasor: “Ninguna clase, ningún estado puede eximirse de tomar las armas y organizarse debidamente para repeler la agresión que sufren los derechos del Altar y del Trono, los intereses de la Nación española, su dignidad e independencia”.

    — Proclama de los vascongados a los demás Españoles: “Españoles: Somos hermanos, un mismo espíritu nos anima a todos, arden nuestros corazones como los vuestros en deseo de venganza, y con dificultad contienen nuestra prudencia y patriotismo hasta mejor ocasión nuestros indómitos brazos, que ya quisieran derramar sobre el enemigo la muerte que nuestros generosos pechos saben arrostrar intrépidamente. ”Aragoneses, valencianos, andaluces, gallegos, leoneses, castellanos, asturianos, etc., todos nombres preciosos y de dulce recuerdo para España, olvidad por un momento estos mismos nombres de eterna memoria, y no os llaméis sino Españoles”.

    Trataré el extenso y fascinante tema de las Juntas de Defensa en artículo posterior, dentro de unas semanas. Lo que aquí traigo a colación es que el sentimiento nacional, español, era unánime entre la gente, eso que hoy se da en llamar ciudadanía, y así se reflejó entre 1808 y 1814. Y así se refleja en este 2008 en los que abunda la excusa o la protocolaria justificación. ¿No permite el gobierno de España que el rey de España acuda a un acto tan intrínsecamente español, tan incisivamente victorioso contra sus antepasados, contra la masonería, contra los enemigos coaligados de España. Sin embargo, el gobierno no se opone a las cacerías de S. M o a los paseos “triunfantes” con sus íntimos “Albertos” ni a las vacaciones en una de esas regiones autónomas de la España nominal, sobre el papel, papel mojado, donde se condena al ostracismo al idioma de España y se impide su acceso a quienes lo desean y demandan.

    No hubo Corona en 1808, ni apenas Ejército ni casi políticos de altura. Pero hubo españoles. Hubo España. El 19 de julio de 1808, fecha de la histórica batalla de Bailén, los franceses entendieron que España no era suya, y los españoles comprendieron que podían recuperar su nación, sus tradiciones y sus instituciones. La batalla de Bailén supuso la confirmación de la guerra de la independencia contra el invasor; y demostró a España y al resto de Europa que Napoleón era vencible. El asunto español —como lo definía el corso— iba a costarle caro a Napoleón. Le obligaba a venir a combatir a España, ese país mezcolanza de curas, de aristócratas y plebe que iba a rendirse al primer cañonazo. Las ínfulas megalómanas del emperador francés iniciaron su declive en Bailén.

    La Historia de España es la que es, no la que pretenden, infiltran y modelan ciertos reconocibles poderes fácticos, ciertos identificados partidos políticos, adictos ambos al recurso a la mentira y la coacción en sus múltiples variantes.

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Enviado a las 19/07/2008 00:52:44
Del 17 al 19 (Anotaciones a propósito)
Días de julio, en el pasado y el presente, que recogen la gran y la pequeña historia; acontecimientos que nos pertenecen y con trascendencia para el futuro inmediato y remoto.

Tuvo lugar el 19 de julio de 1808 la batalla de Bailén, sobre la que preparo una reseña que ha de publicarse la semana que viene. Fue aquella una guerra de los españoles contra el invasor masón y laicista; una guerra para independizar a los españoles del yugo revolucionario francés.

Sucedió el 17 de julio de 1936, a las 16,20 horas, en las dependencias de la Comisión Geográfica de Límites de África, sita en la ciudad de Melilla (Melilla la Vieja), da inicio la sublevación o alzamiento cívico-militar contra el gobierno del Frente Popular y la inmediata revolución de carácter soviético dispuesta por la KOMINTERN (la internacional comunista) el 16 de mayo de 1936 para llevarse a cabo, simultáneamente en España y Francia, en el mes de junio; posteriormente aplazada para la última semana de julio, en España.

    El texto del telegrama que anuncia el hecho reza así: “Jefe Circunscripción de Melilla a Comandante General de Canarias (general Francisco Franco): Este Ejército levantado en armas se ha apoderado en la tarde de hoy de todos los resortes del mando en este territorio. La tranquilidad es absoluta. Viva España.—Coronel Soláns”.

    Fue esta una guerra para liberar a España del dogal revolucionario del socialismo real.

Acontecía el 17 de julio de 2008; una resolución judicial del Tribunal Supremo evidencia, más si cabe, la mentira incubada en la “versión oficial” sobre los atentados del 11 de marzo del año 2004 en Madrid.

Ese mismo día, la flamante presidenta del PP de Cataluña (otrora PP en Cataluña), descarta apoyar la iniciativa en pro del idioma español en aquellos lugares de la todavía, nominalmente, España que lo denuestan, persiguen y condenan al ostracismo.

Un día después, el 18 de julio de 2008, apresuradamente, voces autorizadas del PP, la esencia del centrismo, se unen a las de la izquierda para reiterar el deseo de pasar página, echar tierra por encima, dejar que el tiempo borre todo vestigio de pregunta y respuesta.

Este mismo día, precipitadamente, el gobierno de la izquierda neofrentepopulista anuncia la composición de la nueva cúpula militar, a pleno servicio y rendimiento de esos autoproclamados nuevos rojos.

Como epílogo a una jornada de noticias aciagas para la cordura y salud de los españoles, se informa al público en general que el amigo de la izquierda, la revolución y la tiranía, Hugo Chávez, visitará al rey de España a domicilio y por el monarca será recibido y consecuentemente agasajado para satisfacción de su bienamado Rodríguez Zapatero. Los aliados son los aliados, expone el clásico.

Ahora, tomando un momento de reflexión, imagine el lector al hilo de las noticias-sucesos de la rabiosa actualidad que aquel 11 de marzo de 2004 hubiera gobernado la izquierda, con sus inefables aliados. ¿Habría, tal gobierno, querido averiguar la verdad? ¿Hubieran sido destruidos impropia e ilegalmente las pruebas que hacia ella conducen? ¿Cundiría el engaño en la sociedad con objetivo disuasorio? ¿Habría unanimidad, apartados algunos esforzados opositores, en la casta política para dar carpetazo al asunto?

    Permítame el lector que responda por él, concédame esa licencia: Si hubiera gobernado la izquierda y adláteres ad hoc, no estaríamos a vueltas con los atentados del 11-M; no habrían sido necesarios para facilitar el cambio de gobierno, el de régimen y el de sociedad.

    No hay peor ciego que el que se tapa los ojos, ni peor crédulo que el que se adscribe a la mentira y a la componenda.

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Enviado a las 16/07/2008 23:18:01
Culpa sí, no culpable (El apogeo del descaro)
Atentos; aún más, expectantes. Éramos alumnos de Derecho, iniciábamos la seductora travesía de la materia penal. Dispuestos a aprender, resueltos a indagar, persuadidos de aproximarnos con certeza y eficacia al conocimiento legal y su estricta configuración.

    Un aforismo, la didáctica del maestro alumbró el edificio en el que mora la supuestamente justa vinculación entre los individuos y su convivencia:

“El delito es una acción, típica, antijurídica, culpable y punible”

    Así lo consignamos nosotros, alumnos de Derecho, en los respectivos cuadernos y en las respectivas memorias.

    En síntesis que pretende ser orientativa, el significado de cada una de las partes que forman el todo indivisible pudiera comprenderse como sigue:

    Acción: acto de la voluntad, posibilidad ejercida; (queda incluida la omisión voluntaria).

    Típica: tipificado, definida la acción y la omisión voluntaria en el código penal.

    Antijurídica: contrario al derecho, a la norma legal, a la ley positiva.

    Culpable: imputado a una persona declarada responsable penalmente por comportamiento deliberado o negligente inexcusable.

    Punible: que conlleva un castigo y una sanción.

    Con estos mimbres se elabora el cesto jurídico-penal.

    Hasta aquí la teoría en mis tiempos de estudiante de Derecho. La práctica (la praxis jurídica) no siempre se corresponde a lo que en su día algunos escuchamos, escribimos, memorizamos y difundimos. Es una queja, es un lamento, es una denuncia, es una terrible constatación.

    Qué pesados somos algunos.

    — Los somos.

    Cuán insistentes.

    — Incordios, obstinados, a porfía.

    Inasequibles a la componenda, a la desazón que provoca, inocula y transmite la nefanda obediencia política, la sumisión alienante al expreso deseo del omnímodo poder fáctico; ese que dispensa graciosamente esferas y beneficios.

    El pernicioso y no menos aberrante utilitarismo en la aplicación del Derecho, supeditada la decisión judicial (sentencia, fallo, veredicto) al acuerdo o conveniencia o connivencia política, provoca que la estructura legal se resquebraje, ceda y derrumbe (escalonada, sucesivamente para que el impacto quede aminorado por acontecimientos cotidianos que capten la atención y el ansia de una población entregada al dictado de sus oficializados informadores). Asunto que, como otros de parecida envergadura, elude la pregunta y la protesta del advertido simplemente ignorándolo o silenciándolo o eliminándolo por las diferentes vías que el poder concede.

    Aunque remanezca heroicamente la disidencia con voz y letra proclamando que la justicia (en minúscula) está al servicio de la política (de grupo dirigente).

    — Hasta que la fatiga, el hastío, el aislamiento o la muerte en sus causas acaben con la cívica resistencia, la resistencia de sentido común, el rechazo a la imposición y la oposición al sometimiento.    

    — No sabría decirle si me lo fía a corto, a medio o a largo plazo.

    — Probablemente a plazo fijo: dos o tres legislaturas de alternancia fingida.

    Ya hechos a la decepción, ya habituados (rechistando) a los manejos entre “poderes emanados del único poder”, leemos, sentimos y comprobamos como la justificación de lo injustificable se viste de imposible.

    — Hay delito (tipificado), hay culpa pero no hay ni ha de haber culpables. Existe el hecho, se da la causa, sobrevuela el motivo, aparecen los autores, cómplices y encubridores...

    — Pero ese delito no es delito aunque sea delictiva la actuación de los encausados. No hay delito...

    — Si la autoridad judicial no lo determina como tal.

    Eso es. Una traslación apresurada, sospechosa, infundada y dirigida para convalidar nuestro sistema jurídico por el anglosajón; siendo el juez, además, arte y parte.

    — Ad hoc.

    — Como era previsible.

    Era previsible, cierto. Cabía esperar que un delito quedara eximido de castigo al desligarlo de la culpa. Que un funcionario público (determinado), o varios (determinados), actúen a su antojo (por directriz política, por obediencia previa, asimilada y consecuente con el nombramiento), obrando para responder y complementar lo que dio, da y dará (a ver hasta cuándo) en denominarse versión oficial, en flagrante contraposición al sentido tradicional de sus cargos, a sus encomiendas sociales, a la protección de las personas y bienes, no es delito si el juez que sentencia refleja la misma conciencia que ellos.

    Ya tenemos otra sentencia canalla (culpa sí, culpables no) que avala las tesis políticas de la izquierda. Sí hubo manipulación de documentos, sí hubo responsables de la manipulación, sí hubo delito, sí se admite que la práctica es delictiva, sí se registran los nombres y empleos de los acusados, sí se atiende a los testigos; pero no hay castigo porque los culpables no son culpables de cometer el delito que se les imputa al dejar de ser delito para el juez lo que sí es delito para el código penal..

    — Dicho de otro modo: hubo delito pero no hay delincuentes por la gracia de...

    — Y este juez se lava las manos, sin riesgo a ser señalado ni a perder la toga ni el mazo y que otro, jerárquicamente superior, case el fallo aunque el inefable Bacigalupo haya sido jubilado (aparentemente) de sus cometidos procesales en perpetuo auxilio de los “estigmatizados”; pobres funcionarios de la izquierda; probos colaboradores de las altas instancias murales y coronadas entre mandiles y pilastras.

    En el fondo subyace la negación de la alternativa, sea a la versión oficial, sea a la ambición política. Mediocres y megalómanos se dan la mano para establecer un nuevo imperio que habrá de durar... ¿mil años?, ¿un eón? Una reconocible conspiración de silencio y progresiva actividad. Pese a los hechos probados, a la certidumbre de la relación causa-efecto, determinado el móvil...

    — Confesos los acusados, por tanto culpables...

    Obvios los resultados y la presión para mantener el artificio, la juez investido de justicia admite el delito (eufemísticamente irregularidad), amonesta a los encausados y de inmediato, para no prolongar el esperpento, detalle el suyo, los libera de culpa y castigo indicando, como el que no quiere, que la cosa estaba mal hecha pero que por esta vez pase.

    — Por esta, por la precedente, por la originaria y por todas las consecuentes. Pase.

    Pasen y vean, señoras y señores, el espectáculo más impresionante del mundo: Hay delito pero no hay delincuentes. Sin embargo a ustedes —prevendría mi maestro de derecho procesal— no se les ocurra imitar a esos funcionarios adscritos a la obediencia política derivación izquierda; a ustedes no les auxiliaría juez alguno ni la intercesión del Espíritu Santo materializado en Fiscal General del Estado.

    Circulen y pasen página. Venga, venga. No miren atrás. Hagan caso de las recomendaciones de la Dirección General de Orientación, Aceptación y Servidumbre. Desde el Ministerio del Interior, portavoz en ristre, se muestra la dirección única a seguir. Venga, sin titubeos.

    — Qué pesados somos algunos.

    Lo somos

    — Seguiremos en el mismo capítulo.

    Continuará.

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Enviado a las 25/06/2008 23:21:38
El legado de la española más universal
Hubo un tiempo en que España fue España. Hubo una mujer en aquel tiempo de reconquista y unión que llegó a ser Reina y Gobierno siendo mujer, esposa, madre y sierva de Dios.

    La Reina Católica, Isabel I de Castilla, es España; su destino fue España; vivió por y para España. Junto a Fernando, el Rey Católico; su amor, su esposo, el complemento que hizo España de España.

    Su biografía es extensa, feraz, prolífica en hechos y obras fundamentales de nuestra Historia, de la Patria y para la Patria que ella y él —“Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando”— forjaron porque ese era su cometido, su anhelo y la razón de la común existencia. Son tantos y tan decisivos los episodios que jalonan la biografía que quien escribe estas líneas no osa siquiera apuntarlos en sucinto esquema. Es otra mi intención, puede que más ambiciosa, a buen seguro mucho más emotiva y e ilustradora.

    Ofrecer y sugerir, en una recomendación de admirador, la lectura íntegra de su Testamento. Una pieza histórica también extensa y sobresaliente; una joya literaria, jurídica, política, social, espiritual y humana expresada desde la razón y el compromiso tanto como desde la fe y el sentimiento.

    En esta época de medianías pululada de mediocres, en este contexto presente de economicismo y aceptación de conveniencias e imposiciones mediáticas, con protagonistas de medio pelo con el ego mayúsculo y mayúscula incultura, con la vanidad desatada y el egoísmo en flor, acercarse con respeto y afán de conocimiento a nuestra verdadera Historia es una necesidad. Y una didáctica imprescindible para sobrevivir en esta aciaga cotidianidad. Y un extraordinario refrendo a los principios y valores que hacen personas a las personas y España a España.

    Quien lo desee hallará el documento (presentado en cinco entregas) en la siguiente dirección:

    El Testamento de la reina Isabel la Católica

    Acuda sin prisa; cuando pueda, cuando guste.

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Enviado a las 23/06/2008 23:17:36
Por el humo se sabe dónde está el fuego
El título es una romanza de tenor de la célebre Zarzuela Doña Francisquita, que he escuchado interpretada, entre otros, por Alfredo Kraus y Plácido Domingo. También es una frase recurrente, y una aseveración incorporada de antiguo al refranero nacional.

    A un lado las cotidianas disputas por “ser y estar” en aquellas esferas de taumatúrgico poder y hechizadora prebenda, patentizando la hipocresía y su adyacente temor en todas sus vertientes, los que aspiramos a cosa tan natural, loable, exigible y espiritual e intelectualmente conveniente como el conocer la verdad de aquellos hechos que modifican de manera sustancial —y no pocas veces irreversible— el presente, la vida presente, y condicionan con la mayor intensidad el futuro, lo por venir, acogemos con satisfacción el curso de un proceso judicial que alcanza más allá de la sala y el sumario.

    Se ha dado en llamar a este juicio —discretamente informado— “el caso del ácido bórico”. Caben muchas ironías respecto a los antecedentes de la vista: nauseabundos olores de pies; desinsectación de las oquedades; entretenimiento de corta, recorte y pega; ¿adivina quién dio la orden?. Afortunadamente el juego de la verdad se ha desplazado a un tribunal donde las voces testifican lo que saben y lo que vieron.

    No voy a pecar de optimismo, a estas alturas tal concepto ha sido desterrado de la racionalidad; pero no quiero dejar pasar este acontecimiento —asistir al cerco de un apéndice de la “versión oficial”— para dejar constancia de mi interés hacia las actuaciones procesales que lo merecen y mi empeño insobornable por esclarecer la verdad para resarcimiento de las víctimas y castigo de los autores, cómplices y encubridores.

    La cúpula científica policial, de obediencia política, se enfrenta a las acusaciones de falsedad documental y falso testimonio. Recuerda el lector que el asunto deriva de aquella pertinaz ocultación de todo lo que acercara o enfilara o sospechara o aliara los atentados del 11-M con la banda criminal ETA. La Abogacía del Estado pretendía el archivo de la causa (cómo no) y los implicados en esta trama de manipulación y falsificación el que se diera (y dé) por bueno y válido que ellos hacen lo que hacen porque es lo que tienen que hacer, es lo que quieren hacer y es lo que pueden hacer; y punto pelota (o vale ya).

    Desde una decisión-determinación valiente, justa y legal, los magistrados han apartado de la causa a esta institución (la Abogacía del Estado), tan identificada con los intereses y objetivos políticos como los encausados y, valga la referencia, la Fiscalía General del Estado. Los detalles de la denunciable actuación de la Abogacía del Estado han sido publicados por los pocos medios de comunicación atentos a este proceso (y sus significativas derivaciones), por lo que omito transcribirlos. No obstante, quede apuntado el indigno —político— proceder de unos (los habituales) y el merecido respaldo al legal impulso averiguador de las acusaciones populares ejercidas por la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, la Asociación Víctimas del Terrorismo y el sindicato Manos Limpias.

    El desparpajo, el cinismo, el desprecio a la investigación policial y a la seguridad jurídica por parte de los sujetos conducidos al banquillo de los acusados, revela el poder omnímodo de la decisión política frente a cualquier otra consideración que estorbe la senda trazada. Probablemente (es deseable) los denunciados sean hallados culpables; y probablemente (es indeseable), alguna de las varias manos auxiliadoras morando en los altos tribunales, establecerá que los hechos no son constitutivos de delito liberando a la “versión oficial” de un escollo de importancia. Probablemente. Pero mientras, los peritos han dejado en evidencia a los mandos políticos de la Policía, y unos magistrados han dejado sin efecto las maniobras arteras, viles, corrompidas, de una institución que debiera estar al servicio y en defensa de las personas y de la Nación.

    Las preocupaciones (y los espectáculos) andan repartidos en el presente: que si la crisis, que si un congreso, que el aplauso del enemigo, que los principios y valores, que si las víctimas o los verdugos, que si el transvase, que si el canon, que si el español ya no es el idioma de media España, que si hay que expulsar al comunicador que más oídos reúne; mirar adelante, pasar página, desterrar la historia, congraciarse con el que te desprecia, excluye, persigue y arremete suscribiendo sus postulados, adscribirse a la entelequia del centro; la farsa del juicio del 11-M en el marco incomparable de la Casa de Campo con aquellos no menos incomparables magistrados firmantes de una sentencia canalla. Tanto y tan variado... Bueno, no tan variado; más bien tanto y tan parecido, tan hijo de la misma perversa madre.

    Siguiendo el hilo se llega al ovillo. Ánimo y a continuar. Por el momento podemos. Hablamos, escribimos, recordamos y denunciamos. Todavía la “versión oficial” va entrecomillada.

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Enviado a las 16/06/2008 23:08:07
Apunte para el imposible sonrojo ajeno
En la órbita política nadie da puntadas sin hilo. En la seductora dimensión política de la notable remuneración y la prebenda auspiciada las sorpresas no tienen cabida. Hasta aquellos políticos que infunden (infundían) serenidad y confianza a los españoles apegados a la otrora nación española —sirva yo de ejemplo para que otros, pocos o muchos, se reconozcan—, evalúan en el sosiego y salvaguarda del paso infranqueable a curiosos o exigentes (la puerta cerrada con la llave del egoísmo, con la llave de la vanidad) y ceden a la componenda porque los principios y los valores son románticos, se envuelven de tenue y fragante sentimiento, pero no nutren ni cimentan como los objetivos.

    La ventaja de compartir un mismo espacio de opinión, propuesta y reflexión, es que la mayoría nos conocemos desde el título; incluso desde el primer artículo publicado. La reiteración, si honesta, argumentada y certera, si refrendada por la evidencia y la contumacia en el proceder señalado (advertido y denunciado), acoge adhesiones y beneficios pese a intentos, vanos, de dibujar paisajes imposibles. Con lo que el lector que transita vez tras vez por esta misma senda intuye o deduce la continuación del escrito; a buen seguro que no yerra en su anticipo.

    Por supuesto que no se equivoca. La izquierda, heredera del socialismo real que ha aniquilado a más de cien millones de seres humanos con sus purgas, sometimientos e imposiciones —hoy en día secuela edulcorada de la tiranía para consumo de arribistas, transigentes con lo que venga y aspirantes a la perenne subvención—, orgullosa despliega su manto tenebroso de unicidad alienadora consolidando su hegemonía propagandística y aquellos fines trazados allá por la revolución de octubre (de 1917, con apostilla entre 1934-1939). Reivindicativa la izquierda de la vía estrecha (la vía única, el único pensamiento y la desquiciada corrección política), adepta a la tiranía sin disimulo, favoreciendo aquéllas que en el mundo afloran o permanecen.

   Mientras, la que en este apunte todavía denominaremos derecha política para ubicarla en el marco histórico, enconada enemiga de la derecha social, esconde, amputa y llega a negar con deriva “centrista” (entrecomillada la palabra porque no sé qué es el centrismo ni sé qué son los centristas, ni falta que me hace como diría un castizo) el sentir de sus tradicionales votantes y los principios y valores que la adornan. Con el advenimiento de esta nueva doctrina política de la reducción a la comparsa (a cargo del presupuesto, naturalmente), el neonato centro político (sobrevenido en las postrimerías de 1975) baila el agua y bebe los vientos de la usurpación intelectual desarrollada por la izquierda. Esa izquierda heredera... etcétera, etcétera.

    La izquierda se desternilla con la galopante, febril, conversión hacia el centrismo. ¡Tono el último! Tal vez: ¡Paga el último! Los últimos, electores de a pie, contribuyentes netos, españoles identificados con la historia, los símbolos, las raíces y la Nación, España, somos nosotros; y a nosotros nos corresponde apagar la luz según el refranero.

    Pretenden los poderes fácticos (que cada cual los identifique a su antojo) establecer un “neoturnismo” político, sin alterar los objetivos, consolidando el cambio de régimen: hoy Rodríguez Zapatero, mañana Ruiz Gallardón. A remedo de Cánovas y Sagasta con la figura real en la vitrina hasta nueva orden; hasta que los elementos irreductibles sean, a su vez, piezas de museo.

    A. R. Gallardón es el enlace entre los poderes fácticos y la aparente dirección del PP. Gallardón (quién te ha visto y quién te ve, si tu abuelo y tu padre levantaran la cabeza irías a refugiarte a la Moncloa vestido de lagarterana) es el elegido por los poderes fácticos (y en y desde ellos protegido) para consumar la estrategia de la derrota de España. Acertada elección. ¿Quién fue el pionero en la elección? Un tal J. M. Aznar, colocándolo en la alcaldía de la capital de España cuando su “carrera” política tocaba a su fin. Sí, amigo lector: Aznar defenestró a Vidal-Quadras y reactivó a Gallardón. En la vida se cometen torpezas de diversa magnitud, pero esta maniobra no fue torpe.

    Nadie da puntadas sin hilo en el ruedo político. Las nuevas caras del PP son las caras de siempre pero sin careta, igual que sus comentarios y alegatos en pro del “cambio”: Fraga y tapados, Arenas y tapados, Rajoy y tapados y Gallardón. Nos reíamos de las nuevas caras del socialismo al ver a Rubalcaba, De la Vega, Solbes, González, Guerra, Chaves, Peces, etc. Riámonos ahora también pues el esperpento merece la pena. Pero como centristas centrados de centro, y pasando página, muchas páginas, todas las páginas; y que no aparezca ni en pintura una Bandera Nacional; y que no suene el Himno Nacional. Por la desidia y el olvido al cambio.

    Este es el cuadro que esboza el nuevo régimen: los antiespañoles, omnipresentes y determinantes, gobernarán un Estado desnaturalizado que, quizá, continúe llamándose España y mantenga, por un tiempo no cuantificado pero conveniente, esos símbolos que a tantos hacen creer que no pasa nada porque se ven o se escuchan a ratos. Como excusa sirve para el que se conforma con excusas.

    Para concluir, aunque tampoco haga falta redundar en lo siguiente, pido a militantes (aquellos proselitistas y publicitarios de las volubles directrices en documentos internos y aquellos otros desengañados, críticos y dispuestos a hacer notar su postura contraria), simpatizantes y votantes del PP que abran los ojos, que sopesen la realidad, que adviertan la deriva; que reconozcan los nombres y los hechos; que recuerden que Gallardón (ni el resto, es justo señalarlo) no acudió presto a los tribunales para denunciar a quienes tildaban estentóreamente de asesinos a los políticos, militantes, simpatizantes y votantes pasados y futuros del PP, agrediendo a personas y dañando bienes inmuebles; que Gallardón y ahora Rajoy, Sáenz de Santamaría y Lassalle gozan de la predilección de los grupos PRISA, MEDIAPRO y ZETA; y que, por encima de todo lo demás, consideren la fuerza, la inmensa fuerza que tienen; una fuerza que sí cambia los acontecimientos. No obstante, Gallardón y aliados en los medios y en los tribunales carecen del favor y el cariño de las víctimas del terrorismo y millones de españoles; esas mismas y esos mismos que secundamos a Federico Jiménez Losantos.

    Es cierto, y me anticipo a quienes pudieran echármelo en cara, que a mi no me compete ni me incumbe lo que decida la dirección del PP (o su congreso); como soy de derecha nada me identifica con una formación política de centro pilotada por centristas; ni me cogen desprevenido sus bandazos. Pero como soy amigo de mis amigos, y mis amigos afiliados o simpatizantes del PP lo están pasando muy mal, por ellos escribo este artículo, ofreciéndoles, de nuevo, mi espacio para defender su causa, para publicar sus inquietudes, para apoyar sus iniciativas. A ellos —que saben quienes son— les precede su dignidad, su amor a España, la firmeza de sus convicciones y el rechazo a las componendas y al pasar página.

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