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Enviado a las 29/06/2009 19:41:31
Adoremos a Obama

         Entre viaje a Nueva York y viaje a Berlín (Londres se ha convertido en un destino taaan popular), acaecen esos agradables encuentros, en los que los beneficiarios y los acólitos del régimen intercambian el relato de sus pintorescas experiencias.

 

         Para la expiación de nuestros pecados, la conversación recayó sobre el primer presidente mulato con orejas de soplillo de la historia de los otrora muy vilipendiados EEUU.

 

         Los discursos de Obama (o de Barack, como lo llamaba campechanamente uno de sus fans), la expresión de Obama, la pronunciación de Obama. Hasta papando moscas Obama es maravilloso. O tal vez dijeran matando. Da igual. A fin de cuentas, todo en él es perfecto.

 

         Y que a nadie se le ocurra esbozar la menor crítica porque ipso facto enseñan las uñas y lanzan gruñidos intimidantes.

 

         De hecho, incluso antes de que abras la boca, te espetan: “A éste ni me lo toques” “A ése ni me lo mires” “A aquélla ni me la mientes”

 

         La reacción que suscita este baboseo no es de estupor, sino de simple vergüenza ajena.  

 

         Tanto es así que, a pesar de lo guapo que es Obama y de lo alto que planea, ellos mismos se encargan de señalar un fallo. No de Obama, por supuesto, sino de su país. A saber, la seguridad social. Todos asienten al unísono.

 

         “Allí el seguro médico te lo tienes que costear tú” dice uno. “Mientras más pagas, mejores son las prestaciones” remacha otro. Alguien comenta bajito: “O sea, bastante parecido a como es aquí” “¡Qué va, hombre, qué va! En eso, Obama va a tener que hacer como con el AVE: mandar un asesor para que estudie nuestro sistema” “Y lo hará” sentencia una de sus admiradoras.

 

 

          

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Enviado a las 27/06/2009 19:42:57
Verano

Los herbazales secos del verano,

indómita cabellera aleonada,

resisten del calor la turbonada

y los fieros embates del solano.

 

Bajo el implacable sol un milano

sobre su presa acezante y abrasada,

un ratón de pelambre atabacada,

circunvuela cada vez más cercano.

 

     El cielo azafranado de la tarde

una legión esconde de dragones.

Chirría la chicharra. La tierra arde.

 

La campana lanza apagados sones.

Que el rubicundo Délfico nos guarde

de estos tórridos días de tizones.

 

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Enviado a las 25/06/2009 19:56:35
Neoángeles

         Su atributo por excelencia es la impudicia, pero no el único.

 

         Todos se cubren el rostro con la máscara de la justicia. Su mantra favorito es la paz, que canturrean con voz cavernosa. En sus vestimentas combinan exclusivamente el rojo y el verde, con desprecio absoluto por los demás colores del espectro, que, unidos, conforman un haz de luz blanca. O dicho a secas: la luz.

 

         Aunque alardean de incluir e integrar, para demostrar lo cual airean esa tontada de la Alianza de las Civilizaciones, el fracaso alcanzado en su propia casa es notable.

 

         Se caracterizan también por una abdicación formal del deseo de conocer (“Hace tiempo que pienso que ni la religión ni la espiritualidad me van a resolver los interrogantes que tengo sobre el mundo, sobre nuestro origen y nuestro destino”).

 

         La religión constituye, de hecho, uno de los bastiones que se han propuesto abatir, pues se trata de una morada y un refugio de la individualidad. Y éste es motivo sobrado para aborrecer a aquella de corazón.

 

         Animados por un ideal que la historia ha demostrado irrealizable, están abocados al fanatismo. Su sueño del paraíso les veta el paso a la realidad. El “buenismo” o el “buen rollito”, en concreto, se distingue por un acusado comportamiento emotivo.

 

         Los neoángeles se han erigido en los adalides de ese ideal pueril, en nombre del cual se perpetran los atropellos de siempre.  

 

         Ellos son la encarnación de ese infantilismo mórbido que lleva derecho a un callejón sin salida.

   

 

        

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Enviado a las 23/06/2009 20:46:39
Reflexión sobre la lengua

 

          A las progres andaluzas (¿o habría que decir progras?) les toca siempre hacer un papelón. Jóvenes y jóvenas, frailes y frailas, miembros y miembras: a ellas les corresponden soltar todas las sandeces.

 

         Esto constituye una injusticia manifiesta. ¿Por qué no se reparte la cuota de estulticia equitativamente entre todas las regiones? Si al menos existiera el premio Nobel ad hoc, uno podría resarcirse pensando que lo tendrían copado. Pero, de momento, dicho galardón no existe.

 

         Con su genuino gracejo, ellas han asumido la carga del vanguardismo lingüístico. Pero no incurramos en la simpleza de despachar esta cuestión etiquetándola de folclore de tercera categoría.

 

         Ellas son la avanzadilla. Detrás vienen las leyes y los decretos sancionando esas insensateces. Es decir, elevándolas a mecanismos de control.

 

         Hoy hay que comulgar con esto. Y mañana con lo otro. Bajo la inevitable lluvia de insultos y descalificaciones si uno se atreve a discrepar.

 

         El siguiente paso es la creación de un cuerpo de inspectores o comisarios que vele por que todo el mundo diga y escriba jóvenes y jóvenas, frailes y frailas, miembros y miembras.

 

         Esto no es ningún logro, como a nadie medianamente lúcido se le escapa. Sólo es una insidiosa triquiñuela para seguir enquistado en el poder.

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Enviado a las 19/06/2009 10:51:45
Pinos

Pinos parasoles, chopos plateados

festonean caminos y riberas

enhiestas, resplandecientes lumbreras

que sombrean los florecidos prados.

 

                                   Una manada de toros jaspeados

y albos corceles de recias cimeras,

aburridos de añagazas y esperas,

en estampía salen, desmandados.

 

El fulgor de la tarde es ambarino.

Cuando mueren ¿adónde van los sueños?

En medio del silencio vespertino

 

pasa un cortejo de fruncidos ceños

y un féretro de madera de pino

con coronas de lotos y beleños.

 

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Enviado a las 17/06/2009 12:19:22
Progres (11)

         Uno de sus signos distintivos es su escaso o nulo respeto por los que no piensan como ellos. Si alguien no comparte sus opiniones, de inmediato se ponen a ironizar, a hacer gestos de desprecio o directamente a insultar.

 

         Ante esta previsible reacción, las personas normales optan a menudo por callarse o por hacer un comentario inocuo que no comprometa a nada, justo para salir del paso y no soliviantar a esos mamertos.

 

         Resulta cansado, como le ocurría al Principito con los adultos, bregar con esa gente que, Dios sabrá el motivo, se cree superior y, por tanto, con derecho a mirar por encima del hombro a los demás, a quienes consideran menos evolucionados o, si están de malas, pura carcundia.

 

         Estos mozos y mozas (ellas son unas teresianas posmodernas dispuestas a catequizarte en cuanto te descuidas, e incluso a examinarte) no toleran que nadie cuestione la visión progre del mundo.

 

         El camino es el que ellos marcan. Y esto no es no como el queso de oveja que el que quiere lo come y el que no, lo deja. El bodrio hay que engullirlo con ganas o sin ellas.

 

         Después, adoptando un aire entre asombrado e inocente, algunos representantes de este totalitarismo de baja intensidad se preguntan por qué se hace el silencio a su alrededor.

 

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Enviado a las 15/06/2009 19:15:27
De sátrapas y satrapías (10)

        

         Son una partida de qué: ¿de sinvergüenzas? ¿de vividores? ¿de hampones? ¿un combinado de todos esos ingredientes? ¿una simple gazapera?

 

         Pero los que realmente dan lástima no son ésos, cuyas truhanerías conocemos, sino esa legión de palmeros y paniaguados siempre dispuestos a justificar lo injustificable, a seguir ovacionando más fuerte todavía para ahogar con esa batahola las voces de los que denuncian los desafueros del régimen. El penúltimo se llama Matsa.

 

         Emma, tan avispada, comenta: “¿A quién quiere más un padre que a su propia hija? Y si puede, como es el caso, ¿no la va a favorecer con un buen bocado? Si no lo hiciera, sería un padre desnaturalizado”.

 

         El PP, arguyo, está seguro de que Chaves va a dimitir. Emma, implacable, replica que ella está segura de lo contrario. “Dimitir significa reconocer y asumir una falta. ¿Por qué va a pasar un mal trago pudiendo encogerse de hombros y seguir a lo suyo mientras le cae por la chimenea, como a los israelitas el maná del cielo, la enésima mayoría absoluta?”.

 

         Si a esta inexorabilidad sumamos la labor de los medios de comunicación afines (y no nos referimos a Canal Sur, porque éste no es afín sino idéntico) que niegan, callan o hablan con la boca pequeña, el baratillo en que se ha convertido la política, no sólo la andaluza, queda suficientemente perfilado.

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Enviado a las 12/06/2009 10:29:28
Mariposas

Al anochecer vuelan los mochuelos

y mil formas en lo oscuro entreveo,

enigmáticos signos de un deseo

que de la tierra se alza hasta los cielos.

 

Con las sombras nocturnas los anhelos

asisten, acezantes, al careo

entre aquello que soy y lo que creo,

esperando que al fin caigan los velos.

 

Mariposas de terciopelo grana,

festoneadas de negro, enfebrecidas,

bailotean al sol de la mañana.

 

En sus continuas idas y venidas

buscar motivos es tarea vana,

ni en sus locas bajadas y subidas.

 

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Enviado a las 10/06/2009 11:52:52
Emma y el mal

 

         Mientras tomamos café, Emma me ilustra: “Un tonto es alguien que siempre está pillado. Y un listo, alguien que, diga lo que diga y haga lo que haga, salva el tipo, queda flotando o se marcha sin pagar”.

 

         Cuando le replico que es un poco mala, arguye que antes era buena, pero que le ha pasado como a tantas.

 

         Esta entrada me da pie para hablar del mal. Éste se condensa en personas o en colectividades. Uno de sus cauces más eficaces para materializarse es el ansia de poder.

 

         El mal, que acecha de continuo, dispuesto a aprovechar cualquier coyuntura para encarnar, se asemeja a una red en la cual se queda atrapado. O a una serpiente a la espera de soltar su veneno. El mal es un vaho contaminante. Un nubarrón tenebroso.

 

         Constatar la banalidad del mal es una de las experiencias más desalentadoras. Del mal cotidiano. No de los grandes crímenes sino de las mezquindades de cada día.

 

         Hay un mal que es la reacción a las maldades sufridas. Pero hay otro que nace de la estulticia del sujeto. Éste, aparte de incomprensible, es más peligroso. El primero se puede entender como una devolución. El segundo es una desgracia absurda.

 

         ¿Cómo combatirlo? Con sus mismas armas, afirman algunos, pues incluso la justicia, que es el único medio legítimo para derrotarlo, se estrella contra él.

 

         “¿Cómo superarlo?” insisto. Puesto que de eso se trata, como proponen el budismo y el cristianismo, y no de aceptarlo alegremente, que sería la otra opción.

 

         Tras expeler una molesta bocanada de humo, Emma, tan práctica, concluye: “No pierdas el tiempo preguntándote por qué hay serpientes. Mejor cuídate de ellas”.    

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Enviado a las 08/06/2009 19:46:08
Elecciones europeas (2)

         La verdad es que el PSOE ha obtenido buenos resultados.

 

         Si, por citar a voleo algunos despropósitos, el gobierno piensa dar 1350 euros a los mandrias que se nieguen a proseguir sus estudios; ítem, una de sus ministras más lastimosas habla del derecho de las menores a abortar o a implantarse un buen par de tetas a espaldas de sus padres; item, nuestro gordito más internacional anuncia su tremebunda intención de dar por su cuenta y riesgo otro apretón a la Memoria Bizca, y no ha habido una respuesta contundente del electorado, es que some is rotten in the state of Spain.  

 

         Si una gran mayoría no se escandaliza de que un ser con infinitas ansias de paz promueva el aborto y la eutanasia, es que las tendencias suicidas imperantes están bien arraigadas.

 

         Ni siquiera se preguntan si El Impúdico se atreverá a mirar a los ojos de tantas víctimas inocentes. Ni siquiera el desastre económico basta para que reaccionen de forma tajante. 

 

El Impúdico sonríe y propone la desobediencia paterna, la transgresión y la ofensa a las tradiciones.

 

         Él sabe que es rentable caldear el ambiente y provocar porque así la venta de humo se triplica. La demagogia es su arma más poderosa.  

 

Está pasando por horas bajas, pero el correctivo aplicado no pasa de ser un inocuo rapapolvo. Cuando levante la cabeza, y será pronto, el velo del Santuario sufrirá otro desgarrón. 

 

          

 

        

 

          

 

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